8/17/24

Cuentos Atroces parte 34 Bougman

 

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Bougman


Sentado frente a su chimenea en su mansión con los pies descalzos sobre su tapete de piel de león y un finísimo coñac en la mano se sentía aburrido y desolado pensado en como desaparecer el nefasto aburrimiento que lo acosaba. Entonces de un chispazo y sin mayor explicación ni reflexión como si el universo lo hubiera puesto para él, apareció la mejor idea con la que terminaría su aburrimiento y mostraría a todos en su círculo social que él era el más osado original e intrépido y nadie podría igualarlo jamás en osadía y aventuras. Haría lo que nadie jamás ha hecho ni se atrevería jamás a hacer, por lo menos no en su generación. Pero antes quería dejar una evidencia que demostrara a todos que no lo haría por ningún motivo a causa de bancarrota o pérdida de su exorbitante fortuna.

Estaba ya con esa hermosa señorita pisando los elegantes pisos del recinto. Miró uno de sus zapatos favoritos de piel café claro en medio de su reflejo en el brillante mosaico obscuro y se percató que combinaban con los adornos del vestido de ella. Llegaron a la parte de los vestigios y corrió, ella lo vio saltar sobre las ruinas y escalarlas emocionado, esto era algo que nunca había hecho y realmente le emocionaba la idea de estar sobre ellas. Recordaba la vez que su padre le reprendió bruscamente por haber saltado y no pudo ni un poco caminar sobre ellas, cosa que no entendió y le molestaba por que en verdad parece que sus paredes estuvieran echas para subir de este modo por ellas, pero para la gente es más fácil atenerse a reglas que buscar respuestas. Al llegar a la sima bajó por el otro lado y la interceptó en ese pasillo contento y agitado con una sonrisa de chiquillo, se inclinó un poco frente a su rostro para poder verla pues ella no volteaba y parecía ignorarlo. Vio su cara y esta no tenía un gesto alegre, más bien parecía molesta. Él no supo que hacer, trató de seguir con su juego a ver si lograba agrandarla como tenía planeado, pero no logró mucho. Se limitó entonces a solo caminar junto a ella y hacer los comentarios más pertinentes que encontraba respecto a lo que veían.

Hicieron todo el recorrido y se aproximaban a la salida por el otro lado, todo seguía estando muy solo. El vio su reloj y se alejó de ella casi corriendo, ella pensó que iría a corretear por ahí, para ver algo pero para su gran sorpresa cuando volteó a ver desde donde la llamaba, ya estaba bastante arriba sobre ese gran esqueleto que tenía a su derecha y notó sus fieras intenciones de llegar hasta lo más alto pidiéndole que lo acompañara. Ella se sintió colérica y aborreció ver esos elegantes zapatos cafés ahí arriba. Imaginaba la mugre de las suelas ensuciando y embarrándose en los huesos. Volteaba para todos lados buscando quien le prohibiera hacer eso pero todo seguía desierto. Al regresar su vista a la puerta donde estaba la salida vio a un hombre con casaca café entrar y aproximarse rápidamente, pensó que al fin alguien se había percatado y venía para hacerlo bajar pero este hombre levantó la cámara que llevaba colgada al cuello y lo fotografió. Él lo vio hacerlo y aunque ella tuvo esperanzas de que después de fotografiarlo lo haría bajar, él la llamó de nuevo y extendió su mano invitándola a subir.

Ella no contestó, se limitó a dejarle bien claro con una mirada que aborrecía lo que estaba haciendo y que estaba en verdad furiosa. Él inclinado y agarrado con las manos apunto de subir hasta la sima la miró y perdió toda su emoción, vio lo cerca que estuvo de su meta sin poder alcanzarla y regreso entonces con las manos frías y el corazón temblando de nerviosismo, por el disgusto de esa mujer Se preguntaba en que estaría pensando y si no querría volver a salir con él por eso. Pensó que tal vez debió haberle explicado por qué hacia todo eso para que ella no hubiera asumido esa actitud. Pero está bien, tal vez un poco más y habría caído, quien sabe. Pensó. Tras estos pensamientos llegaron a la salida. Se despidieron y ella se fue rápido, él vio su espalda y su silueta alejarse. La siguiente vez le explicaría todo, le diría quien es y porque todo esto pasó como pasó y si no se había equivocado con ella, ella lo comprendería y terminaría aceptándolo pero mientras, debía hundir esa duda y miedo muy profundo en su corazón, para emprender la misión que había decidido emprender. Recordó la naturalidad y confianza con la que hablaron la primera vez y deseaba poder volverla a invitar a salir pronto, esta vez sin misterios, para recobrar ese alegre sentimiento. Pero por ahora eso había terminado.

Cuando estuvo suficientemente lejos y él no pudo contemplarla más, dio media vuelta y caminó al lado contrario de ella. No podía hacer otra cosa, ahora tenía que hacer lo que había planeado hacer. Caminó recto hasta llegar a una parte de la ciudad que no conocía. Sabía que ahora tenía que buscar la forma de encajar en el mundo que pretendía descubrir. En un callejón se quitó el saco la camisa el pantalón y los zapatos, los guardo en una bolsa de plástico y lo escondió lo mejor que pudo entre tuberías y grietas de la pared. Miró un contenedor de basura enorme en el mismo callejón y no dudó en realizar su búsqueda. El asco y la suciedad era algo que no importaban a su ser en este momento. Sumergiéndose por completo en la tarea dio con un pantalón de tela deportiva gris, busco un poco más y encontró un abrigo de piel de oso no muy diferente de lo que solía usar pero este muy viejo y sucio. Dio otro vistazo a ver si encontraba algo para calzar y solo encontró unas pantuflas. Esto bastara por ahora pensó y comenzó a vagar sin rumbo entrando en todos los lugares oscuros y sucios que encontraba, no sabía que estaba buscando pero sabía que tenía que seguir así hasta que lo encontrara.

Comenzó a hallar escondrijos y personas de su nueva calaña y les preguntó cómo sobrevivir y pasar la noche. Entendió el sistema que usaban para encontrar comida y suplir sus necesidades, sí era asqueroso, pero nuevo y por eso lo intentaría. Sin embargo seguía sin entender el sentido de esta idea que le había parecido tan brillante. Ya se había enterado de un lugar para dormir, unos vagos se lo habían dicho y a pesar de reiterarle que ese no era un lugar cómodo y que era mejor el callejón en el que estaban, ansioso por conocer todo este mundo sin duda fue a buscar alojo ahí a pesar de las advertencias. Siguió las indicaciones que le dieron de la ubicación del lugar y por última vez ignoró las advertencias que aún estaban en su mente. ¿Cómo puede un callejón ser cómodo y un refugio no? Pensó. Y si era tan nefasto como decían, eso era justo lo que él quería ver y conocer; lo más bajo de lo más bajo de este mundo, la desgracia de los más desgraciados, el basurero más profundo de la sociedad, la peor escoria de la putrefacción del ser humano, lo más oscuro en lo más oscuro de la humanidad.

El pasaje comercial donde le dijeron que estaba el refugio no era para nada como lo esperaba. Sí era un bazar comercial lleno de locales pero no estaba al aire libre, tenía un techo de mica trasparente y estaba lleno de iluminación. En cada viga del techo había lámparas, en las entradas de los negocios había focos y en las paredes igualmente había lámparas incrustadas. Se preguntaba cómo podía haber un refugio dentro de este lugar, tal vez sería un almacén abandonado o algo así. Caminó por todo el pasaje viendo lo que había a ambos lados, le llamó la atención como entre los locales había un espacio vacío sin construir, sin techo, sin piso, sin paredes, solo un hueco entre los locales. Para que podría estar esto así se preguntó sin reflexionar más y siguió caminando buscando donde se podría encontrar el refugio del que le hablaron. Veía a ambos lados y no veía más que negocios llamativos entre toda esa luz. Llegó al fondo del pasaje y se topó con una pared, no tenía salida del otro lado. Tal vez había una puerta muy pequeña que se escapó de su vista fue lo que pensó. Entonces regresó hasta la entrada del pasaje, hizo memoria del número interior que le habían dicho y lo volvió a recorrer contando uno por uno los locales. Daban las 10 en punto cuando comenzaba su segundo recorrido, los tenderos de los negocios comenzaron a bajar las cortinas, debía apresurarse. Para lograr hallar más rápido la dirección que buscaba preguntó al primer tendero que vio salir de su negocio, este lo miró, luego volteo hacia su local y bajo la cortina, puso dos candados, lo vio de nuevo de arriba a abajo, frunció la nariz ante el mal olor de su abrigo y se dirigió a la salida. Olvidó que no era la persona que estaba acostumbrada a ser y que a lo que era ahora muy pocos prestarían concordia. Lo recordó y siguió caminando en su búsqueda contando los locales. Al darse cuenta de la localización del refugio hiso un gesto de angustia expectante. Titubeo en entrar y volteo a la salida, vio al último cliente de alguna tienda salir, tras él al tendero y los vio aproximarse rápidamente a la salida. Salieron y el portero hecho llave a la puertecita de salida de las grandes cortinas de entre rejado de acero ya cerradas y aseguradas con candado. Tragó saliva. Entendió que tal vez aquí encontraría el anticlímax que estaba buscando y aunque sus huesos temblaron no tenía otra opción, esto ya estaba escrito y era hora de accionarlo, no había ya vuelta atrás. Ya lo había decidido y ahora estaba forzado a concluirlo, hizo más que quemar todas sus naves para no poder volver, se empeñó a sí mismo a la vida y a la misericordia de Dios, solo su voluntad era la que lo traería de regreso. Dudó. En un momento lo asaltó la contundente y obvia duda, seca y fuerte como el puñetazo de la realidad pero su mente escabullidiza la atrapó y la desintegró en sus ondas de arena movediza y no la dejo participar de esta decisión, lo hizo fuerte de confiar en sus capacidades, en su suerte y en el amparo de esa Divina providencia universal que siempre lo acompaña y no lo desampara, y esto lo hizo entrar.


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