8/15/24

Cuentos Atroces parte 8 El gato pardo

 

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El gato pardo

Esta es una historia situada en un futuro donde la tecnología se ha adaptado aún más a nuestras vidas pero lamentablemente en nuestras condiciones, no para mejor, si no para hacerlas más violentas.

Yo estaba en el parque sucio y descuidado de mi colonia marginada, ahí empecé una partida del famoso juego de disparos para el móvil. En este juego mediante la realidad aumentada del celular puedes ver el mundo mezclado con la fantasía del juego. A través del celular puedes ver a los otros competidores con su vestuario de combate, sus armas y aditamentos, a la vez que lo usas como la mira de tu arma, su gatillo y tus propios aditamentos. El celular hace el papel de tu arma.

La partida se inició con los únicos tres jugadores cercanos que había, yo y dos mujeres del barrio con las que tenía riñas muy reales y desde hacía tiempo había decidió tomarles ventaja cada que pudiera por el odio mutuo que nos teníamos. A lado de mi estaba mi amigo que no tenía celular, pero iba a participar a mi lado como un supuesto asistente, que en realidad lo único que podría hacer era ver el juego desde mi celular.

Ya lo tenía todo planeado, iba a ser una partida corta solo tenía que bloquear a las dos oponentes ya que el tiro no era mi fuerte, en el momento justo para tomar la caja de premios. Yo tenía esta traba en mi mente de que no podía posicionarme ante los demás como me consideraba por portarme modesto cuando no era indicado y terminaba solo siendo humillado, ocultaba las cosas que realmente me hacía sobresalir sin poder usarlas para conseguir el respeto que pensaba merecía. Quería mostrar esta vez la ventaja que yo tenía sobre ellas de unos pequeños mandos conectados por bluetooth al celular que servían en el juego para dar precisión al lanzamiento de granadas y barreras contra disparos y así con mi pequeña ventaja sorprender a todos y ganar algo de respeto.

El momento había llegado, sabía que no lograría dar a la cabeza y terminar con la partida limpiamente entonces tenía que repelerlas hasta el momento indicado y ahí provechar los obstáculos que ellas tenían a su paso para llegar antes a la caja de premios y bloquear su paso para que ellas no pudieran tomarla. La supuesta radiación mortal que nos empujaba al centro ya estaba tras nosotros. Aproveche hice mi movimiento y llegue a la caja pero al momento mis barreras no salieron. Lo intente dos veces y no pasaba nada, mi estúpido mando no estaba funcionando. No pude bloquearlas, llegaron y me dispararon en el juego. ¡No puede ser! Era mi momento, además no tenía nada más que apostar, llevaba en el corazón los quejidos de mi madre que no tendría ni para comer ese día, lo que yo ganaba vendiendo en un triciclo no servía ni para comprarme abiertamente los caprichitos que quería y ahora esto. Había perdido todo en este estúpido juego y lo habían ganado estas deplorables mujeres.

No lo pude soportar, les dije que no era cierto, que había sido trampa, que mis mandos no funcionaron y les trate de mostrar cómo aunque lo intentaba no respondían, los vi y prendían las luces como se supone prenden cuando están encendidos, aunque en ese momento me pregunte si los había conectado bien o por tanto pensar en mi rencor hacia ellas y mi estrategia había olvidado ese detalle. Enfurecido dije, esto fue trampa, tome la caja de premios y pretendí llevármela, obviamente me detuvieron, ya presentía sus asquerosas uñas de lagarto sobre mi cara como lo había hecho antes. Mi amigo no hacía nada como siempre el idiota presenciando mi desgracia sin siquiera una palabra.

Ellas eran dos mujeres cadavéricas, con los dientes salidos separados de la encía, la más alta y mayor era la líder, con su pelo pintado de negro y las puntas de azul, sombra exagerada en los parpados color azul marino, playera negra con estampado de personajes de caricatura y pantalón también negro tenía algo desagradable que me hacía evitar verla para bajo siempre, solo veía su cara porque tenía que hacerlo inevitablemente. Su amiga tenía el pelo pintado de naranja con rayos más claros era más delgada e igual de fea. A ella yo evitaba verla siempre. Ya me parecía asqueroso tener que ver la cara de la otra con ese olor fétido en su boca.

Trato de arrebatarme la caja y yo trate de llevármela por la fuerza, entonces en un segundo me golpeo la nariz, lo que me hizo salpicar una gota de sangre. Y le dije.

—A muy bien, eso muy bien, ahora si te voy a demandar pendeja, para que te lleven y te largues de una vez de aquí.

Vi a mi amigo y en su mirada estaba lo que me hizo recordar que mi nariz casi nunca sangra ante los golpes. Entonces voltee hacia ella otra vez que estaba diciendo creo, que nadie le iba a hacer nada por eso. Pero no la escuche y trate de incitarla.

Te gusto pues órale dame otro aquí mira, aquí merito, señale y puse bien al descubierto mi nariz.

Y pues me lo dio, me dio dos creo y salió un poco más de sangre pero apenas y me mancho mi camisa blanca y vieja. Yo estaba cabreadísimo, y su amiga grito algo. Entonces se me aventaron y yo con la caja de premios la golpe justo cuando venía hacia mí usándola como un grillete. Después del golpe la caja se zafo de su agarradera y cayó al piso. La vi romperse y mi apuesta quedando abajo dentro de ella también mientras lo de ellas quedaba ileso. No lo podía creer, pero tenía el consuelo de la sangre y ahora mismo iba a denunciar a esas tipas.

Llegue a la mini comandancia de mi colonia que estaba justo en la esquina del parque y les dije que quería levantar una denuncia por agresión. Porque unas satánicas me habían golpeado. Me dijeron que me sentara y llamaron a otro. Parecía el jefe o algo así. Le dijeron dice este muchacho que unas satánicas lo golpearon y según viene todo manchado de sangre. Ese tipo se sentó en su escritorio y dijo. ¿A pero eso fue por el jueguito ese no? Como si lo hubieran estado viendo todo. El otro dijo que sí. Y el jefe. No pues no podemos hacer nada, eso no está en mi jurisdicción.

Yo encabronadísimo, dijeron que también tenían el juego y hablaron entre ellos, no sé qué estupideces se dijeron, no los oí, igual preguntaron a mi amigo su versión de los hechos. Entonces el jefe dijo, no pues ya vez no podemos hacer nada. Y me dijo a mí, pero si quieres yo también lo tengo vamos a echarnos una a ver que pierdes ahora. Me súper moleste y los maldecí no sé qué tanto dije pero les escupí odio con mis palabras. Y el imbécil de mi amigo de seguro no dijo nada a mi favor. Salimos de ahí y nos fuimos.

Mi casa estaba justo en esa calle que hacía esquina con la comandancia y daba directo al parque, de hecho no era ni una cuadra lejos del parque. Vivía ahí con la familia de mi amigo y mi padre alcohólico que estaba de arrimado, pero se desaparecía por días o hasta semanas sin que nadie supiera donde estaba. No entramos por la puerta principal para que no nos viera su mamá. 


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