8/15/24

Cuentos Atroces parte 5

 

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¿Ya se conocían? Dijo el hombre.

No. Contesto Camilo.

¡Mírala! ¿Estás seguro?

Volteo, una señorita delgada, de tés clara, no blanca ni morena, pelo muy lacio, ojos cafés, uno o dos centímetros más alta que él estaba sentada a su lado. Se sonrojo al notar su calor corporal.

No, no la conozco.

¿Y tú?

Ella volteo mucho más rápido. Observo el pelo negro de Camilo que se aclaraba en la luz. Su barbilla ancha. Su cuerpo y su pose reservada y tranquila.

No.

¿Cómo te llamas?

Sara.

¿Tú eres Camilo verdad?

Si.

Pues preséntense. ¡Dense la mano!

Voltearon, Camilo extendió su mano, Sara la tomo y la agito rápidamente luego regreso a su pose y la escondió entre sus piernas.

El trabajo es dos o tres veces por semana, nosotros los llamaremos. Se paga al finalizar la quincena.

¿Qué dicen están de acuerdo? pregunto la mujer. Ambos aceptaron solo con un gesto.

Bueno pues eso es todo por hoy. Nos vemos el jueves. Y señalo la puerta extendiendo su brazo.

Ambos se levantaron y salieron. Camilo quiso hacer un gesto de caballerosidad esperando a que Sara saliera. Pero ella solo abrió la puerta y salió muy rápido sin siquiera verlo. Se oía que bajaba mientras el apenas serraba la puerta. Echo un ojo para ver a los señores. Se quedaron en donde estaban sin moverse. El hombre tenía un gesto extraño.



Capítulo 2

El jueves llego Camilo a las 5 como se lo habían pedido por teléfono. Lo recibieron y le dijeron que Sara ya se había ido. El trato de ocultar que le hubiera gustado verla. Le pidieron que moviera unas cajas. Eran amplias pero no muy pesadas. Solo las paso de un lado del apartamento a otro. Al terminar le dijeron que estaba bien podía irse.



Capítulo 3

El sábado a las 4 estaban de nuevo los dos ahí, les habían dejado las puertas abiertas e indicado llegar puntualmente pero ellos no estaban. 5 minutos después de la hora llego Sara entro un poco ajetreada Camilo ya estaba dentro.

¿Qué pasa que tenemos que hacer? pregunto.

No sé, no hay nadie.

Se quedaron ahí en silencio un rato luego Camilo comenzó a caminar y curiosear. Ella lo seguía con la vista.

¿Para qué nos pidieron ser puntuales si ni siquiera están aquí? ¿Sabes lo que tuve que hacer para llegar a tiempo?

Si igual yo.

Y luego de que se trata este trabajo, ni siquiera nos han explicado. ¿Enserio nos van a pagar solo por mover unas cajas?

Espero que no sean secuestradores o algo así porque yo no le entro. Los denunciaría estoy seguro.

Bueno…

Siguió caminado por ahí, inquieto.

Y a todo esto tu qué haces. Bueno aparte de esto ¿Qué haces durante el día?

Nada, solo cuido a mi madre que está enferma.

Oh. Mi madre también está enferma. Está en una institución de rehabilitación. Dice que quiere curarse pero no sé si lo logre. A veces se escapa de ahí y ni siquiera vienen a vernos. Yo tengo que cuidar a mis hermanos.

Mh. Sara bajo la cabeza.

¿Se molestaran si nos sentamos un rato? Pues no hay nadie. Me voy a sentar.

Sara lo siguió y se sentó en el sillón de alado.

Aaaay me aburro. ¿Qué quieren estos tipos de nosotros? ¿Cuándo nos van a pagar?

Se levantó y fue hacia la cama. Pareció tener un impulso de aventarse pero se detuvo. Luego fue hacia la cocina. Tomo un vaso de la mesa y lo volvió a dejar ahí. Camino hacia el pasillo de la entrada y vio algo tapado con una sábana.

¿Qué será esto? Acerco su mano y un sonido apareció. Sara volteo.

¿A ver qué es? Levanto un poco la sabana y vio ¡Es un piano! Qué lindo.

—Mh ¿te gustaría tocarlo?

Sí, pero no sé.

Tal vez alguno de ellos sepa, sino porque tendían un piano.

Tal vez.

Un teléfono sonó.


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