8/17/24

Cuentos Atroces parte 35

 

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Miró conscientemente el primer pasó que dio y con el que tocó la tierra de dentro del refugio. Su corazón temblaba y lo llamaba fuera de ahí, pero su voluntad ya sabía a donde lo tenía que llevar. Si no entraba ahí esta aventura no habría tenido ningún sentido real, así que avanzó. Miró el espacio del lugar, parecía un terreno baldío, estaba lleno de maleza, arbustos, piedras y partes altas y bajas por montones de tierra. Se sintió como en una película en la que todos voltean a ver al forajido que entra en el territorio de otros, volteó para encontrarse con las miradas que lo examinaban pero nadie estaba viendo en su dirección. Miró para afuera y ya no había ni una sola presencia, estaba completamente solo junto a estos pordioseros.

Volteo a su alrededor y vio todo tipo de conductas antisociales, dementes haciendo cualquier rareza cuya mente imaginaba. Uno con sus manos puestas alrededor de los ojos miraba a las estrellas y balbuceaba sonidos inteligibles. Unos encorvados de pie con polvo blanco en un pedazo de vidrio y unos popotes en las manos. Mujeres viejas, en andrajos que no tapaban bien su cuerpo. Hombres comiendo sobras de bolsas de basura. Un hombre en el fondo con la blusa carcomida hasta arriba del ombligo, su pantalón de mezclilla roto hasta más arriba de las rodillas, defecando en cuclillas sobre la tierra seca y polvorienta con unos zapatos más cortos que su pie de los que el talón quedaba fuera. Y tantos más que no quiso ni seguir observándolos.

En la esquina derecha de atrás, notó arbustos de maleza detrás de un monte de tierra que impedía verles la parte baja del tallo. Había ropa manchada colgada en clavos metidos en las paredes de las construcciones de los lados. Cajas grandes de cartón con cobijas dentro y en general trapos y frazadas regadas por todos lados sobre la tierra y algunas en parte enterradas. No supo que hacer. Su instinto le dijo que tomara una de esas cobijas tiradas en el piso y buscara acomodarse con ella en algún lugar. Pero no quiso hacer caso a su instinto, volteo y tras él del lado derecho de la puerta vio una especie de barra de concreto con algunas cacerolas y cucharones sucios y a un hombre esquelético y pellejudo tras la barra y tras las grandes cacerolas. Le preguntó cordialmente que tenía que hacer para poder quedarse en ese refugio. Este ofendido le contestó que no podía quedarse ahí. Le preguntó por qué. Y le dijo que porque solo los no expulsados podían quedarse ahí. Le pegunto que tenía que hacer para ser uno de ellos entendiendo que no conseguiría un dialogo muy claro con este hombre. Le respondió que no ser expulsado. Le preguntó qué hacían los que eran expulsados. ¡Los expulsados están muertos! Respondió por última vez y le dio la espalda encorvado y con la cabeza bien metida entre los hombros como autocastigándose por lo que había dicho y haciendo girar un cucharón nerviosamente como si lo tuviera dentro de una sopa y comenzó a balbucear palabras sin sentido.

El quedó tieso, acaso lo que entendió era realmente lo que quiso decir este pordiosero demente. No hizo más preguntas pues estaba claro que no se le darían más respuestas. Pensó en que hacer ahora y se hiso consiente de que ya no podría salir hasta el día siguiente en que abrieran el pasaje. Pensó en que si estar ahí era demasiado desagradable podría llevar unas de esas cobijas y dormir en la puerta de alguno de los negocios del pasaje comercial pero por lo menos hoy intentaría dormir ahí ya que eso es lo que había buscado experimentar. Ver y tocar lo más hondo del basurero de la sociedad. Quería experimentar las sensaciones más asquerosas que ofrece el mundo así como había experimentado las más excelsas y creerse un hombre completo que no le tuvo miedo a lo nefasto así como fue capaz de disfrutar lo más sublime de este mundo. Y para saber si esto era eso, tenía que pasar por lo menos esta noche ahí. Su corazón seguía pidiendo le irse pero no podía hacerlo. No se echaría atrás en el momento que podría ser el culminante de su viaje. Sin pensar más decidió ceder al cansancio que tenía y se envolvió entre las cobijas sucias en un hueco del piso que tenía la forma de una cuna pero parecía estar desocupado pues nadie volteaba a verlo mientras se acomodaba ahí. Se envolvió en las frazadas para soportar la noche ante el imperante frio del piso y la intemperie.

Permaneció alerta con los ojos viendo hacia arriba por si alguno de estos locos tenía alguna reacción ante su nuevo compañero pero no noto que nadie se acercara a él ni que tuviera algún comportamiento brusco o agresivo. Se preguntó cuál sería el mejor lugar para dormir en un ambiente como este, dudaba que un hueco en el suelo en medio de todos lo fuera. Ahora se daba cuenta de que acostado casi todos lo tenían a la vista pero parecía como si lo ignoraran. Vio a uno aproximarse y pararse a unos pasos de él pero sin voltear a verlo, en vez de eso tenía sus manos rodeando sus ojos apuntando hacia el cielo su mirada, susurrándose sobre las estrellas que veía y luego alejándose de él, pero sin voltear hacia abajo nunca, haciendo evidente que lo ignoraba. Se le ocurrió levantarse de ahí y buscar para dormir un lugar donde estuviera menos expuesto pero otra parte de él lo mantenía ahí y lo hacía sentir confortable como si ya atribuyera que iba a pasar ahí toda la noche. Prefirió no hacer más ni promulgar contacto con estos seres pues podrían tener cualquier tipo de reacción irracional y estaba encerrado con ellos. No se movió más y poco a poco fue cediendo al sueño.

Un grito agudo de terror rompió la noche solo unas horas después de haberse quedado dormido. Vio a un lado de la barra a una mujer con las manos levantadas a lado de su boca mirando hacia el suelo aterrada. Todos se empezaron a aproximar hacia ella buscando lo que veía, siguiendo la coerción él también lo hizo. Oyó exclamaciones de asombro y susurros de conjeturas sin que ninguno llegara claro hasta sus oídos. Entonces llegó hasta donde el suceso y vio tendido un cuerpo andrajoso y deforme. De inmediato vino a su mente el recuerdo de lo que esto era. Empezó a examinarlo con la mirada pues nunca pensó tener algo como esto de frente y menos que lo encontraría aquí. Vio los ojos y efectivamente esos no estaban ahí. El terror entre los otros empezó a acrecentarse y alguien dijo.

¡Es Jou! ¡Por eso no había regresado!

Alguien más entre suspiros de terror dijo.

Ha sido expulsado.

El que estaba tras la barra desde ahí mismo dijo. –Eso es lo que le pasa a los expulsados. ¡Por eso los miembros nunca pueden irse! Tras esta frase él comprendió que lo que le dio a entender este loco era exactamente a lo que se refería. Y entendió el verdadero sentido de este viaje. Aunque su corazón lo hizo temblar no podría regresar a casa a menos que encontrara la forma de parar esto, con lo que se había encontrado, sin ser expulsado. Su mente y sus entrañas tomaban forma para una travesía desgarradora a la vez que su cuerpo se congelaba a punto de romperse.

Siguió examinando el cadáver. Dentro de los parpados solo se veía un espacio oscuro que parecía tener un fondo verde o café pero no entendía cómo podría ser así. La piel también era verdosa, el torso era muy ancho, un brazo delgado y largo y el otro más corto y grueso, una pierna era más larga que la otra, los pies tenían diferente tamaño y llevaban diferente calzado cada uno, los labios estaban cocidos y el rostro se levantaba como un recorte mal pegado o una máscara encimada. Esto fue lo que lo hizo advertir a primera vista ante lo que estaba.

Bougman.

Algún demente pronunció y él viajó al recuerdo que tenia de esta aterradora noticia que vio en el noticiario de la urbe. Nunca creyó que llegaría a tener una de estas cosas enfrente y solo se volteó con un gesto de desgracia y desdén por la impotencia. Se alejó, no pudo soportar el impulso de sentarse en el piso, lo hizo y luego vomitó. Su subconsciente le decía que el que hubiera aparecido esto ahí tenía todo que ver con que él hubiera llegado esa noche. Quería conocer la más baja naturaleza de la especie humana y lo había hecho. Pero eso también tenía un precio y como lo más sublime tuvo un gran precio lo más atroz también lo tenía. Lo tenía para el que era un visitante en esa cloaca, y para todos los desgraciados que no eran poseedores ni de un peso. Y el primer depósito fue el terror y la amenaza, la amenaza contra su propia vida y la de formar parte de ese símbolo de la decadencia humana, que no se une en vida y entonces un demente la une en muerte.

Tenía la cabeza entre las rodillas mirando el piso con los ojos pelados. Atónito porque esto fuera real y por haber logrado su búsqueda tan rápido. Sabía que lograría encontrar el agujero más oscuro de la sociedad, como lograba casi siempre lo que se proponía, pero no sabía que estaría eso ahí, ni siquiera pensaba que la noticia hubiera sido real cuando la vio. Sí era un noticiario respetable pero esto le pareció demasiado horrible para ser cierto y ahora lo tenía a unos metros de él. Con el rostro de alguien que todos los demás a su lado conocían y con un enfermo que les dice que pueden ser los siguientes si se van de ahí.

 La noche comenzó a cubrirlo de frio y horribles sombras comenzaban a moverse. No les puso atención sumergido en el espanto hasta que sintió en su espalda helados hierros que parecieron sujetarlo, se levantó y giro de un salto sin ver a nadie a tras suyo. Pero seguía sintiendo la hiel en su espalda. Debía estar alucinado por el temor, pensó, o su subconsciente le estaba advirtiendo que no debía quedarse ahí tan indefenso. Miró para todos lados asegurándose de que nadie lo hubiera tocado y no vio a nadie cerca de él.


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