8/15/24

Cuentos Atroces parte 7


Anterior: Cuentos Atroces parte 6

 

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Al tomar el primero ella fue hacia el baño él la vio y ellos le dijeron a él que se cambiara ahí que no había problema. Los de él eran todo tipo de botargas y personajes de historias. Los de ella eran en su mayoría tutus y falditas de bailarina.

Cuando salió del baño le pidieron que se para junto a él y se dieran una vuelta. Luego les pidieron que se pusieran el siguiente. Ella lo tomo y se dirijo al baño pero la señora la detuvo.

No es necesario que entres al baño, cámbiate aquí, ya todos sabemos cómo es el cuerpo humano.

Ella se puso muy abochornada pero no le quedo opción. Tuvo que quitarse el tutu y las mayas ahí enfrente de todos. Él también se quitó su disfraz dándole la espalda a ella. Entonces el señor dijo.

¡Camilo! ¿Qué es lo que tienes ahí, acaso te gusta el cuerpo de Sara?

Voltea anda. ¡Vela! –Él se había quitado la botarga y estaba solo en ropa interior– a ella no le importara, ya conoce lo que es el cuerpo de un hombre.



Capítulo 9

Eran las cuatro y cinco de la tarde. Sara entro apresurada al apartamento.

Bienvenida niña, te estábamos esperando. Cámbiate y empieza con tus labores. –Ella volteo a ver a Camilo que estaba sentado en un sillón cubierto solo por un bóxer negro. –Les trajimos cosas nuevas para jugar, toma una de la caja.

Se dirijo a una caja y tomo lo primero que su mano sintió, luego entro al baño con un pequeño traje de mucama y se cambió.



Capítulo 10

Un pequeño pastel en la mesa. Al entrar Sara la señora inicio en vos alta a cantar las mañanitas y ellos le siguieron.

¡Felicidades Sara estamos muy orgullosos de ti y de los dos! Anda ven a comer tu pastel.

Al terminar el pastel Camilo dijo en vos alta.

Deberías tocarnos una canción en el piano para celebrar tu cumpleaños.

Ella le mando una mirada infernal.

Lo siento me imagine que ya habrías aprendido después de tanto tiempo.



Capítulo 11

Hoy no te necesitamos no estará mi esposo y solo le pediré a Camilo que me haga un buen masaje. Toma tu sobre de la mesa y puedes irte.



Capítulo 12

Una pequeña nota en la mesa: Limpien todo y sirvan la comida. Mi esposo no se ha sentido bien e iremos al hospital. Nos vemos la próxima semana.



Capítulo 13

Era el cumpleaños de Camilo y justo a las 4 de la tarde llegaron todos al departamento después de haber ido a la feria.

Muy bien chicos espero que se haya divertido y se porten muy bien hoy porque eso de la feria no es gratis.

Ellos se miraron uno al otro.

Cámbiense.



Capítulo 14

No podremos acompañarlos hoy, enfoquen bien la cámara nueva hacia la cama y hagan lo que hacemos los jueves.



Capítulo 15

Eran las cuatro en punto y mientras Camilo subía las escaleras escuchaba una dulce melodía que venia del departamento. Al entrar no había nadie más que Sara tocando el piano. Al verlo ella se levantó y tapo el piano. Luego fue a deambular por la cocina.

Entonces por lo menos te enseño a tocar el piano en esas veces que no me dejan acompañarte.

Ella solo lo miro, su gesto encerraba muchas emociones. Y el prefirió bajar la cabeza y girar para otro lado. Luego de un rato parecía que nadie vendría y no les habían dejado instrucciones para hoy. Entonces Camilo le pidió que tocara un poco más mientras llegan o los llamaban. Ella lo miro en silencio unos segundos, luego dijo que tenía que irse. Tomo su bolsa y salió rápido. Él se acercó a la cortina que estaba descorrida como casi nunca a través de la que se alcazaba a ver el poste donde vieron ese letrero pegado que solicitaba servicio para el hogar y la vio a ella cruzar a esa banqueta. Nunca se hubiera imaginado que el lugar al que llamo estaba justo enfrente.



Capítulo 16

Como cada martes, jueves y sábado, llego Sara después de Camilo, entro directamente al baño a cambiarse y al salir se paró junto a Camilo que ya estaba en ropa interior esperando las instrucciones de los señores. Su gesto era seco como flor marchita y su ánimo como el de quien ha cumplido una rutina interminable durante toda su vida. Camilo deseaba no verla así pero que podía hacer. Ella nunca quería hablar pero no dejaba de venir. Le hubiera gustado decirle que si era por su madre él podría acompañarla y ayudarla en todo lo que necesitara pero al parecer ni eso es lo que ella quería.



Capítulo 17

Camilo ya estaba en el departamento pero no había nadie más. En un rato entro el señor recargado en Sara que lo ayudaba a caminar, detrás entro la señora y serró la puerta, dejo cajitas de medicina en la mesa y una receta médica luego ayudo a Sara a acostar al señor.

Hoy él está muy cansado, los llamamos después.

Capítulo 18

A las 4 en punto se encontraron en la puerta verde claro desgastado se vieron e hicieron lo que siempre, tomaron la manija, abrieron, subieron, abrieron, entraron y miraron para adentro buscando a alguien. En la mesa había un pequeño pastel con el nombre Camilo escrito y una vela del número 25. Una nota: Sopla a tu vela Camilo y pide un buen deseo. Esta será la última vez que los necesitemos, nos hemos ido a otro clima para que mi esposo pueda descansar más tranquilo.

Ambos votaron a ver el departamento, frio como era, amplio, solitario, siempre a cuestas de la sombra, las cajas que fueron tan representativas en su trabajo durante todos estos años. La sala con esa cámara que nunca se movió pero desde ahí lograban ver que estaba perfectamente bien enfocada a todo el departamento. La cama con ese estúpido colchón de agua. Los ventanales y cortinas gruesas por las que Camilo solía mirar para afuera cuando tenían un momento inactivo. La meza donde llegaron a ser obligados a comer como adolescentes regañados, con la cocina de alacenas chirriantes, la estufa engañosa y los trastes devastados. Y la gruesa capa de pintura blanca brillosa que cubría las paredes. 


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