Anterior: Cuentos Atroces parte 9
Comprá el eBock kindle (oferta $149.9) Amazon KDP
Libro físico con Pseudónimo Especial ($430) Cuentos Atroces - SKAHD .l. | Autores Editores
Estuvo ahí todo el tiempo y nunca dijo nada, solo se recargo en una esquina y permaneció ahí, en momentos chupando un palillo de madera.
Era casi hora de que se pusiera el sol. El Trunco le dijo a su banda de retrasados. A ver paséense y busquen donde se van a dormir. Todos entraron como corderitos después de ellos entraron sus segundos los morenos y se oyeron golpes y gritos luego salieron unos retazados con la cara agachada y se sentaron en el piso de la sala. Entendí que yo no tendría donde dormir luego vi a mi padre tirado y también entendí que nadie lo recogería. Los esqueléticos se aproximaron a la puerta de la casa y me hicieron a un lado pues yo estaba ahí recargado. Luego se aproximó este tipo elegante. Vi las tijeras que estaban tiradas y vi las que estaban más cerca de mí. Estas tenían las navajas mucho más pequeñas y como si fueran para cortar ramas. Las levante y pensé. ¿Qué tal si juego un poco con ellas? De todas formas aquí la vida no vale nada y está permitido jugar con tijeras. Me visualice aproximándome al Trunco y enterrándolas con todas mis fuerzas en su pecho ahora que estaban todos distraídos y salir corriendo al momento por la puerta de enfrente. Ya las tenía en mis manos estaba a unos tres pasos de él. Pero igual dude que tal si su grasa y costillas no me permitían meterlas hasta su corazón. Seguro que morir no sería lo único que me pasaría si el sobrevivía. Y si lo mataba quedarían al mando este par de sádicos. Así no vengaría nada ni haría un mundo mejor. Las solté y salí corriendo, me lo estaba jugando todo, si habían cerrado la puerta esto terminaría antes de empezar. Estaba abierta, en cuanto se oyeron las tijeras caer al piso y me vieron correr gritaron. No lo dejen ir. Como si pudiera hacer algo yéndome. Tal vez fue más por coraje que por lógica que tantos salieron tras de mí. Pero ya había salido y azotado la puerta.
En un segundo pensé, lo primero que esperan es corretearme y seguro me alcanzaran así que no me iré por las calles. Hare eso que se me había ocurrido antes. Me meteré entre las cuadras y me colare por los tejados de las casas hasta que logre escapar. Solo me preocupaba que pensaran que me fui a casa de mi madre y me buscaran allá, pero no se me ocurría como solucionarlo. Sobre la calle había carros destartalados y abandonados, de lado de los jardines maleza que salía de las bardas y tapaba la visión. Varios de los lotes siguientes de esta misma cuadra estaban abandonados. Entre ellos uno con una casita pintada de azul que siempre me pareció linda y confortable. Yo me preguntaba de ella como lograron hacer una casa tan bonita en esta putrefacción. Siempre me ganaba el respeto y siempre me había limitado a hacer lo que ahora no. Subí a su barda de cemento hasta el enrejado, lo trepé y me metí. Rápido por encima de toda la pared lateral llegué al techo, lo crucé hasta el jardín trasero. Una ventana estaba rota y por ahí me metí, a lo que parecía una cocina pero no me atreví a hacerme más al frente para que no me fueran a ver por la maya de alambre. Me quedé inmóvil, oí los pasos agitados y los gritos en la esquina. ¡Atrápenlo! ¿A dónde se fue?
Pronto oscureció y no se oían más ruidos. Abracé la esperanza de poder dormir aquí sin que me descubrieran. Si nadie me vio entrar casi había logrado asegurar mi vida. Solo tenía que seguirme escabullendo hasta lograr salir en un lugar seguro y largarme de una vez por todas de este maldito lugar donde de todas formas no tenía nada. Y le pedí a Dios que mi madre estuviera bien, que por algún milagro no me fueran a buscar con ella o no supieran de ella. Esto me estremecía, solo pensar en esto me provocaba unas verdaderas ganas de suicidarme por mis lagrimales pero ya vería que pasaba y si esto paso tal vez antes de intentar irme intentaría matar a los más que pueda de este grupo de sádicos. Me deje llevar por mi único consuelo que era el sueño y me fui de esta realidad grotesca por unas horas.
A la mañana siguiente con los primeros rayos del sol desperté por unos rechinidos. Me asome sobre la barra de la cocina y vi que en el jardín de esta casa, en los columpios y juegos de metal había unos niños pequeños jugando. Eran los de la casa de alado que no estaba deshabitada pero parecía cerrada herméticamente, nunca había visto a los adultos que viven ahí solo a estos niños cuando salían por minutos y me preguntaban tonterías cuando yo estaba en el parque antes de que les gritaran desde el interior. Se veían muy confiados como si ya conocieran el lugar. Debían ser las 7 u 8 de la mañana. Yo no solía despertar tan temprano tal vez por eso nunca antes los había visto aquí. Me agaché y me senté tras la barra, sentí el malestar en mi estómago. Afortunadamente había comido esos huevos con frijoles el día anterior si no el malestar sería peor. Reparaba en que hacer ahora. Supuse que lo mejor era quedarme aquí el mayor tiempo posible y hacer lo que nunca hacen los tontos en las películas, esconderme en el lugar más cercano al enemigo mientras este los busca por todos lados y se aleja cada vez más. Sí, estaba decidido permanecería aquí todo el tiempo que pudiera y cuando se calmaran las aguas me escabulliría a buscar comida y otro refugio. Pero unas pocas horas después desde afuera alguien grito. Niños ya salgan de ahí. Abrió la puerta y entro sin necesidad de llave. ¿Acaso la puerta siempre había estado abierta y yo con mi absurdo respeto nunca entre a jugar a aquí? Era ese tipo elegante. Lo vi y me escondí rápidamente. Me sentí como una gallina cuando es perseguida y el miedo le impide quedarse escondida. Lo oí cruzar el jardín y luego lo oí hablar muy cerca de mí. No pude más, trepe a la ventana rota y salí de la casa al jardín trasero. El me oyó y gritó hacia afuera. ¡Hey aquí esta! Los niños salieron y entraron a su casa. Al momento unos de los retrasados entraron y rompieron los vidrios de enfrente para intentar entrar y atraparme pero no pudieron entrar. El elegante les dijo. ¡No por el otro lado¡ Y salieron corriendo mientras otros ya estaban adelantados a darle vuelta a la cuadra para atraparme de ese lado.
Pensé que justamente eso esperaban ellos, atraparme ahí al salir corriendo así que no les dejaría el placer. No me detuve al atravesar la cuadra y al llegar a la calle la cruce rápidamente esperando que no me vieran y trepe por la barda de ese lado. Era la bardad de una escuela abandonada. Pensé que si no me habían visto entrar aquí podría continuar mi plan de desaparecer un rato. Al entrar me sorprendió ver a unas niñas jugando ahí adentro como si nada pero según yo esa escuela estaba cerrada con llave. Cuando me vieron se metieron a un salón pequeño que estaba oscuro en su interior. Seguí caminando hacia adentro. Escuche a mis espaldas un fuerte ruido de metal. Era el elegante que se estaba brincando. Corrí por la escuela y llegue a los lavamanos de los baños. Ahí estaba una señora con una casaca azul marino tenía una jerga en las manos y la estaba enjuagando en el lavamanos pero no tenía ningún bote ni escoba cerca, parecía más bien que lo estaba simulando. Me pregunté si acaso el gobierno seguía pagando para que limpiaran una escuela abandonada o que hacia ella aquí.
Pero no podía seguir pensando en eso necesitaba resolver esto. Sabía que si continuaba derecho llegaría a la reja de la entrada y ahí el caso sería el mismo así que no era opción. Vi que a la izquierda había un enrejado por el que podía trepar así que no lo pensé acelere hacia el esperando que no me viera y pensando cómo defenderme si me veía. Sabía que si yo lograba matarlo a él tal vez me salvaría pues estos idiotas nunca van tras el asesino de uno inferior en su cadena. Pero el que el supiera donde estoy y que no estoy con mi madre me resolvía el problema de que la fueran a buscar.
Siguiente: Cuentos Atroces parte 11
Comprá el eBock kindle (oferta $149.9) Amazon KDP
Libro físico con Pseudónimo Especial ($430) Cuentos Atroces - SKAHD .l. | Autores Editores
No hay comentarios.:
Publicar un comentario