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A lado de su casa había un terreno bardeado que abarcaba el resto de la cuadra, pero estaba abandonado y al costado tenía una parte de la barda desecha. Entremos por ahí y el caminito entre la hierba y la maleza nos llevaba directo a la ventana de la cocina, que más bien parecía puerta de tanto que todos lo usaban sin descaro alguno.
Su casa era larga, tenía los cuartos consecutivos y tenías que atravesarlos todos para llegar al del fondo. Primero estaba la cocina con mosaico blanco desgastado y alacenas oxidadas y viejas, luego una sala comedor sin pintar con re vestidura de cemento, luego dos cuartos más todos en obra negra. En la cocina no había nadie, en la sala tampoco, el entro a buscar a su mamá. En el segundo cuarto estaba su tío tirado en la cama, en el del final su hermano mayor igual echado, viendo la tele. Ellos tenían un tono de piel oscuro pero sin llegar a morenos, el pelo cortado todo igual como si solo les pasaran la maquina sin hacer ningún corte en especial. Yo siempre me preguntaba como su hermano podía pasar tanto tiempo acostado en el cuarto y porque cuando su madre se acostaba con él, el salía tan feliz.
Mi amigo salió del cuarto y me dijo que no estaba su madre y que no había que comer. Yo seguía medio cabreado y le quería preguntar por qué y a donde había ido. Me merecía esa comida ya había dado mi dinero para ella. Pero su hermano salió atrás de él, lo vi hacia arriba más alto que nosotros dos y con ese no sé qué de carisma que hace que incluso ese corte sin chiste se le vea bien y mejor me quede callado pues recordé lo sádico e inhumano que es y esa vez en que intento romperme la nariz, mientras mi amigo solo permanecía en el piso.
No sé cuánto tiempo pasó, no sé qué hicimos, mi cabeza seguía clavada en los sucesos del día. Entonces llego su mamá, con su exceso de maquillaje, tacones y vestido entallado como siempre que salía, saco sus lentes de bolso y se los puso. Nos preguntó por qué no habíamos comido, que ahí había frijoles y nos hiciéramos un huevo. Me llevaba la chingada, para eso tanto esperar. Y se metió al cuarto con su hijo Giovanni, yo me quede con Jesús. Nos hicimos el jodido huevo y doramos unas tortillas. Estaba atardeciendo cuando lo más inesperado y atroz que me hubiera imaginado paso.
Se metieron por la ventana de la cocina dos tipos esqueléticos con el estilo de esas mujeres con las que jugué. Sacaron sus armas y nos dijeron que no nos moviéramos, que donde estaba Giovanni, por un momento pensé que lo matarían y nos libraríamos de una basura más. Entonces alguien golpeo la puerta muy bruscamente, se veía una gran cantidad de sombras por los huecos de los tabiques separados que conformaban la barda de este lote. Y grito. ¡Qué esperas abre! En cuanto la puerta se abrió empujaron a mi padre contra los escalones de la entrada y permaneció en el piso mientras todos ellos entraban. Un hombre ancho con el cuello tan gordo que no se nota diferencia entre el y su cráneo, de polera marrón muy desgastada, pantalón de vestir y zapatos. Dos hombres de piel muy oscura y verdosa con manchas blancas con algún parecido físico. Uno con un saco gastado extravagante de rayas verde azules metálicas y gris oscuro. El otro playera en andrajos y una sudadera atada en la cintura más flaco que el otro. Luego unas 10 personas más. Todos con el mismo estilo decadente, nefasto y sádico.
El tío de juan salió del cuarto y les gritó que hacen aquí sálganse de mi casa. Y esas dos personas que iban atrás del ancho lo llevaron de regreso al cuarto y ahí mismo lo golpearon casi letalmente. Todos afuera podíamos oír sus gritos. El obeso ya instalado en la sala comedor como si fuera suya llamo a mi padre que seguía tirado en las escaleras. No estaba ebrio pero aun así se veía convaleciente. Y le dijo. Gracias por dejarnos entrar a nuestra nueva casa, ya te puedes ir. Mi padre dijo si Trunco no hay problema para eso… Y en un movimiento el Trunco apuntó y disparo a mi padre justo en la cara. La sangre mancho toda la entrada y a los que estaban más cerca. Luego hizo un gran charco en el caminito de la entrada que a nadie parecía preocupar.
Los dos esqueléticos que entraron primero por la ventana trajeron del cuarto a la madre de Jesús y a Giovanni. Entonces el Trunco les dijo, gracias por darme la bienvenida, esta va a ser nuestra nueva casa. ¿Están de acuerdo? Uno de los tipos de piel oscura dijo. Con el Yovas no hay problema ya sabes que este wey siempre está a la orden. Giovanni solo asintió y bajo los parpados. Igual que otros el me parecía un misterio. Me preguntaba como en esta decadencia en la que vivimos y sin hacer ni un esfuerzo adicional estos tontos logran gozar de lujos que otros no. Recuerdo la vez que lloramos y pataleamos Jesús y yo para que alguien nos comprara los nuevos carros trasformes brillosos que habían salido y terminamos vendiendo chicles para comprarlos pero ni así nos alcanzó para siquiera una imitación y como al día siguiente Giovanni se levantó de su cama con su madre y salió con el carrito en sus manos queriéndolo tapar pero logre ver el verde brilloso y entender que él lo tenía mientras nosotros intentábamos ser felices con unos juguetitos baratos.
Jesús dijo. Si patrón no hay problema ya sabe que aquí todos estamos para servirle. Yo dese que ese tiro se lo hubieran dado a él. El Trunco le pregunto a la madre de Jesús. ¿Y usted señora? Ella volteo a ver a Jesús y luego a Giovanni y dijo. Pues si está bien como usted diga. El Trunco le dijo. Bueno pues vengase para acá que me siento muy solito. La jalo de su mano y la sentó en una de sus piernas. Vi como Giovanni mordió su labio inferior y Jesús fingía una sonrisa. Yo no me sentía con vela en ese entierro como para que me preguntaran mi opinión sobre la toma de esta casa y ellos me ignoraron por completo.
Solo me quede ahí pasmado por un rato. Oí que le pidieron comida a la señora y ella les hizo huevo con salchichas. Luego los tarados empezaron a juguetear y decir estupideces. Tomaron unas tijeras para pasto que estaban en jardín de enfrente y trataban de inventar un jueguito que implicaba los dedos y esas tijeras. Estaban realmente zafadas estas personas. El Trunco los llamo y les dijo sarcásticamente. Dejen esas tijeras niños, no se vallan a cortar con ellas, ya se lo pendejos que son. Y las dejaron ahí, una cerca de mí.
Recordé la historia del Trunco que le pusieron así cuando dijo que su mayor grado de estudios era trunco. Y como se hiso el jefe del barrio cuando asesinaron al antiguo jefe que no era tan sádico como él. Y ahora el tenia a estos dos subordinados de los que se comentaba eran los responsables de desmembramientos y otros atroces crímenes a los alrededores. Siempre con su santa muerte en el cuello. Y esas miradas que encierran las peores intenciones hacia cualquiera. El Trunco los tenia siempre cerca como para demostrar quienes quedarían a cargo si el moría. Al parecer en el mando seguían los esqueléticos pues en ese orden participaban en las conversaciones y después todas estas personas desnutridas y andrajosas que al hablar casi dejan ver su retraso mental. Hasta atrás de ellos entro un tipo de pelo blanco pero sin ser anciano, con un traje blanco estampado, se veía lujoso y el aparentaba un estilo especial como si tuviera dinero, yo ya lo había visto por el barrio y también me parecía un misterio. ¿Cómo lograba vestirse así? Siempre con ese tipo de trajes, siempre viéndose bien, yo lo envidiaba, deseaba poder vestirme como él o mejor.
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