8/16/24

Cuentos Atroces parte 21

 

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La puerta del gordo estaba abierta por completo y justo en la entrada un recorte de periódico en el piso completamente dispuesto para que lo tomara. Pensé en tomarlo para leer la noticia y resolver definitivamente mis dudas. Vi la foto mientras me alzaba y al llegar hasta arriba ahora con la luz roja apagada y solo la luz azul de su cuarto prendida puede notar que este cuarto era justamente el de la foto del periódico, me estremecí al ver las manchas de sangre idénticas en el recorte y en el piso solo que sin el cadáver y todo exactamente igual excepto por los recortes de periódico pegados en la pared, hasta las sabanas de la cama eran las mismas, solo con otro tono de color que les daba la luz azul que se tambaleaba como foco de pollería. Salí casi corriendo y avance muy apresurado hacia mi casa, no quería voltear atrás, sentía gran miedo de que pudieran venir atrás de mí, iba sudando frio y solo quería llegar a casa para sentirme seguro. Entre casi llorando mientras todos me veían. Me fui directo a la cama y tape mi cara con las cobijas. Aun me sentía pasmado y dormí abatido por la impresión mientras mi corazón latía fuerte.

El día siguiente, trascurrió normal, pareció un día como cualquier otro, nadie se apareció bajo mi ventana, yo no salí ni hice nada más que pasar el día completo en casa junto a mis hermanos y mi padre. Estuve nervioso de que alguien viniera a buscarme pero en el trascurso del día me calme, pensé que ya todo había acabado, no volvería a ese lugar definitivamente, buscaría un verdadero trabajo y ahora si me pondría a cumplir mis esperanzas. El día termino, al llegar del trabajo mi madre hizo la cena, comimos todos juntos y nos acostamos. Pensé que ya todo había terminado y dormí con una sonrisa en los labios.

Al día siguiente cuando ya había amanecido. Escuche un golpeteo en la ventana, me levante de la cama y me asome. Era Juan que me decía que bajara. En realidad no tenia deseos de hacerlo, prefería quedarme en la cama. Pero el insistió y yo ya había asentido con la cabeza involuntariamente así que cruce la habitación con desánimo y pesadez y baje, pero pensaba en que si me decía que fuera otra vez allá definitivamente no lo iba a hacer. Me dijo que fuera que él quería darme algo. Le pregunte que era, dijo que no sabía que tenía que llevarme porque me iba a dar algo. Pensé que tal vez era mi pago. Y ni por tanto que decidí el día anterior a no regresar ahí, pude mantenerme firme en mi decisión y acepte ir. Pero le dije que esperara a que me cambiara. Volví a subir y dentro mi padre me miraba indeciso y parecía tener un sentimiento raro en él, se notaba que quería decir algo pero no decía nada. Yo pensaba ahora como me libraría de ir ahí de nuevo. Si ya le había dicho a Juan, que iba. Entonces en mi mente exploto la idea de lo que hacía mi padre con mis hermanos, primero les dice que si y si cualquier motivo desagradable se tropieza en su camino él no dudaba ni un momento en cambiar su decisión y mandar al carajo cualquier promesa o compromiso que haya hecho. Pero por dejar enojados a mis hermanos o a mí consideraba este acto negativo y malo. Por eso me decía que yo no sería así y no me portaría como él. Entonces con esta argumentación en mi cabeza salí desanimado mientras mi padre me seguía viéndome.

Avanzamos y yo no podía entender como a Juan no le paraba la boca, ni siquiera parecía estar disfrutando hablar tanto. Estaba sudando, muy nervioso y más bien parecía agonizante por no poder parar de hablar. Yo ni siquiera contestaba pero el insistía e insistía con cosas cada vez más absurdas para llamar mi atención. Solo quería saber que me daría y regresar a casa. Se lo pregunte unas cuantas veces pero siempre me dijo que no sabía que tenía que ir yo para que me lo diera. Al llegar entramos a la cochera esta estaba vacía y barrida le pregunte a Juan porque y me dijo que iban a poner un taller de muebles ahí. Vaya han tomado mi idea, pensé. ¿Será que quiere agradecérmelo? Subimos hasta el cuarto de hasta arriba y esperamos ahí casi media hora y luego aparecieron los músculos y detrás de ellos el tipo este.

El me vio a los ojos y yo a él. Percibí el olor a humedad que emanaba desde dentro de una chaqueta negra de piel que llevaba. Lo contemple por un momento ahí parado, con sus ojos grisáceos y huecos, su nariz corta y su piel morena con sus pómulos unidos y cabeza plana con el pelo cortado y apachurrado sin peinar. Parecía que le enfurecía mucho tener que alzar la vista para poder ver mis ojos pues yo era más alto que él. Oculto su ira en un parpadeo y bajo la mirada se acercó hasta mí y disimulo un gesto amable para decirme muy cerca de mi oído.

Aquí espérate eh. Ahorita vienen, te van a dar algo.

Sentí el frio de su chaqueta acercarse y alejarse y note un olor fuerte que me hizo pensar en el color negro y que me recordó el olor que percibía cuando matábamos a las tijerillas que anidaban en las paredes de mí casa, emanando de su boca. ¿Lo dice enserio al fin me van a pagar, o ese gesto en verdad fue fingido? Me pregunte. Él ya se alejaba caminando hacia atrás, cuando la sirena de una patrulla se aproximó haciéndose más fuerte. Y un segundo o dos después de que él se paró en su posición original, una patrulla freno derrapando frente al zaguán y apago la sirena. ¿Qué podía estar haciendo esa patrulla ahí, vendrían a arrestarlo por los asesinatos?

Oímos pesados zapatos caminar por el pasillo apresurados y acercarse. Entonces los dos policías que habíamos visto antes en su patrulla entraron en el cuartucho y me vieron. El gesto de alguien me indico que ellos me entregarían. Y me pregunte que podrían entregarme ellos, como era posible que ellos trajeran mi pago. Acaso vendieron lo que les dimos antier y me darían una parte.

Se acercaron a los musculosos y a él. Los saludaron sonrieron, les hablaron amigablemente y uno de ellos pregunto.

¿Es él?

Nadie se movió, se aproximaron a mí y vi como uno miro el hoyo en la rodilla de mí pantalón, pensé, me hubiera puesto el otro, bueno si está roto ¿y qué? por eso voy a trabajar. Se puso un policía delante de mí y otro atrás. El de enfrente me dijo, levanta las manos y abrió sus brazos a los costados indicándome como. El de atrás empujo mis muñecas a los lados haciéndome abrir los brazos y toco mi torso, luego mi cadera mis piernas y al final el hoyo de mi rodilla, metió un poco el dedo y lo saco, luego alzo una bolsita de polvo blanco y dijo.

Mira lo que tenemos aquí, este chamaco así como lo vez de calladito.

Yo enfurecí y en mi mente apareció el impulso de decir, chinguen a su madre, eso no es mío y bajarme los pantalones para que vieran que no habría forma de que yo llevara esa cosa en mi rodilla, si era necesario aventárselos y salir desnudo de ahí pero libre y demostrarle a todos quien, era para después largarme de ahí sin más penas en mi conciencia. Pero no lo hice, no me atreví a hacer ni a decir nada. Entonces el policía de enfrente dijo.

Sí, si fue él.

Tomo mi muñeca me volteo y me empujó hacia afuera. Yo trate de frenar con mis pies y apreté mucho los dientes tratando de que vieran mi gesto de coraje para que se arrepintieran y alguien frenara esto pero sin poder decir nada. Él otro me tomo del otro brazo y dio un golpe a mis pies haciéndome caminar. Vi a Juan bajar la mirada ante mis ojos cuando le pase enfrente, luego lo vi a él, seguía con el rostro sin expresión alguna pero me veía fijamente con esa mirada mientras los policías me hacían avanzar. Al salir de casa al fin comencé a gritar. Suéltenme yo no hice nada, y todo lo que se me ocurría, sin embargo la calle estaba desierta. Me metieron a la patrulla. Sentí un gran odio e impotencia, me arrepentía tanto de lo que hice. Tenía la esperanza de que solo me sacaran de la casa y me dijeran que me fuera o que lejos de ellos los policías me soltaran pues les constaba que yo no había hecho nada. Pero encendieron la sirena y salieron a toda velocidad. Pensé en cuando tendría oportunidad de verlo otra vez de frente y vengarme por lo que me había hecho pero me tenían esposado y ni siquiera volteaban a verme. No volví a pensar, no quería reparar en mis horribles errores y en como mi falta de carácter le había permitido a esas escorias hacerme esto. Pase meces volviéndome loco con una semilla de odio creciendo en mi interior que me provocaba dolores psicosomáticos pero aun así no quería ir a ella, hasta mi juicio. Esos bastardos le mostraron al juez una bolsita de cocaína que supuestamente era mía. Y me acusaron por la sobredosis de 5 chicos y de haber vendido una libra de cocaína los días anteriores. Me juzgaron como adulto por mi cercanía a la mayoría de edad y no me han dictado sentencia. Y mi madre ni siquiera sabe dónde estoy.

Ahora tengo presente como nunca que lo que debí haber hecho fue bajarme los pantalones y decir con todo el coraje que pudiera. ¡Chinguen a su madre yo no traía eso! Quitármelos y mostrar que no había ningún lugar donde pudiera esconderlo menos en el agujero de mi pantalón. Y si era necesario salir de ahí desnudo dejándoles su pertenencia aun con la prenda de mi ropa donde pretendían sembrarla, pero no lo hice. No creí en mí y no creí en mis instintos. Y ahora, Juan me dice que le de mi historia basada en un hecho real para que la de a conocer y todos sepan lo que me paso.


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