8/18/24

Cuentos Atroces parte 40

 

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Asombrado y agradecido pensó en que podría eliminar su apetito pero no, tenía que realizar primero su misión. En un carrito que estaba en la esquina de la cuadra compro un hot dog y lo llevo ahí, a la caja donde se sentó y le dio una mordida. Era delicioso. Estaba por devorarlo pero recordó. Serró los ojos y percibió la sensación de ser observado que seguía ahí poniéndolo tembloroso y torpe. Lo dejo en la caja y cruzó la calle hacia una tienda de bebidas de marca. El guardia no lo dejó entrar. Le dijo que quería comprar algo y le mostró sus monedas. Le dieron paso. Desde la ventana, de la tienda observó atentamente el hot dog. La sensación de observación había desaparecido. Veía gente pasar y pasar a lado de este sin siquiera voltearlo a ver. Pero él no despegaba la vista de ahí. Así estuvo largo rato hasta que la gente de la tienda empezó a murmurar ¿Que hacia ese vago ahí pegado a la ventana? Los murmullos se hicieron más fuertes hasta que llegaron a sus oídos, sintió que se aproximaba alguien a él y volteo a verlo cuando de repente hot dog había desaparecido y aparecido en el piso. Alguien lo había tirado. Miró rápido a las personas que acababan de pasar por ahí, iba alguien hacia la izquierda y dos hacia la derecha, los miró lo mejor que pudo sin poder verles bien la cara cuando uno de los guardias le tomo el hombro y le dijo que no podía estar ahí. Él le dijo que iba a comprar y mostro de nuevo sus monedas en la mano pero el guardia lo llevaron a la puerta. Se acercó rápido y vio el hotdog en el piso, lo recogió, luego camino rápido hacia la izquierda la sensación reapareció en su espalda y lo siguió todo el camino. Cuando alcanzó al que seguía este lo vio, vio el hotdog y siguió como si nada, él nunca lo había visto antes. Miró su hotdog, estaba sucio, la ensalada estaba llena de tierra. Su estómago crujió y lo pidió, no le importo la tierra. La sensación continuaba tras de él. Miró a los espejos de las tiendas de enfrente y no veía a nadie, miró los carros y ninguno había visto antes.

Gastó su mejor idea y no pudo conseguir nada. ¿Quién era el que lo estaba siguiendo? Comenzaba a caer la tarde. Que más podía hacer se preguntaba. Necesitaba encontrar un milagro hoy mismo y sabía que Dios no lo abandonaría pues lo había encaminado a esta aventura. Tal vez podía esconderse en algún lado para evitar que lo mataran pero no, esa no era opción, si no llegaba al refugio estaría muerto y si llegaba probablemente también. ¿Qué hacer entonces? Siguió caminando sin rumbo con la cara agachada y el ánimo muy apagado. En una pared vio recargado a uno de los pordioseros que dormían ahí pero no le importo, lo vio flaco y desnutrido y pensó que no podía ser el que lo seguía. Simplemente siguió caminando sin rumbo por calles que se hacían cada vez más solitarias hasta que un sollozo detuvo su paso y se irguió para respirar. A su lado había un callejón sin salida lo miró y se dijo –No, no puedes esconderte, debes regresar. Pero volvió a ver hacia el fondo pues sin haber puesto atención capto algo curioso. Le pareció ver que las dos personas que caminaban hacia adentro habían desaparecido.

Se aproximó curioso a ver si lo que había captado era real, estaba seguro de haber visto a dos personas caminar por este callejón y no estaba seguro de haberlas visto desaparecer pero ya no estaban. Como era posible, pensaba mientras se adentraba. Antes del fondo, una pared del lado izquierdo estaba rota y hundida, este relieve bajo no se veía desde fuera, solo de frente se le podía ver bien. Se aproximó y vio dentro un gran espacio vacío sin construcción ni piso solo tierra, pasto y vegetación. Entró sin pensar en nada solo para explorar un poco. Vio personas caminar frente a él sobre el pasto y después desaparecer bajo la tierra. ¿Qué? ¿Cómo era posible? Se aproximó cauteloso en busca de una respuesta a este fenómeno, su mente y su imaginación le advertían que no fuera a desaparecer en algún portal misterioso a otra dimensión pero siguió avanzando. Pronto sintió como sus pies dejaron de pisar tierra y pasto y pisaban piso firme, vio hacia abajo y notó como estaba pisando concreto y piedras. Siguió caminando y llegó a un gran hueco en la tierra, no veía bien lo que era pero veía que era grande.

Llegó a la orilla del abismo y fue asombroso lo que vio. Una construcción del estilo de las ruinas del museo enterrada bajo tierra. Era una especie de teatro o auditorio gradado con un espacio plano en el centro. Alcanzó a ver a las últimas personas que bajaron por las grandes gradas sujetarse de las hendiduras y piedras saltadas por toda la superficie, justo como él lo había hecho en las otras ruinas. Miro a su alrededor para identificar el lugar donde esto se encontraba y vio a lo lejos en un espacio más bajo las ventanas y techo de unos salones de clases, parece que este vestigio estaba dentro del área de una escuela. Vio para el otro lado y notó una reja de maya cubierta totalmente por vegetación que no dejaba ver nada para afuera ni para adentro rodeando todo este vestigio y los salones de clase. Del lado izquierdo, el que estaba más cerca del hueco por el que entró paredes altas y viejas de casas que debían llevar ahí mucho tiempo.

Volvió a mirar a la gente que había abajo y notó que ninguno era mayor de 20, debían ser estudiantes y eso debía ser una universidad. Había unos 6 o 7 regados por ahí en toda la construcción, vio como algunos tenían cigarrillos blancos como los que vio la noche anterior y percibió un extraño olor que no era de tabaco proveniente de ellos. Vio que otros dos se acercaban desde los salones y pasaron a un lado de el sin darle importancia. Bajaron y se acomodaron en una grada. Él se sentó en el borde influenciado por el ambiente tranquilo y amigable que se suscitaba ahí y se olvidó por un rato de sus problemas. Sentía la brisa fresca que remolineaba en la construcción de piedra chocar con su cara y refrescarlo. Un rato después el sol llegaba al alba y todos los estudiantes salieron de la construcción enterrada escalando por las piedras salientes y se fueron dejando todo solo, menos por los dos que estaban hasta el fondo. Cuando ya no había rastro de ningún estudiante y el sol estaba en puesta dejando entrar la noche estos salieron. Uno de ellos volteo mirándolo a los ojos pero no le dijo nada aunque sus gestos ocultaron un pensamiento. Salieron por la pared rota por la que él entró y no por la parte de la escuela como los otros. Todo esto le provocó mucha curiosidad y al verlos irse por el callejón sintió el impulso de seguirlos.

Los dos muchachos se unieron a un grupo de gente a unos 100 metros de la entrada del callejón. Los miró desde la esquina y un momento antes de que la noche terminara de caer vio otro cúmulo de gente doblar en el otro lado de esa calle. Los miró avanzar frente a frente, expectante, indagando con su mente cual podría ser la razón de ese extraño comportamiento hasta que al toque, los vio tener un encuentro brutal golpeando y esquivando unos contra otros, hombres y mujeres por igual, dando gritos de dolor y coraje, estos dos grupos se abatían delante de él. Estupefacto mientras su mente aun no lograba procesar lo que veía en las sombras y la oscuridad de la ciudad sus pupilas ahora rebotaban ante una sinfonía de lucha.

Se oyó un ruido en la esquina de la cuadra, un carro se aproximaba y estaba dando vuelta ahí. Ante el ruido volteo y vio las luces, luego el cofre del auto dando vuelta, volteo rápido a ver la batalla y solo vio unas ultimas sombras escabullirse y desaparecer en la oscuridad. ¿Cómo podía esto ser posible? Pensó. ¿Cómo pudieron desaparecerse así entre las paredes? La siguiente esquina estaba demasiado lejos para que hubieran llegado hasta allá en ese tiempo y sin ser vistos. El auto avanzó, pasó junto a él y desapareció a lo lejos. Él aún estupefacto y fuera de la razón dio unos pasos tambaleantes hacia donde había sido la batalla, todo ahora estaba completamente solo, excepto por…

Mientras veía el piso buscando charcos de sangre de la inteligible batalla oyó un fuerte grito agudo, era el grito de una boca muy pequeña. Volteó y vio un pequeño cuerpo agazapado en una esquina salida de una casa en la banqueta del lado contrario. Una niña pequeña estaba ahí, abandonada y perdida en el fulgor del encuentro. Se acercó a ella para verla más de cerca, efectivamente era una niña sola que se había quedado ahí cuando todos abandonaron el lugar. Pero el volteaba para todos lados y no podía ver a nadie, también buscaba entre las paredes alguna ventana o puerta por la que pudieran haber entrado pero no veía ninguna. Esa niña estaba ahí llorando desconsolada y él no sabía qué hacer. Tenía que irse, pero la niña no dejaba de llorar, aunque ya no gritaba desde que él la veía. Tenía que hacer algo, giró su mirada y pensó en irse, entonces un gran grito de la niña le arranco la calma. Sin pensarlo la tomó entre sus brazos y la llevó. Ahora la niña sollozaba, era cálida y aterciopelada, él nunca había cargado a un niño y no era como se lo imaginaba. Le pareció completamente agradable sobre todo porque ahora no lloraba.

La veía y veía como su respiración se iba calmando, tenía unos 5 o 6 años, su pelo ondulado estaba todo enmarañado sobre su carita. Tenía una tez rojiza clara, llevaba una playerita roja con el resorte de las mangas azul marino y una estampa muy gruesa de un dibujo animado, pantaloncito café claro y zapatitos de broche. El seguía sin idea de lo que hacer así que no pensó y se limitó a caminar, su boca se abrió sola y comenzó a decirle cosas a la niña. Le decía que no se preocupara, que haría todo lo que pudiera por protegerla, que mañana buscarían a sus padres, y su mente le decía si es que sobrevives, pero él la ignoraba. Le decía que estarían bien, que debía ser una niña muy valiente y que si no encontraban a sus padres él la cuidaría y la llevaría a su casa. Y le preguntaba cómo es que había llegado ahí, quienes eran esas personas y porque la habían dejado ahí. Ella lo miraba pero sus ojos eran tapados por la oscuridad y no podía verlos, tampoco contesto nada pero lo escucho todo.

Mientras buscaba el camino de regreso pensó que podría llamar a alguno de sus asistentes y pedirle que pasara por esa niña, la llevara a su mansión y la cuidara ahí hasta que él regresara. Pero para eso tendría que delatarse ante él, y no había promesa de que regresara con vida. ¿Qué haría su asistente con la pobre niña? Su mente continuó ideando un plan para refugiar a la niña y buscar a sus padres cuando de nuevo ese cosquilleo apareció en él. De nuevo lo observaban.

Las campanas de un reloj tocaron la hora, mientras pensaba en la niña una parte de su mente captó las campanadas y le alertó que tenía que llegar al refugio antes de que lo serraran o estaría muerto, aunque a decir verdad entrando ahí tal vez también estaría muerto pero si se quedaba fuera era seguro. Tras un buen rato pensando y sin poder quitarse esa sensación mientras caminaba por todos lados donde podía a ver si despistaba a su acosador al fin llegaron al pasaje, empezaban a cerrar las cortinas de los negocios, él se preguntó si la niña tendría hambre y aunque él sí tenía eso no importaba. Tomo una de las monedas que le quedaban y compró un pan justo antes de que serraran esa tienda. Se lo dio y ella le dijo.

Gracias.

Él se sorprendió y le dijo.

De nada. Vio que todos iban hacia la puerta y como de todas formas ya no podría salir no se apresuró en irse ni apresuro a la niña a comer. Estaba más interesado por lo que le diría. Mientras comía su pan sentada a un lado de la tienda la niña se percató de que todos iban hacia la puerta.

Todos se están yendo. ¡Vámonos o nos van a encerrar!

Oh no, no te preocupes aquí nos vamos a quedar.

¿Qué? ¿Aquí? Pero si esto es un pasaje comercial, no podemos quedarnos aquí. Él se sorprendió por la perspicacia de la niña.

No te preocupes, aquí hay un lugar especial donde podremos quedarnos.

¿Es tu casa? ¿Vives aquí?

Oh no, no es mi casa, pero si por ahora estoy viviendo aquí.

¿Aquí? Vio para todos lados—. ¿Pero dónde?

Ya verás no te preocupes. Por ahora disfruta tu pan, no tienes nada que temer, yo vigilare toda la noche para ver que no nos pase nada.

¿Por qué habría de pasarnos algo? ¿Qué este no es un lugar seguro? Miro hacia la puerta y vio como estaban poniendo llave a la reja de acero.

Bueno si, tal vez lo sea, pero las personas con las que dormiremos no tanto.

¿A no? ¿Y por qué? No deberías dormir con personas que no son muy seguras.

El vio para sus adentros tratando de encontrar una respuesta apropiada pero la perspicacia de la niña lo hacía responder muy rápidamente y al no poder formular ninguna dijo lo primero que tuvo en la boca.

Porque hay alguien a quien tengo que encontrar antes de irme.

¿Así? ¿A quién?

A una persona que está cometiendo mucho daño.

Al terminar de decirlo no podía creer que lo hubiera dicho. No podía creer que hubiera entrometido a la niña en esto. ¿Cómo es que eso salió de mi boca? Pensó.

Pero ya había salido y ya lo había dicho. Miro a la niña y ella mostraba un gesto reflexivo, él pensó que tal vez había entendido lo que le dijo, pero tal vez no había entendido la magnitud de lo que significaba.

No te preocupes, estaremos bien. Le contestó.


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