Anterior: Cuentos Atroces parte 30
Comprá el eBock kindle (oferta $149.9) Amazon KDP
Libro físico con Pseudónimo Especial ($430) Cuentos Atroces - SKAHD .l. | Autores Editores
—Mmm —se tomó la barbilla—. Podría ir a dormir entre escombros en mi escondite o podría ir con ustedes a encarar a los que me hicieron esto. Claro que los acompaño.
Y así es que empezamos el camino hacia el edificio derrumbado. Al llegar ahí empezamos a saltar entre los escombros y a abrirnos paso para tratar de llegar a algún lugar. Se veía que este era un edificio moderno hecho con materiales de primera así que no podría simplemente haberse derrumbado por ser el más débil. Aquí se hizo evidente que el terremoto fue provocado para la destrucción de este edificio como lo fue la destrucción del otro.
Continuamos avanzando sobre los escombros que se extendían para dentro de la cuadra viéndonos rodeados por las paredes de todos los demás que estaban alrededor de este. Yo voltee hacia la izquierda y vi la esquina de una gran caja de metal sobresalir de los cascajos. Le dije a ellos que vinieran a verlo y al rodearla nos dimos cuenta de que era una enorme caja fuerte. Qué cosas podría haber aquí dentro me pregunte. Y mientras todos contemplábamos y seguramente teníamos pensamientos similares escuchamos algunos ruiditos angustiantes al otro lado del monte de escombros. Los tres nos volteamos a ver y con sigilo, casi sincronizados comenzamos a avanzar hacia el lugar de donde provenían los ruiditos. Sin asomar mucho la cara alzamos la vista sobre los escombros y vimos a un hombre bajito y delgado con traje pero muy sucio buscando e indagando entre los bloques de pisos y paredes rotas. Volteé a ver a los demás mientras me preguntaba que podría estar haciendo ahí este hombre entonces Eustas sin más reparo se asomó por completo y se aproximó a él.
—Oscar. Hola Oscar. Mi amigo Oscar que haces aquí.
El hombrecito al escuchar que alguien salía y lo empezaba a llamar a pesar de escuchar su nombre no pudo evitar ponerse nervioso y esconder la cabeza entre los hombros, miraba hacia los lados buscando por donde escabullirse pero no hallaba forma. Entonces Eustas se aproximó con su paso pretencioso y largo y puso su mano sobre el hombro de Oscar.
—Oscar, que no me recuerdas soy Eustas
—¿Eustas? —Dijo el delgado señor al voltear y ver la cara del otro. La melancolía y el desespero que guardaba la cara de Oscar se esfumo un momento para ver en los ojos de Eustas.
—¡Eustas! ¿Pero qué haces aquí? Claro que no te había reconocido. ¿Cómo es que llegaste hasta aquí? ¿Y qué haces? ¿Qué no trabajas…?
—¿En la calle? ¿Cómo merolico? Si claro, ese es mi trabajo pero he me tomado el día para ayudar a estos especiales niñiecitos.
—Si claro como… eso. Pero… ¡Estas diferente! ¿Te cambiaste? ¿Qué te ha pasado?
—La vida Oscar. La vida al fin termina su giro y retorna para darle a cada quien lo que le precisa.
—¿Lo que precisa?
—Así es Oscar. Esta tarde llegaron a mí estos amables niñitos para terminar una serie de sucesos y desencadenar una más que nunca habría creído posible. A pesar de conocer lo imposible. –Agregó.
—¿Sucesos?
—Así es Oscar. Ellos conocen a los gigantes y les están siguiendo la pista.
Al oír la palabra gigantes Oscar se encogió de hombros nuevamente y rastreo por el piso con su mirada, buscando como huir. Al notar que todos lo estábamos viendo hiso una pausa en su manía quedándose inmóvil y luego se acercó a Eustas aun encorvado y con sus dedos estirados haciéndolos temblar hacia abajo como indicando que callara lo que dijo o bajara el tono de vos. Luego le susurró al oído.
—Eustas, aquí no digas eso.
—¿Qué? ¿Por qué?
—Shhh. —Sus dedos temblaban nueva mente. ¿No sabes de quien es este edificio?
Eustas se enderezo y después de una pausa dijo.
—Creo mi amigo, que efectivamente lo sabemos, por eso estamos aquí.
Oscar se puso las manos en la boca y retrocedió nervioso aun con los dedos temblando. Luego se acercó nuevamente a él.
—¿Pero qué estás diciendo que es lo que quieren hacer?
—Lo vamos a capturar.
—¿Qué?
Miranda y yo volteamos sorprendidos a verlo.
—¿Cómo que lo bamos a capturar? ¿Eso es lo que se suponía que haríamos?
Oscar retrocedió nuevamente haciendo unos gestos muy raros. Por un lado parecían un poco de sufrimiento y debilidad y por otro de orgullo y cólera. Sus ojos por un momento se iluminaron con una luz que pretendía destrozar todo lo que tuviera enfrente y por otro con una letal nostalgia de sí mismo y abrumador llanto y miseria. Quedó ahí parado a unos metros de Eustas en medio de los tres y lo veíamos golpetear su cara con sus dedos mientras esa inmensidad de sentimientos y emociones atravesaban por todo su ser a la vez que su mirada perdida recapitulaba montones de recuerdos y trataba de deliberar por una decisión antes de poder volver a abrir la boca.
Acerque mi cabeza sin avanzar tratando de enfocar lo más que podía su rostro, para no perder en lo más mínimo el sentido de lo que diría cuando una grave vos de mandíbulas anchas y una gran caja de resonancia se oyo al otro lado de los montes de escombros que nos rodeaban.
—¿Plitin, que haces? ¡Estoy esperando!
Oscar se estiro de los nervios casi brincó y luego más encorvado que nunca casi como una ardilla corrió detrás de Eustas y se escondió tras su espalda. Nosotros volteamos al lugar de donde provenía la voz y Eustas particularmente cerró su mirada como la de un halcón y enfoco su objetivo. Comenzó a avanzar con paso muy firme y directo. Ante esa actitud Oscar lo tomo del ante brazo y le dijo, pero que haces, no vayas para allá no vez que él está ahí. A los pasos de Eustas Oscar comenzó a poyarse en sus tobillos para intentar impedirle el avance, al sentir la resistencia, vi como Eustas movió su mirada fija un centímetro para encofrarse en su obstáculo, entonces volteo y de un solo golpe con la palma abierta en el pecho de Oscar lo dejó bien sentado en el piso. Y le dijo quédate aquí. Y continuo avanzando nosotros seguimos tras de él. Vi a miranda avanzar hacia lo incierto sin ningún temor ni sensación como siempre y yo no tenía temor pero me preguntaba qué pasaría si dentro de su finta de hombre obeso y decrepito el ser interestelar conservaba alguna de sus magnificencias otorgadas de otro mundo. Entonces fui escalando por los montones de escombros pensando en un segundo plan por si lo que sea que quería hacer Eustas salía mal.
Desde lo alto de los montes de escombros, vi como Eustas seguido por Miranda se aproximaron a un escritorio negro de madera sumamente elegante, donde había una enorme silla de piel con un amplio respaldo, todo sobre cascajo y polvo. Trataba de localizar al ser que debía estar ahí pero desde mi ángulo no podría divisarlo bien. Comencé a pensar que tal vez no estaba ahí y podría convencer a mis compañeros de hacer un plan si es que en verdad esto que intentaban era lo mejor por hacer pero entonces sin que pasaran más de 3 segundos de tener el objetivo a la vista y tenerlo al alcance de su capacidad Eustas dijo.
—¡Eh tu! ¿Qué están haciendo aquí?
El magnate alzó la cabeza y al momento Eustas azoto tremendo bloque de cascajo contenido en su mano contra algo que sonó quebradizo y relleno, su cráneo humano. Ahora entendí la escena él estaba con la cara agachada y el negro de su pelo con el negro de su traje se desaparecían sobre el negro del escritorio por eso no lograba distinguirlo, cuando Eustas lo llamo el alzo la cabeza y ahora que estaba inconsciente con la cabeza baja los colores negros volvían a mezclarse. Miranda continuo su paso hasta llegar a lado de Eustas y los vi mirarlo sin preocupación. Parece que lo que había decidido hacer había funcionado a la perfección. Después de un momento al ver que no ocurría nada inesperado me aproxime a lado de ellos bajando el monte de escombros. Entendí el porqué de sus miradas serias y por qué no se movían. Teníamos un nuevo reto, el mover este obeso cuerpo. Oscar se aproximó y miró impactado, al ser inconsciente, casi podíamos saber lo que pensaba y estaba de más mencionarlo. Ahora yo me preguntaba qué es lo siguiente que debíamos hacer.
Siguiente: Cuentos Atroces parte 32
Comprá el eBock kindle (oferta $149.9) Amazon KDP
Libro físico con Pseudónimo Especial ($430) Cuentos Atroces - SKAHD .l. | Autores Editores
No hay comentarios.:
Publicar un comentario