8/16/24

Cuentos Atroces parte 22 Tras las murallas

 

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Tras las murallas

El caso de este cuento para mí era solo fascinación, y no me gusta la idea de decir que existen cosas de otro mundo en este mundo, porque yo mismo aun no lo creo por completo ni quiero dar una mala idea a mis lectores, aunque el cuento parece estar apuntando más en ese sentido que en cualquier otro. Y yo no puedo escribirlo porque no es algo en lo que yo mismo crea. Al imaginarlo su sentido era pura ficción y asombro en el que esperaba encontrar una enseñanza pero al escribirlo el cuento me hace hablar de cosas que podrían tomarse como ciertas o reveladoras por eso antes de continuar quiero advertirte querido lector que procedas bajo tu propio riesgo y te adentres en este cuento fantástico para mí el cual no he escrito yo sino que le he dejado escribirse solo, solo a reserva de tu propio criterio.

Alguna vez se han preguntado que hay en esos miles y miles de kilómetros cuadrados de casas y construcciones al interior de las enormes cuadras de cualquier ciudad. Al pasar por la calle solo vemos las puertas, las ventanas y las paredes de todos los hogares que conforman una manzana pero cuando estas manzanas son enormes y más aún sus casas son pequeñas. ¿Qué hay al interior de todo este espacio? Mi tía lo vio, lo vio todos los días durante muchos años y se lo contó a todo el mundo, pero nadie le creyó. Hasta el día de hoy en que por razones del destino lo he visto yo también.

Fue más temprano cuando fui a visitar a mí a abuela, después de saludarla sentí un enorme deseo de ir al cuarto al final del pasillo a saludar a mi tía, por alguna misteriosa razón una enorme felicidad me abordaba y me aproximé a su cuarto casi brincando de la alegría y ahí, en su cuarto que está a desnivel de todos los demás casi enterrado en el piso con su ventana dando solo un poco por arriba de lo que es el piso de fuera, la vi haciendo sus deberes cotidianos mientras vigilaba su ventana que daba a un gran espacio baldío en medio de la cuadra el cual siempre quise conocer y entrar a jugar pero no había encontrado nunca la forma de entrar. La saludé y al notar como veía constantemente a través de su ventana, me asomé yo también por ella. Ahí vi lo inimaginable. Lo que siempre mantuvo a mi familia asustada, lo que nunca nadie pensó ver y prefería ignorar cuando la oían contar sus “locuras”. Pero sin embargo existía, estaba ahí afuera y seguramente cambiaria mi vida para siempre. Unos seres enormes de tres a cuatro metros de altura con color dorado, uno con relieves de vaquero con su sombrero de piel como los que se usaban en el lejano oeste, otro con overol y casco de minero, otro con toga y birrete de graduación pero cubiertos por completo por el color dorado como si todo el atuendo fuera parte de ellos mismos. Entre los tres alzaban un objeto pesado y lo colocaron sobre una especie de ensamblado de metal de color amarillo como el que tiene las palas hidráulicas y las aplanadoras que usan cuando construyen una nueva carretera. Reconocí este ensamblaje pues a veces desde la calle se pueden ver algunas puntas de mental pintado de esta forma sobrepasando la altura de las casas, pero sin encontrarles ningún sentido ni utilidad, ni saber dónde se encuentran exactamente pues ningún vecino de este lado dela cuadra tiene patio. Luego noté como este ensamble salía de o entraba en la tierra, como si hubiera aun una gran parte del enterrada y escondida para no sobresalir por encima de todas las construcciones que lo rodeaban.

Me hice para atrás al ver tan claramente a estos seres moviéndose. Y ahora las ventanas estaban limpias, antes estaban tan cubiertas de polvo y tierra que apenas y se podía ver el exterior sin que para adentro se pudiera ver nada o eso pensaba yo. Pero ahora estaban tan limpias y se podía ver tan bien para afuera y para adentro que me aterraba pensar en que ellos podían vernos. Voltee a ver a mi tía que observaba mi asombro y terror mientras ponía en su cara un gesto de por qué te asombras si les he dicho miles de veces lo que hay aquí, ya deberías estar preparado para verlo. Mientras sentía que mi corazón botaba de mi pecho solo la veía pensar. «¿Qué creías que era una mentirosa?» Me eché para atrás tirando las cosas que estaban ahí y desde el piso me volví a asomar por la ventana. Esos seres dorados seguían ahí, moviendo y construyendo algo enorme. Estaba seguro de que la ventana ya no nos protegía de su vista pero ellos ni se inmutaban, como si ya no les importara o no les quedara otra opción más que moverse frente de nosotros.

En casa le pregunté a mi mamá si sabía lo que había dentro de la cuadra de la casa de mi abuelita. Primero no entendió mi pregunta, luego dijo que seguramente habría más casas. Y yo le pregunte que como la cuadra podría ser tan enorme si los lotes de las casas eran todos del mismo tamaño. Yo ya había entrado a algunas y eran igual que la de mi abuelita de 5 x 15 metros cuadrados, lo lógico era que la cuadra entonces midiera 30 metros de un lado pero media casi 500 por 500 metros cuadrados ¿Que había en medio entonces? ¿Y cómo se entraría a casas que están en medio de la cuadra si sus puertas no se ven? Dijo que entonces habría casas más grandes que ocupaban todo el espacio o que no sabía. Le dije que yo ya sabía, que lo había visto con mi tía Elsa. Entonces comenzó a sermonearme.

Ya te he dicho que no me gusta que te metas a los cuartos de tus tías y menos al cuarto de tu tía Elsa porque ella…

Y no sé qué más. Pero por lo menos ya se a donde no acudir cuando quiera saldar mis dudas. Y contarle de esas cosas era impensable, si se puso así solo por saber que entre al cuarto ahora si sabe lo que vi ahí se va a volver loca y tal vez se ponga a decir de mi las cosas que dijo de mi tía, mejor no digo nada y trato de indagar más sobre este misterio yo solo.

Esta mañana como casi nunca salí temprano pasé por el parque en la mañana y al pasar por el puesto de revistas de la esquina por pura casualidad voltee a ver los periódicos y en unos de ellos había una foto espeluznante y conocida para mí. Sentí como mi corazón bombeaba de pánico y mi cara se deformaba haciendo un terrible grito mudo. Mis manos se levantaron y como garras rosaron mis mejillas. Después voltee para los lados y vi como nadie percibía nada, incluso vi a una persona tomar uno de estos periódicos, leer el título de la nota y pasarlo sin mayor reserva como si ni siquiera hubiera leído o asimilado lo que decía. Al ver la indiferencia de todos ante esta increíble imagen no podía quedarme sin hacer algo. Compré un periódico y lo llevé para leerlo detenidamente. Vi como alguien más lo compró también y lo doblo al instante ignorando por completo la imagen y la noticia de primera plana. Están entre nosotros, decía. Avistamientos confirmados. Y había una gran foto en blanco y negro de un gigante igual a los que vi pero vestido con hábito de sacerdote empujando una camioneta de espaldas en una calle transitada a plena luz del día. No podía creer que la gente comprara el periódico y simplemente ignorara esta noticia como el más absurdo cuento de hadas. En mi sentí ganas de llorar y gritar ante el terror de esta situación y la impotencia por la indiferencia de las personas. Estos seres en verdad estaban aquí y caminaban en nuestras calles delante de todos sin que nadie les preste atención. ¿Es que la gente esta tan ensimismada y enajenada en fantasías que no puede ver la realidad en el mundo por más gigantesca que esta aparezca? 

 

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