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Ese maniquí de muerte era un colaje de partes humanas cocidas y adheridas como uno solo. Los forenses habían dicho que no había ni dos piezas con el mismo ADN, manos, brazos, piernas, órganos y cada una de las partes adheridas eran de un diferente cadáver. El primero que se encontró hace dos años solo tenía 5 cortes, pero el más reciente encontrado hace unos meses tenía más de 20 incluso la piel del rostro y la cabellera había sido cortados y ensamblados de nuevo como un rompecabezas humano. Algunas partes habían sido curtidas y disecadas pero otras estaban frescas y sangrientas. Unas partes eran muy viejas o tenían gran tiempo como cadáveres, unas incluso habían sido tomadas de cuerpos ya enterrados. Otras eran recientes de personas desaparecidas y una tenía un solo día sin vida cuando se encontró. El torso albergaba los órganos en putrefacción de diferentes cuerpos y todas las piezas eran humanas. También dijeron los noticieros que lo más horrible es que algunas partes habían sido cortadas mientras aún estaban vivas. Creando así el más diverso colaje de asesinatos, cadáveres y muerte.
Él no dejaba de presentir que, el que, el maniquí apareciera esa noche en el refugio tenía todo que ver con su llegada y entendía bien que para poder salir de ahí tendría que hacer algo que nunca había hecho antes. Y ese sería el término de su viaje a la oscuridad. Entendía también que por eso el universo lo había puesto ahí, él quería desarrollarse más allá de todo lo que siquiera hubiera imaginado y ahora tendría que lograrlo bajo una cuestión de vida o muerte. Sin embargo la fractura de su espíritu le seguía doliendo, sabía que no era opción acostarse y perderse en el descanso pero ahora solo quería tirar las lágrimas frías que se amontonaban y ver si así podía recuperar un poco de calor, un poco de su fuego interno. Dio paso a esto y les permitió salir entre sus ojos y la palma de su mano aun con bochorno como si a alguien le fuera a importar el llanto de un vagabundo. Por varios minutos no pensó en nada más que en el acto hasta que la sensación de ser observado apareció de nuevo y se clavó en su nuca. Su subconsciente indagaba de quien era esa mirada y su instinto de preservación lo obligo a actuar. Se percató de que al tener los ojos tapados quien lo vigilaba no pudo haberse dado cuenta de que lloraba, entonces no lo dejaría evidente. Arrastro sus lágrimas para secarlas y jorobado con los brazos pegados al pecho como un vago cualquiera caminó sin rumbo.
Después de un rato la sensación desapareció, él sabía que tenía que averiguar cómo resolver esto rápido pues a cada momento más que su vida peligraban. Seguía expectante a que siguieran vigilándolo y a poder ver quien era. Tendría que ser hábil para poder atrapar al que lo vigilaba y así tener una pista del asesino. No podría regresar a su casa a menos que lo neutralizara pues si no él lo mataría, como dijo el loco del cucharón que es lo que le pasaba a los que se iban del refugio, además su gran moral no le permitía ignorar estar ante alguien que ha causado tanto daño y dejarlo así. Pero necesitaba confirmar si el que mataba a los indigentes que se iban de ahí era el mismo que hacia los bougman. Por haberle puesto la cara de uno de ellos lo más probable era que sí a menos que hubiera tomado el cadáver del indigente al que extirpo el rostro y lo hubiera llevado al refugio donde dormía para asustar a todos los vagos de ahí pero eso no tendría sentido. Era más lógico pensar que el que elimina a los que se van de su refugio les quería repetir lo que pasa si lo abandonan y sobre todo dejárselo muy claro a él que acababa de llegar.
Que gran suministro de cadáveres tenía ahí, si necesitaba otra pieza para su necrótico arte solo tenía que desaparecer a alguno de los loquitos y nadie investigaría ni preguntaría por el pues ellos ya estaban desaparecidos de sus familias, ya le habían hecho el trabajo. Sintió escalofríos al pensar esto pues él se había puesto en esas mismas condiciones de peligro y ahora enfrentaba el peligro real. Pensó en que si era necesario aplicaría un plan de escape para huir de ahí, solo necesitaba llamar por teléfono y hacer que su limusina fuera a recogerlo. Tendría que fingir que estaba mendigando y que un hombre caritativo se apiadó de él y lo recogió de la calle. Luego tendría que poner seguridad en toda su mansión o irse a otro país para evitar que el asesino lo alcanzara. Pero no. ¿Qué vida sería esta, huyendo de un loco? ¿Él? Él que conoce medio mundo y era respetado por un cuarto, él que se codea con las personas más ricas e importantes de varios países. Mejor enviaría a un grupo de militares a terminar con ese refugio. ¿Pero cómo? No podía mandar a matar inocentes aunque estuvieran locos. Tendría que identificar quien era y en cuanto hubiera huido mandar a alguien que acabara con él. Pero la sola idea de hablar con otro asesino y mandarlo a matar le revolvía el estómago. Tal vez podría reunir pruebas e ir a la policía para que lo arrestaran, tal vez podría hacer esto y si no ponía su vida en riesgo lo haría. Sino, tendría que terminarlo por entre las sombras de la manera que fuera.
Regresó al refugio para verlo detenidamente y ver si podía encontrar algún indicio de lo que estaba pasando. Al llegar, fuera del pasaje comercial había un gran tumulto de gente y en medio de todos un acordonado con cinta policíaca, temió que hubiera otro cadáver. Se aproximó rápidamente y entre los policías y los reporteros que fotografiaban vio el ensamble de restos humanos que un rato antes estaba dentro del refugio. Ahí lo estaban investigando y fotografiando como si hubiera aparecido ahí.
Era tan marginal ese lugar que ni siquiera hicieron pública la noticia ahí. ¿Cuantos otros cadáveres debieron haberse encontrado dentro del refugio amedrentando y enloqueciendo a los pobres vagabundos que ahí entraban sin que nadie más lo supiera ni buscara justicia por las muertes? Estaba bien claro que ese era un lugar invisible e ignorado para el mundo. Un agujero negro que se escondía del conocimiento de todos y solo los más denigrados conocían. Y era justo el lugar que él buscó encontrar.
Entró para ver si lograba encontrar algo que lo ayudara, todos los tenderos que lo vieron entrar le lanzaron miradas de repudio y distinción. No se veían nada contentos con su presencia. Entró al espacio abandonado entre los locales, el olor a desechos, maleza y humedad le llenó la nariz. Se aproximó al lugar donde estaba el cadáver, vio dentro de la barra a ese loco encogido con la cabeza en las rodillas durmiendo. El lugar tenía una marca de tierra arrastrada que pronto terminaba. Ósea que lo habían arrastrado y llevado para afuera. ¿Cómo pudieron moverlo sin arrancarle las piezas cocidas? Se preguntó.
Mala, muy mala publicidad para el pasaje comercial y para todos los tenderos. Tal vez ellos mismos lo sacaron. ¿Pero cómo entró? Seguía preguntándose. ¿Acaso lo habían metido por otro lado? ¿Por dónde pudo haber sido? El asesino conocía muy bien este pasaje, sin duda debía llevar años viviendo aquí. ¿Pero por qué prefería quedarse aquí? Aquí se dormía a la intemperie, era peor que otros escondrijos o casas abandonadas que él había visto.
Algo choco contra su espalda, brutalmente se volteó a ver qué era lo que lo amenazaba, vio una gran espalda cubierta por harapos que se volteó mientras hacía un ruido extraño. Era el loco que la noche anterior tenía las manos rodeando sus ojos y viendo hacia el cielo hoy haciendo lo mismo. Se lo quedo viendo y este contesto con sonidos de aparato mecánico imaginado que extendía y reducía la visión de sus binoculares imaginarios.
—¿Qué haces? —Le preguntó.
Este volteo solo un poco para verlo y regresó la mirada al instante.
—Observo.
—¿Y qué observas?
—Los ángeles.
Extraña respuesta le pareció.
—¿Y qué hacen?
—Me están buscando.
—¿Te buscan, para qué?
—Ellos no pueden encontrarnos, no pueden ver este lugar, está muy oculto entre la obscuridad.
—¿Y por qué no sales a donde puedan verte? –El otro se quedó inmóvil y por fin volteo retirándose las manos y viéndolo solo de reojo con un gesto muy serio.
—Por qué no quiero, él podría saberlo o podría matarme si me voy. Prefiero estar aquí, aquí nos dan de comer una vez al día. –Lo miro y noto su esquelético cuerpo sosteniendo la cara de un hombre muy joven.
—¿Quién? ¿Quién podría matarte?
—El dueño. –Vaya no esperaba algo tan preciso.
—¿Cual dueño, quien es el dueño?
—El dueño del albergue.
—¿Quién es?
—Shhh —bajó las manos de su rostro y muy cerca de él las agitó de arriba abajo indicándole que bajara la vos.
—¿El metió esa cosa aquí?
—¿Esa cosa? —Hizo un gesto pensativo y dudoso luego se alejó lentamente mirando al cielo.
Él no entendió como podía no saber a qué cosa se refería. Dio otro vistazo al lugar, debía medir unos 5 por 5 metros cuadrados, no era más que un lote abandonado pero dentro de un pasaje comercial. Si decía que el que hizo eso era el dueño debía ser el dueño de este lote, tal vez por herencia, pero al estar mal de sus facultades mentales no hizo una bodega ni un local comercial, solo lo usó para vivir en la tierra tal cual vagabundo es. Miró a la esquina que le intrigó desde el principio la que tenía largas plantas de maleza detrás de un monte de arena, subió el monte y los vagos que aún estaban ahí voltearon a verlo alarmantemente, él se sintió presa del pánico por esta acción y bajó. Solo alcanzo a ver como las hierbas tan espesas tapaban el fondo de la esquina sin dejar ver el piso. Se dirigió a la barra y se movió disimuladamente como buscando comida, hasta quedar pegado a la pared, se recargó en ella como si nada y luego volteo. Parece que las hierbas ocultaban algo. Entre ellas había tanta oscuridad que su vista no alcanzó a penetrar. Un olor de humedad junto con otros extraños que le recordaron al enorme ciempiés que una vez vio, salían de ahí. Pensaba en esto cuando se apoderó de su conciencia una horrible sensación de crueldad y sintió como si fuera jalado a la obscuridad para ser desmembrado dentro. Volteo su mirada de ahí y se apartó de la pared rápidamente nervioso y agitado. ¿Qué fue esa sensación? Sintió como si alguien lo hubiera matado ahí dentro. Puso sus manos en las rodillas y trató de recuperar el aire. No entendía porque había sentido eso, pero sin duda tenía que ver con lo que estaba bajo la maleza.
Salió para despejarse y aclarar sus ideas. En la entrada del pasaje el tumulto de gente se había reducido pero aun había algunos. Una camioneta forense estaba por llevarse la atracción y un reportero llegó corriendo al lugar de los hechos muy apresurado para alcanzar a tomar una foto antes de que se lo llevaran. Él lo vio correr frente a él y lo reconoció enseguida, pero esperaba que él no lo viera ni lo fuera a reconocer. Agachó la mirada y trató de cubrir su cara, avanzó rápido lejos de ahí.
No era capaz de verse a sí mismo arrodillado sobre la banqueta alzando las manos hacia la gente para que alguien se apiadara de él. Mendigar por comida ya no le pareció nuevo ni deleitable ahora le fue una tarea sumamente penosa y desafiante. Tantas cosas pasaron por su mente cubiertas por una cara de verdadera agonía y pensaba como los indigentes no son del todo culpables de su condición, puede ser que realmente no hayan podido evitarlo ni sean capaces de salir de ahí. Simplemente no pueden y encontraba inútil cualquier forma a su alcance para ayudarlos, pues ante trastornos mentales… ¿Qué frente se podía hacer? Inconscientemente su mirada se alzó y vio pasar a una mujer de pelo negro con piel blanca y pura, la vio por la ventana de un carro que pasó a alta velocidad. Aunque solo fue un instante alcanzó a reconocerla.
Todo tenía que salir perfecto, a solo unas horas de su embarque a lo desconocido, la esperaba ya. Por alguna razón al cerrar los ojos veía el cantoneo de sus caderas y sentía que esto lo escudaría de todo lo desagradable que pudiera experimentar y le daría la luz, la exquisita luz de aroma único y exquisito para superarlo todo y alumbrarse cuando más profundo estuviera dentro del abismo. Posterior a esto su mente avecinaba desesperación y dolor, miedo y crueldad, incomodidad y asco, pero su subconsciente ya le había dado el estandarte para recordarse vivo y con futuro. Sentía que no podía esperar por ese futuro, se embriagaba de verlo en su mente y gozarlo, lo deseaba ya y no podía esperar por él, por probar ese inmaculado néctar que ya se había impregnado en su mente. Pero su voluntad seguía dirigida, su mente concentrada y sus emociones alineadas en lo que avecinaba así que si esto seguía así dentro de él era porque este seguía siendo el mejor trayecto para esta etapa de su vida y, aún sí estaba a tiempo de arrepentirse, los universos dentro de él o el mismo gran universo aún lo tenían firme para esta aventura. Y si esto era así es porque esto debía ser así.
A las tres y uno la vio aproximarse apurada seguramente por el retraso de un minuto. No esperaba menos de ella. Venia sencillamente arreglada, con un vestido entallado y corto con un color rojo oscuro en la parte baja que se cortaba diagonalmente y negro en la parte alta con adornos de flores de piel en medio de ambas. Solo esto, con una cartera negra igual que las zapatillas y su pelo del mismo negro profundo que lo demás, la hacía junto con su piel liza y tersa, una mujer destinada a todos los favores de los hombres. Y sin embargo él sabía que ella no era así y ni si quiera se entendía de eso. Se hubiera podido decir que la amaba pero tenía que, antes de estar seguro de eso, proteger a su corazón del peor de los males y mayor de las bendiciones. El amor.
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