8/16/24

Cuentos Atroces parte 24

 

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¿Y que era esta gran estructura? Ahora que lo pienso era algo puntiaguda, los tubos en lo alto se juntaban haciendo una punta y los del fondo eran más gruesos y tenían color rojo y blanco como si fueran... ¡Un cohete!

Claro, están armando su cohete. Entonces lo de ayer fue un lanzamiento fallido y como el fondo de su cohete está enterrado es que se provocó ese gran sacudón. Oh, lo siento por el edificio que se derrumbó. ¿Estarán consientes de todo el daño que han provocado? No creo que hayan derrumbado un edificio deliberadamente. ¿O sí?

Hable con Miranda por mensajes dice que nunca hacen nada, que noto su presencia hace muy poco cuando vio que las bolsas de basura a veces estaban y a veces no pero cuando volvían a estar estaban completamente igual que la vez anterior. ¿Qué clase de persona podría acomodar las bolsas de basura perfectamente igual siempre? Vaya que yo nunca lo note. Dice que al preguntar a un vecino por que dejaban su basura ahí le dijo que la basura se ponía en la puerta y los del camión pasaban por ella. Ósea que ninguno de ellos la había dejado ahí. Entonces al examinar un poco más de cerca los plásticos una cara que estaba escondida volteo a verla. Dice que se calló para atrás del susto pero como no se podía quedar siempre encerrada en la casa tuvo que atreverse a salir y que se dio cuenta que cuando pasaba ellos simplemente volteaban a ver quién pasa y volvían a esconder sus caras.

Le pregunte si había visto lo que estaban construyendo y dice que no ella nunca se asomó por la ventana de mi tía y no tenía idea de que ahí habitaran pues nunca escucho por completo la historia de mi tía solo sabía lo que su mamá le contó sobre sus alucinaciones. Y que al verlos a ellos ahí supo perfectamente de que se trataba pero prefirió no decírselo a nadie para que no la tomaran por loca también. Y como yo me metía al cuarto de mi tía supuso que yo ya lo sabía todo pero esto no lo sabía.

Resolvimos que teníamos que ir a preguntarle a mi tía todo lo que sabía y que nos dijera si podíamos correr peligro ante ellos. Pero yo no estoy del todo convencido me da miedo ir y encontrarlos ahí de nuevo. Miranda ya está acostumbrada pues vive ahí con mis dos tías y mi abuela, quiera o no tiene que pasar por ahí pero a mi aún me da miedo. De todas formas quedamos para ir mañana, nos veremos en el parque y ella me dirá si están ahí o no, luego iremos a encarar a mi tía y tendrá que contarnos todo lo que sepa de esto.

No quiso decírnoslo todo, en verdad que a mí me vuelve loco la incongruencia de los adultos. Al fin llega alguien que cree en lo que dices y lo ha visto también y tú ahora lo quieres negar aunque tú misma vida gira alrededor de eso prefieres mentir y desviar la respuesta real. ¿Qué carajos les pasa? Ya le contamos que también los hemos visto y queremos saber si tiene idea de porque están afuera de nuestra casa pero por alguna razón no quiere hablar de ello, como si le avergonzara o mantuviera el trauma del rechazo de todos al contar lo que veía. Dice Miranda que su mamá le conto como mi tía se apasionaba contando sobre lo que veía y enfurecía cuando alguien dudaba de ella. Ahora muy pocas veces sale de su cuarto, de la casa nunca y tampoco habla ya con nadie más que mi abuelita. Parece que no nos quedara más que indagar por nuestra cuenta.

Al día siguiente fuimos no puedo creer que lo hicimos, sentí que íbamos a morir. Dimos la vuelta a toda la cuadra y llegamos al edificio abandonado que esta atrás. Desde afuera, solo alcanzamos a ver su cúspide viendo hacia arriba pues está rodeado por una gran barda de lámina. Comenzamos a explorar un poco y examinarla y encontramos un hueco al final. No era muy grande pero era lo suficiente para que pasáramos. Entramos. El edificio no estaba terminado, solo los primeros pisos tenían las paredes completas los siguientes solo algunas cuantas y más arriba eran puras vigas y través para mantener la construcción. Al principio me pareció muy divertido explorar este lugar desconocido y ver todo lo que había dentro después nuestra vida corrió peligro.

A la entrada lo más cerca de la banqueta frente al hueco por el que entramos había un cuartito, parecía que este era el único que había sido terminado, las ventanas estaban percudidas y casi no se podía ver para adentro pero alcance a notar que había un colchón con cobijas en el piso. Una parrilla y un buró. También a la izquierda una puerta a lo que imagine era un baño. Frente a este y frente a toda la construcción un gran espacio vacío lleno de tierrilla seca que se levantaba con nuestros pasos y mantenía nuestras huellas marcadas. El edificio era un gran rectángulo, muy alto aun sin terminar y parecía que le faltaba aún más altura. El primer piso ya tenía paredes y puertas, pero estaban todas serradas, me canse de revisar y empujarlas con la esperanza de poder entrar a ver que había dentro. Luego miranda me grito desde el segundo piso, volteé y vi como un gran montículo de cascajo con el tamaño del primer piso permitía llegar hasta el segundo. Fui corriendo hacia él y lo subí con cuidado tratando de no derramar mucho la tierra, Miranda estaba hasta el otro lado del edificio, subí y fui corriendo hacia ella. De ese lado se veía el gran espacio que yo había visto desde la ventana de mi tía. Pero estaba diferente. El cráter que vi cubriéndose la última vez se había hecho de nuevo y las vigas arruinadas de metal se habían puesto en pie y parecían tener un acomodo diferente. Alcanzaba a ver más dentro del cráter y vi la forma de la estructura. Tenía arriba varias piezas de metal unidas haciendo una punta y bajo el nivel del suelo, varias unidas haciendo la forma de un cilindro, pero todo hueco por dentro y por fuera supongo que les faltara cubrirlo todo de metal para poder llegar con eso al espacio. Le pregunte a Miranda como creía que se impulsara esa cosa para despegar. Ella casi instintivamente sin pensar corrió y dijo vamos a ver. Había un delgado camino de maderas que legaba desde el espacio donde estaba esa cosa hasta este segundo piso donde estábamos nosotros, como esos que usan los albañiles para subir el material a los pisos altos cunado las escaleras aún no están listas. Pero ni siquiera pensó en que esas tablas debían llevar años ahí, tal vez más de los que ella y yo teníamos con vida. Y las bajo corriendo, emocionada sin siquiera darse cuenta de cómo se sacudían, mientras las baja. Yo me llene de escalofríos y pensaba en cómo le explicaría a mi mamá si le pasaba algo aquí y que tendría que dejarla sola mientras iba a buscar ayuda. Pero afortunadamente en ese momento no pasó nada, ella logró llegar hasta abajo y siguió corriendo hasta la orilla del cráter.

No lo pude creer me dieron ganas de matarla y la muy cínica todavía me hizo una seña con la mano diciendo que fuera. Yo no quería pero no la podía dejar sola. Baje casi a cuatro manos el caminito de maderas, sintiendo como se tambaleaba y crujía y luego camine sin querer hacerlo hasta donde estaba Miranda. Vi todo el espacio, había material para construcción regado por todas partes, hierbas silvestres y motas de pasto aleatoriamente. Vi la pared del fondo que debían ser las paredes de las casas de ese lado de la cuadras y vi que ninguna tenía ventanas. Entonces recordé y volteé hacia el otro lado vi la pared de la casa de mi abuela y la pequeña ventana que estaba ahí. Desde este ángulo note que era algo especial haber puesto una ventana ahí, con vista al patio trasero de un edificio, pues no tenía mucho sentido haberlo hecho. Hasta me parecía tierna su curiosa ventanita puesta ingenuamente viendo hacia un terreno baldío, pero mira lo que descubrió por esto. Cuando llegué junto a ella me susurro no hagas ruido, vi para donde ella estaba mirando y ahí estaba uno. Me quede con la boca abierta lo estábamos viendo directamente y de tan cerca, sin nada de camuflaje, su color dorado mate en todo su esplendor y su gran cuerpo de más de tres metros de altura. Estaba volteado hacia el otro lado dándonos la espalda, muy inmerso en su trabajo, haciendo algo a la estructura de metal.

Antes de que siquiera pudiera terminal de asimilar lo que estaba viendo, pensando en que el verdadero cuento era cuando mi mamá me decía que nada sobrenatural existía, Miranda le grito.

¿Oye tú! ¿Porque causaste ese terremoto? Entonces el gigante dorado se volteó, se enderezo y nos vio justo de frente. Su inmensa cara con sus enormes ojos salían del cráter quedando justo a nuestra altura. Primero la vio a ella y luego volteo sus ojos hacia mí. Yo no pude soportarlo y tomé a Miranda del brazo para salir corriendo. La jalé fuertemente sin que ella pudiera poner resistencia y al llegar a la rampa de madera la solté para que pudiera subir atrás de mí. No le quedó de otra más que correr. Al final de la rampa di un gran salto para tocar piso firme y entonces sentí debajo de mi pie como la rampa se desvanecía. En el aire serré los ojos y no podía esperar estar de pie para voltear y ver qué pasaba con Miranda y si podía darle la mano. Entonces cuando al fin terminaron esas milésimas de segundo y toqué el piso voltee enseguida y vi que Miranda estaba flotando y al gigante con su baso estirado y su palma abierta a poco más de un metro de ella. Miranda se movía como queriendo nadar en el aire. Pensé de lo que nos habíamos salvado o en que haría si ahora el gigante se le ocurría llevársela. Creo que él vio el miedo en mis ojos y la situación tan incómoda en la que estaba Miranda entonces avanzo un poco y aun con su mano estirada, la coloco suavemente sobre el concreto del segundo piso.


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