8/16/24

Cuentos Atroces parte 20

 

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Iba a decirle que ya me iba, cuando llegaron a la canchas otras dos personas, cuando las vio se acercó a ellos y luego regreso. Nos quedamos un rato más aquí, estaba a punto de atardecer cuando nos fuimos. Salimos de las canchas y comenzamos a subir por las inclinadas calles de la colonia. Mientras caminábamos vimos a unas mujeres que iban delante de nosotros, desde aquí se veían muy atractivas y nos emocionaba pensar en ellas. Mientras las veíamos contonear sus ligeros vestidos de lejos, note que nos acercábamos nuevamente a los cuartos del trabajo. Entonces le dije que no quería ir más ahí que ya tenía suficiente de eso y ni siquiera me pagaban. El movió los ojos para todos lados y se puso muy nervioso entonces dijo:

No, no, está bien solo acompáñame a dejar unas cosas y ya.

Yo me quede serio, por supuesto que no quería volver ni un minuto más ahí.

Por favor, solo dejo esto y nos vamos.

Si quieres no entras me esperas afuera.

Asentí con la cabeza y seguirnos caminado, yo estaba serio y a un paso de encolerizarme, no entendía porque lo seguía acompañando y porque no había hecho caso de lo que me había dicho yo mismo, me había defraudado a mí mismo por tener un amigo, por unas cuantas peticiones amables me vendí y no hice lo que tenía en mi interior. Recordaba a mi padre y estaba a punto de decir algo cuando dando la vuelta en la calle del lugar vimos que las dos mujeres que habíamos estado viendo entraron a la cochera y no salieron más. Al acercarnos caímos en la certeza de que estaban adentro. Entonces juan me dijo.

¿Seguro que quieres espera aquí?

Él se aprovechó de un punto débil mío para persuadirme a entrar. Era obvio que yo deseaba estar cerca de alguna mujer y conocerla y más a una de estas que se veían tan atractivas. Así que asentí sin decir nada y solo camine detrás de él. Con la cabeza abajo y un poco avergonzado conmigo mismo por haberme defraudado, pero me decía. Quien sabe cuando vayas a tener otra oportunidad así para conocer a alguna mujer tan atractiva, además él no sabe que has renunciado. Si entro ahí sería algo completamente normal porque supuestamente sigo trabajando con ellos. ¡Es cierto! Tal vez hasta me presenten a alguna de esas muchachas porque estoy trabajando con ellos. Bueno ya estoy aquí a ver qué pasa.

Al caminar por el caminito de polvo de la cochera me acerque a Juan y le dije.

Si yo fuera ellos sacaría todo esto y pondría aquí el taller de carpintería.

El giro su cuello para escucharme y luego asentó con la cabeza murmurando aceptación. No sé porque le dije eso. ¿Qué carajos quería demostrarle?

La puerta del gordo estaba cerrada, me alivio no tener que verlo esta vez, mire para el piso y note que había una hendidura entre la pared de la otra casa y el techo de esta sobre la que estábamos y de ahí, donde terminaba el techo, una araña gruesa y peluda salía. Esto me hizo recordar y note que de ese hueco entre las paredes salía un olor de insecticida en aerosol como el que echaba mi mamá para matar a las cucarachas y a las tijerillas que se anidaban en los huecos de la pared y la pintura desprendida por la humedad. Seguramente aquí habría muchos más insectos. Juan pasó sobre la araña sin verla pero yo vi cómo se metió en un hueco entre el techo y los tabiques adheridos sobre él.

¿Cómo pudieron hacer sus cuartos sobre el techo de otra casa, acaso sus vecinos nunca han vuelto para ver lo que hicieron sobre su propiedad? ¿O es que acaso los mataron? ¿Por qué no mejor se metieron a esa casa, porque construir sobre ella? Eran en verdad unos dementes. Dentro en la habitación de las maderas el techo de lámina retumbaba, había música y estaban los de siempre junto con las muchachas y unas botellas de alcohol y refresco. Estaban tomando y al entrar una de las mujeres me vio fijamente, ella era de piel blanca, con algunos lunares negros en la cara y pelo desteñido, tenía un vestido blanco entallado con lentejuelas y escote de encaje. Cuando entramos Juan se acercó a ellos con la confianza que sientes cuando conoces a alguien de años y estas con el frente a alguien que ni siquiera lo conoce. Saludo a los señores y al muchacho. Lo escuche decir que era muy bueno que estuvieran acompañados y que ya había hecho el trabajo. Yo me adentre tímidamente en la habitación, ellos ni me voltearon a ver, la chica de blanco siguió bailando y me dio la espalda bruscamente haciendo ondear su pelo. Este era un gesto que ya había visto en otras mujeres y me hacía pensar que ahora ya no tendría oportunidad de hablar con ella. La otra muchacha me vio, mientras caminaba y dijo.

¡Ay, más carne nueva! y me señalo siguiéndome con su dedo mientras yo avanzaba. Ni creas que vas a estrenar con mi amiga eh. Ella le toca primero al jefe.

Yo no entendí lo que dijo, solo estire los labios y viéndola una décima de segundo asentí con la cabeza y voltee, me agazape en una esquina de la habitación, una en la que nunca me había parado, pues siempre se interponían los fortachones y ahí me quede tratando de moverme al ritmo de la música. Juan se acercó y me dio un vaso con refresco y alcohol, ni siquiera me pregunto solo lo puso en mi mano y se volteó a seguir hablando con los otros, ellos hablaban entre ellos y parecían disfrutar mucho de su conversación pues ese tipo incluso sonrió un poco y asentaba con la cabeza y los ojos cerrados a lo que decía Juan mientras los otros hacían comentarios. Las mujeres estaban bailando en el espacio sobrante del otro lado de los escombros y yo solo permanecía ahí mordiendo el borde de mi vaso, pensando en si tomar o no. La música iba subiendo de volumen y las chicas estaban tomando y bailando. En un momento la chica de blanco volteo directo hacia mí y estirando todo su brazo me señalo con su dedo torcido hacia arriba y dijo.

Tu niñito tonto, a que no te atreves.

Se dio vuelta y movió sus caderas con esas voluptuosas nalgas justo enfrente de mí. Cuando ella dijo esto el de la casa me volteo a ver y todo gesto de agrado que tenia se esfumo. La otra muchacha que venía de vestido rojo entallado, con lentejuelas, un poco más voluptuosa que la de blanco y de piel morena, se le acerco, lo tomo de las manos lo hizo avanzar unos pasos y se volteó frente a él restregando todas sus nalgas en su cuerpo. Pero él ni siquiera ponía atención a esto, solo me veía con su mirada aberrante. Juan se me acerco poniéndose frente a mí tapándome de su mirada y me dijo que hiciera salud y tomáramos todo el trago. Yo sentí miedo en el fondo de mi cuerpo y tome todo mi trago, luego le dije que ya me iba. Juan solo asintió y se volteó parándose frente a él ofreciéndole más alcohol. No vi más solo salí.


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