8/16/24

Cuentos Atroces parte 17


Anterior: Cuentos Atroces parte 16


Comprá el eBock kindle (oferta $149.9) Amazon KDP

Libro físico con Pseudónimo Especial ($430) Cuentos Atroces - SKAHD .l. | Autores Editores


Fue él. Dijo. Y me dio un recorte de periódico.

Vi el recorte y en el estaba la foto de una persona en una habitación acecinada por lo que parecían muchas puñaladas de cuchillo. Eso me hizo pensar ¿dónde? Acaso fue en este mismo cuarto frente al que estoy parado, trate de mirar para adentro pero las luces no permitían ver si se trataba del mismo lugar.

Es papá. Agrego.

Un escalofrió recorrió mi cuerpo y me sentí atónito, estuve a punto de vomitar en sus pies. Me pareció que entre todos los olores horribles de esa casa había también olor a sangre. El empezó a agitar el recorte con fuerza y a gritar.

Fue él, fue él.

Esto me espanto aún más y me puso los nervios de punta pensé que tal vez solo estaba jugando conmigo y quería asustarme, no era posible que este muchacho de 16 años hubiera matado a su padre y hubiera sido en esta misma casa. Al momento de pensar esto, como si lo hubiera leído en mis ojos me tomo de los hombros y mirándome directo a los ojos volvió a decir.

¡Fue él!

Solo moví la cabeza y asenté con las manos siendo condescendiente con esta persona para que no me dijera más ni me siguiera y me aleje. Iba a girar hacia la escalera pero lo dude por un segundo, pues no estaba seguro de si me estaba diciendo la verdad y de qué pensaría Juan por haber abandonado el trabajo que me consiguió entonces desde arriba de la escalera uno de los hombres me llamo.

¡Ven! Te habla.

El miedo me invadió y sentí que si desobedecía podía ser yo el siguiente acecinado. Y a pesar de que quería irme no lo hice. Seguí recorriendo el pasillo aun a pesar de estar temblando. Pase junto a la tercera puerta y vi que no tenía puerta en sí, dentro todo estaba a oscuras pero note una cama entre montones de objetos. Subí hasta la última habitación y ante la luz amarilla de un único foco que colgaba de su cable vi que habían movido las tablas que tapaban la visión del fondo, sin embargo, todo seguía arrumbado y la máquina de en medio aun tapaba un poco la vista. Los dos de las chamarras de cuero me vieron y luego lo vieron a él. Estaba con la mirada fija en lo que hacía, parecía que estaba clavando tablas para unirlas. Entonces si es un carpintero, pensé. Me aproxime hacia allí para ver si podía ayudar y aprender de lo que estaba haciendo, pero uno de los hombres me detuvo parándose frente a mí.

Ahora lija esto. Me dijo y me dio maderas gruesas y redondas. Supuse que ahora si habría trabajo y me puse a ligarlas como el día anterior atento a todo lo que susurraban a ver sí en algún momento se les cruzaba mencionarme a mí y lo que me pagarían, pero no pude escuchar nunca lo que decía y menos que me mencionaran. Después de un rato el tipo salió dejando lo que estaba haciendo y todo en el lugar donde lo estaba usando pero no regreso. Después de un rato más los hombres salieron también y cerraron la puerta de metal soldado que tenía este cuarto. No sé cuántos de estos palos lije pero pase lijando todo el tiempo hasta que se oscureció. Sentí que había sido demasiado tiempo de estar lijando sin que ellos se aparecieran, y era momento de que me fuera pues había cumplido con mi trabajo de hoy, entonces me acerque a la puerta y estaba cerrada por fuera. ¡Pero que rayos me habían encerrado! ¿Estaban locos, por que hicieron eso? Mi mente se empezaba a volver loca y me arrepentía de haber entrado ahí. Comencé a mirar para todos lados buscando como salir y pensando en por que habrían echo eso. Mire el hoyo que tenían las láminas del techo y pensé en que tendría que salir por ahí. Pero estaba muy alto. Iba a encimar las cosas para lograr llegas hasta él. ¿Pero luego como bajaría? Recordaba las paredes de fuera y no tenían marquesinas tendría que aventarme de una altura de un piso y luego de dos. Tal vez me rompería un hueso pero lograría salir. Miraba todo el espacio comenzaba a ver como acomodar las cosas para subir hasta arriba. Entonces entraron los hombres de chamarra.

¿Por qué no te has ido? –Pregunto uno de ellos.

Me quedé estupefacto, voltee a ver todos los palos que lije. Y dije para mis adentros ¿Qué, acaso no me encerraron? Mi estrés y mi cólera bajaron sus niveles, pero no sabía si lo decían enserio o estaban jugando conmigo.

Ya te puedes ir. –Dijo entonces. Y yo le conteste sin pensar creyendo que ahora teníamos un poco de confianza pues supuestamente habían confiado en dejarme solo aquí.

¿Y cuándo me van a pagar?

Ambos voltearon contra mí al mismo tiempo y me miraron fija y seriamente. Pensé que tal vez les había molestado mi pregunta, quise irme no sabía que hacer o que más decir, ellos notaron mi incomodad y al fin uno dijo.

Primero trabaja.

Y el de atrás frunció el ceño y avanzo un paso. Con esto me quedo claro que no querían decir más, ni más preguntas, entonces salí. Baje rápido las escaleruchas atravesé el pasillo y vi como de la primer puerta, la que estaba frente a la escalera emanaba algo de calor y se oía un poco de ruido, debe ser su cocina pensé, cruce la cochera y me pregunte por que no bajaban aquí sus máquinas y hacían aquí su taller. Esta cochera no era como las de otras casas que no tienen ni puerta, aquí solo tenían que poner seguro y nadie tendría porque robarles nada.

El camino a mi casa fue de cólera total y quejas internas, el idiota para el que supuestamente trabajaba era un chamaco menor que yo que ni siquiera hablaba y dejo todo ahí botado quien sabe por qué y sus achichincles casi me golpean por preguntar sobre lo que me corresponde, mi pago por el trabajo que he hecho. Esto estaba mal, nunca había trabajado pero estaba seguro que esa no era forma de tratar a un empleado. ¿Por qué me veía de esa forma? ¿Por qué me provocaba esas sensaciones con solo verlo? ¿Y qué sería lo que él que pensaría de mi al verme? Todo estaba oculto en esa cara inexpresiva y mirada helada. Parecía que la clavaba y la dejaba ahí mientras dentro de él corrían deseos perversos. Ya solo esos malos tratos hacia mí me tenían muy molesto. Y además ¿Me habían encerrado? Yo moví la puerta varias veces con mucha fuerza y no pude abrirla. ¿Enserio me equivoque y no estaba cerrada? ¿Acaso no supe como abrirla? Por lo que dijeron los tipos supondré que si fue eso y nunca estuve realmente encerrado. Válgame estaba dispuesto a romperme un hueso para salir de ahí. Pero bueno eso no paso, solo se molestaron por haberme quedado ahí. ¡Bah!


Siguiente: Cuentos Atroces parte 18


Comprá el eBock kindle (oferta $149.9) Amazon KDP

Libro físico con Pseudónimo Especial ($430) Cuentos Atroces - SKAHD .l. | Autores Editores



No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Quien es Hector Daniel Sanchez Castellanos Altamirano

Post Anterior.  Hector Daniel Sanchez Castellanos Altamirano, quien escribe crea este sitio con un claro propósito, el de ayudar a la gente ...