8/15/24

Cuentos Atroces parte 14

 

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Tal vez tendría que quedarme aquí más tiempo y pensar en cómo desaparecer de la ciudad. Estaba muy ansioso para dormir así que decidí trepar por la pared agrietada del costado y explorar los alrededores a ver si encontraba algo interesante o un mejor refugio.

Nada por aquí, solo eran techos y paredes. Explore lo mejor que pude todos los lugares por los que podría andar y no encontré nada. Cansado regresé a la casita y pude concebir el sueño. Amaneció de nuevo. No quería más zanahorias y elotes, tampoco me quería arriesgar a que los dueños de los cultivos me vieran. Tenía que hacer otra cosa. Lo pensé un rato y decidí ir a la casa de mi madre. Si esto había terminado tal vez ya no me buscarían. Y si no, era mejor que estuviera ahí para defenderla. Pero nunca vi que los retrasados hicieran algo solos, eran como la manada del Trunco y no actuaban por iniciativa propia, sin su líder no esperaría que hicieran algo por ellos mismos. Además habían llevado a su pareja a prisión. Vaya a veces la vida y el destino pueden ser muy generosos, perdí a mi padre pero recupere a mi madre. Estaba resuelto buscaría a mamá.

Casi a medio día termine de resolver ir con mi madre pero al empezar el camino por pura casualidad vi mi ropa y me percaté de estar cubierto de sangre, esto se había borrado por completo de mi mente. Ya me había acostumbrado al olor y las manchas. La bodega donde encontré este saco ya estaba cerrada y demasiado lejos como para ir a comprobar. Subí a las otras bardas que detecte estaban mi alcance con la esperanza de encontrar alguna ropa tendida o algo interesante. Una daba directo a un patio con perros que en cuanto me vieron se arrancaron a ladrar feroz mente con lo que me pareció deseos asesinos. Ni hablar por ahí no había que arriesgarse. Otra me llevo a un jacalito con techo de lámina el cual tenía un patio al otro lado. En este si había ropa tendida pero se veía tan desgastada como todo alrededor que tomarla no me pondría en condiciones mejores que las actuales y tal vez le quitaría a quien lo necesita tanto como yo. Me fui de aquí, tampoco era opción. La siguiente barda que pude saltar solo me llevo a techos y más techos, atravesándolos hasta el final llegaba a la calle del otro lado pero estaba demasiado alto para saltar. Al atravesar los techos de regreso oí unas voces por unas ventanas abiertas. Corrí a esconderme y me puse frio al pensar que alguien me haya visto. Pero no, las voces continuaron con el mismo tono y sin parar, luego oí unas risas estridentes y note que las voces eran de mujer. Esto significaba que no se habían percatado ni un poco de mi presencia. Salí de mi escondite y continúe de regreso. Pasé alejado pero frente a la ventana. No pude evitar voltear y vi a una mujer madura de unos 40 o más y a una jovencita en ropa interior con falda y sin blusa. Ahora mi corazón calentó todo mi cuerpo y no pude evitar buscar más de esa visión. Me acomodé en un lugar donde esperaba no me vieran y yo pudiera ver. A primera vista pensé que la jovencita tenía un sostén café claro pero ya que trataba de ver mejor no lograba distinguir si estaba al descubierto o si tenía bra. En un minuto vistió su blusa y se fueron. El espectáculo había terminado. Yo dese con toda mi alma no ser tan pobre y poder llegar como un pájaro carpintero a golpear esa ventana y ser aceptado por esa bella jovencita que me había dejado casi enamorado. Esperé un rato. Esperé más y más pero no regresó. El hambre me invadió y por más que quise esperar era insoportable. Bajé, crucé los sembradíos y entre por una de las pequeñas calles de nuevo a la ciudad.

Avanzaba lentamente por la ciudad, sé que iba a ver a mi madre pero me sentía desganado, sumamente débil hasta para caminar y por alguna razón una gran melancolía invadía mi pecho. Solo avancé hasta llegar, ella ya estaba ahí, mis ojos se dilataron al verla pero no me sentía feliz. Tenía algunos moretones en la cara pero estaba bien. Esto me hizo sentir orgulloso y esperanzado a que todo siguiera bien. Me dijo que al fin venía, que estaba flaco y que si no me había bañado. No contesté nada, solo me senté y vi la mesa, quería deshacerme pero no quería que ella supiera nada de lo ocurrido. Se apresuró a preparar algo mientras me contaba que unos tipos entraron a robar hace dos noches y Javier había llegado justo en el momento indicado a salvarla. Pero que después los policías se lo llevaron y que son unos idiotas por llevarse al que hace el trabajo que no pueden hacer. Parece que no noto ni un poco el hecho de que yo estaba cubierto de sangre. Me pidió que fuera por un café y unas galletas mientras terminaba de cocinar. Salí, caminaba despacio pateando una piedra entre las calles de los altos edificios. La casita de mi mamá de un solo piso era la más pequeña justo en una esquina y rodeada por todos lados por edificios plateados cubiertos de vidrio y espejos. Pensé que tal vez si me podría quedar con ella, que podría limpiar el saco y podría seguirlo usándolo sin los rastros de mi crimen. El lugar donde compraría el café estaba ya solo a unos metros. Estaba pensando en una frase coloquial que se dice sobre tomar café, cuando la patrulla que estaba en la esquina anterior a la que no le había tomado importancia alguna se paró junto a mí. Rayos como fui tan idiota, no tenía que dejar que nadie me viera, menos ellos, lo había olvidado. Los policías que salieron y me tomaron dijeron que se me buscaba por invadir una escuela pública y aterrorizar a los alumnos y maestros en medio de las clases y que me tenían que llevar a jefatura para hacerme reconocimiento.

Pase la noche en una pequeña celda durmiendo en la banca de concreto, ni siquiera me pareció incómodo y olvide mí hambre. Recordé lo que dijo el policía. ¿Por qué me quieren encerrar? Bah, no me importaba, había tres personas menos en este planeta por mi culpa y yo ya me sentía muerto desde hace unos días. Que más daba la cárcel. Al día siguiente me enfilaron con otros dos muchachos y escuche una vos aguda e histérica. –Es ese, él de la izquierda. Yo estaba a la izquierda, valla novedad.

Me llevaron al correccional de menores. Estuve ahí 6 meces, salí una semana antes de cumplir 17. Nadie se había dado cuenta de mi verdadero crimen y ese maestro con cara de cobarde a fin de cuentas me había salvado la vida. Al concluir mi sentencia me enfilaron a pasar por una pequeña ventana enrejada. Un uniformado me entregó mis cosas. Dijo que la ropa se había quedado como evidencia y solo me entregaba mis zapatos, mi celular y la joyería de fantasía que llevaba en el saco. ¿La joyería? Pues gracias

Salí y mi mamá me estaba esperando, ahora sí que me alegraba verla 6 meces y ella seguía bien. Este era mi mejor regalo de cumpleaños. En cuanto pudo me lo contó. Su pareja seguía presa y tal vez le darían de 20 a 40 años de prisión cuando concluyera el juicio, no la dejaban testificar y el fiscal decía que el formaba parte del asalto. ¿Estúpido sistema criminal, cuantos años más? A mi padre lo habían asesinado junto con otras personas en la casa de Jesús, con quien carajos se juntaba mi padre pregunto, afortunadamente tu no estabas ahí dijo. Ser tan huraño te salvo después de todo. Siempre con sus chistecitos.

Pero lo más raro de todo fue que él tenía casi dos días de muerto más que los otros tres. Me mostró el periódico donde lo decía todo. El asesino ya estaba tras las rejas. La señora de la caza lo había identificado por la ropa elegante que usaba comúnmente en el barrio y le contó a la policía como él con sus amigos llegaron a invadir su casa y prácticamente esclavizarla a ella y a sus hijos después de dejar a su hermano invalido, pero por alguna razón se volvió en contra y regreso para acecinarlos a todos. La policía encontró en un predio que estaba a nombre de sus padres el arma homicida y una pistola P99. Fue capturado fácilmente por el Juez local y dos elementos judiciales. Ya en prisión se le achacaron otros crímenes como el robo de una sortija con diamante. Y sacos sastre que desaparecían frecuentemente de la bodega de la víctima, él no tomaba importancia de esto hasta que desapareció una sortija de diamante que sus hijos guardaron ahí por error confundiéndola con fantasía junto con otras joyas. Entonces tomo toda las precauciones necesarias y dio parte a las autoridades de todas sus pertenencias desaparecidas. Al criminal que ahora nombraban el traje sastre se le achacaron otros delitos como voyerismo, invasión de propiedad privada y destrucción de cultivos.

Ahora resulta que ni unas insipientes zanahorias puede comer uno sin ser criminal. Con razón todos estamos así. ¿Y además resulta que esta joyita vale más que la casa de mi mamá? Vaya a veces la vida y el destino pueden ser realmente muy generosos.


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