Anterior: Cuentos Atroces parte 26
Comprá el eBock kindle (oferta $149.9) Amazon KDP
Libro físico con Pseudónimo Especial ($430) Cuentos Atroces - SKAHD .l. | Autores Editores
Al despertar no sabía cuánto tiempo había pasado. Me desconcertó el estar frente a al ovoide de metal justo donde lo había tocado pero desvanecido en el piso cuando mi conciencia recordaba haber sido aventado contra la pared de la cueva. Voltee para todos lados y ahí no había rastro de que yo hubiera golpeado, ni huellas de que me hubiera movido. Frente a mí los tubos ya estaban quietos completamente y me quedaba bien claro que no debía volver a tocarlos. Di un paso atrás y recordé a Miranda. Si había tardado aquí estando desmallado ella estaría muerta de la preocupación y tal vez ya estaría llamando a todos para venir a buscarme. No pensé más y salí corriendo del cráter, igual que como entre mis pies y manos encontraron donde colocarse y salí fácilmente. Al asomarme voltee para la ventana y ahí seguía Miranda con su carita asomada esperando por mí. ¡Qué alivio! No había pasado ni un minuto inconsciente, aunque yo lo sentí como un largo tiempo. Y ahora que pensaba en lo que había visto no podía recordar nada. Solo la luz y sabía que ocurrieron miles de recuerdos dentro de ella pero no podía recordar ninguno. No quería averiguar más. Instintivamente me moví hacia la salida y caminé aun desconcertado hacia la casa de mi abuelita otra vez.
Al llegar estando frente a Miranda me sentí exhausto mis fuerzas se fueron, sentí como mi cuerpo iba hacia el piso y caí dormido, sin sentir ningún golpe ni frio. Desperté cubierto por una cobija y Miranda estaba junto a mí. Voltee a verla y ella con su cara hizo un gesto de, mira lo que hay detrás de ti. Voltee y mi tía estaba ahí parada. Me vio directamente a los ojos y luego dijo.
—¿Lograron descubrir algo anoche?
Al mirarla entendí. Vinieron a mí todos los recuerdos de alguna conciencia ajena a la mía y lo tuve todo claro como si yo mismo lo hubiera vivido. Hace casi 50 años ella junto con dos niños más hicieron el mismo recorrido que yo y Miranda. Dieron la vuelta a toda la cuadra hasta llegar al edificio ahora abandonado, subieron por los escombros hasta el segundo piso que se estaba construyendo viajaron por la rampa de maderas, se acercaron hasta el cráter y lo vieron. Al ser con el birrete de graduación. Entonces una roca volando le dio justo en la cabeza, dos de los niños voltearon a ver al más alto y este con los labios abiertos esperaba expectante lo que pasaría. El ser volteo y se aproximó rápido a averiguar de qué se trataba este acto hostil quedando frente a frente, cara con cara ante el chico que lo había golpeado. Lo vio a los ojos y este grito. Entonces los otros dos niños salieron corriendo. Y cuando casi llegaban hasta arriba el tercero apenas empezaba la huida mientras el ser se quedaba inmóvil justo en la posición en que había encarado al niño para retirarse al cráter muy lentamente cuando ellos ya se habían ido.
—Fuiste tú. Tú fuiste ahí —le dije—. Tu amigo lo golpeo y por eso no quieres que vayamos. Piensas que nos harán lo mismo.
Ella aun viéndome a los ojos, con un gesto muy diferente al de los días anteriores, contestó. –Ustedes me recuerdan tanto a ellos y a mí cuando tenía esa edad. No entiendo porque calló esto atrás de nuestras casas. No entiendo por qué tuvieron que ser así las cosas, ni si esto es una bendición o una maldición pero esos eran otros tiempos, tal vez ahora las personas estén más preparadas para aceptarlo, pero cuando ocurrió no podíamos ni hablar de ello, ni siquiera hacer una pequeña referencia a ello o todo el mundo se ponía como loco a lanzar sus misiles y balas de cólera y escepticismo contra nosotros. Yo preferí refugiarme aquí sin mencionarlo más. Con el tiempo mi mamá se sintió culpable de verme encerrada y comenzó a cuidarme pero ya era tarde, mi alma estaba rota y no podía volver a ser nadie dentro de este mundo pero tampoco podía ir al mundo que nos habían mostrado. Hasta hoy. ¿David qué me has hecho? Me siento como una niña de nuevo. Estoy feliz puedo hablar tengo energía para moverme hasta para brincar.
La vimos ahí estirarse y dar unos saltos en el aire mientras no entendíamos bien lo que había pasado pero creo que ya lo habíamos sospechado. Entonces ella preguntó.
—¿Qué fue lo que paso, pasaron aquí la noche verdad? Acaso ellos vinieron por la noche. Hace décadas que no lo hacen y yo ya ni me levanto.
¿Woou ósea que antes los esperaba también toda la noche? ¿Cuánto tiempo pudo estar así hasta convencerse de que ya no vendrían, cuanto tiempo pasó en vela esperándolos? Si era como los demás de mi familia no se habrá rendido nada fácil y habrán sido años los que siguió vigilando por la noche.
—¡Se metió al cráter!
Ambos volteamos a ver a Miranda.
—¿Enserio lo hiciste? ¿Y qué encontraste ahí, que había? Dinos.
—¡Si dinos David dinos!
Les conté todo lo que pasó incluido que me sentí desaparecido por varias horas aunque no fue ni un minuto pues Miranda seguía en la misma posición que cuando entré. Ella dijo que efectivamente pensó que tan solo entré y salí sin hacer nada. Y les dije lo curioso que fue haber recordado todo lo que pasó sin haberlo vivido yo mismo. Pero este recuerdo no era como si lo viviera, era más bien como si lo viera desde el cielo. O como una cámara lejos de los personajes enfocando y desenfocando en los detalles o en las acciones importantes.
—¿Enserio, porque será así? —Pregunto Miranda
—No tengo idea pero sé que aún hay más. Solo que no puedo recordarlo, es como si estuviera bloqueado o reprimido. ¿Cómo haces para recordad ese tipo de cosas?
—¡Claro con algo que te lo recuerde!
—Claro al ver mi cara me recordaste porque fui yo la que estuvo ahí.
—Ok, pero que cosa podría recordarme más cosas que yo no sé qué recuerdo.
—Tal vez te pueda hacer recordad más. ¿Recuerdas cuando esa cosa calló aquí? Hicieron que la construcción se detuviera y todos los trabajadores salieron corriendo como locos. Todos los de la cuadra salimos también de nuestras casas porque pensamos que había temblado. Pero cuando las autoridades vinieron a revisar no encontraron ningún rastro de nada, no había ningún cráter a pesar de que los trabajadores habían visto como un meteorito callo en el terreno baldío. Tampoco se habían registrado temblores y nadie lejos de esta cuadra sintió ningún sacudón. Fue inexplicable. ¿Lo recuerdas, nos lo puedes explicar?
—No recuerdo nada de eso, pero es una historia muy interesante.
Siguiente: Cuentos Atroces parte 28
Comprá el eBock kindle (oferta $149.9) Amazon KDP
Libro físico con Pseudónimo Especial ($430) Cuentos Atroces - SKAHD .l. | Autores Editores
No hay comentarios.:
Publicar un comentario