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Libro físico con Pseudónimo Especial ($430) Cuentos Atroces - SKAHD .l. | Autores Editores
Él se asombró con su respuesta pero pensó que lo decía porque definitivamente no había entendido a lo que se refería pero así era mejor. Que durmiera bien y no tuviera idea del peligro que corrían. Después de todo a fuera tal vez sería peor. Ella no término su pan, lo metió de nuevo a la bolsa donde se lo habían entregado, él le preguntó si no lo quería y ella le dijo que lo guardaría para después, que fueran a dormir. El aceptó y tocando su delicada espalda caminaron juntos y la guio hacia la entrada invisible del refugio. Avergonzando y esperando que nadie los viera entró disimulando y tratando de mimetizarse en el ambiente, entonces ella gritó.
—¿Wau aquí vives? ¿Y esta es tu tribu? ¿Por qué no me dijiste?
El sacó vapor de la vergüenza y los nervios, se derretía esperando que la niña no fuera a decir nada de lo que habían hablado. Le contestó de forma muy discreta tratando de hacerla bajar la vos. Pero ella no le dio importancia y se puso a corretear por el lugar.
—Wau este lugar es genial, está lleno de cobijas y plantas, te podrías dormir donde tu quisieras. ¿Y qué es eso, están cocinando?
Un olor muy penetrante de humo y carne comenzaba a invadir todo el lugar, los mendigos habían hecho lumbre en el tambo abierto y estaban cocinando algo en el.
—¡Ow es perro, no me gusta!
Pronto ese olor se mezclo con olor de jugo de limón y el volteo a ver como ponían limón a una enorme cacerola dentro del fuego. Pero… ¿Cómo la niña podía saber lo que estaban comiendo? El olor comenzó a revolverle el estómago pero no quería expulsar lo único que había comido. Trato de distraer su mente de eso y se enfocó en la niña, esta corría entre todos los vagabundos y hablaba con ellos. Unos le contestaban otros estaban imposibilitados de hacerlo, otros le hablaban de sus locuras y al no entenderlos se iba. Una mujer le dio un tallo de una planta silvestre diciendo que le obsequiaba esa flor. Y ella la aceptó emocionada para después enseñársela a él. Cuando terminó de hablar con todos asegurándose de conmoverlos y haberles caído bien sin que faltara ninguno regreso con él y le dijo:
—Ya tengo sueño, vamos a dormirnos. ¿Sí?
Le responde que sí y caminaron hacia el lugar alto donde había intentado dormir la noche anterior mientras ella lo seguía. En vos baja procurando que nadie lo oyera le dijo que no se fuera a mover y se quedara junto a él toda la noche. Ella no responde y se acurruca con las cobijas sucias en un lado del hueco tamaño humano donde iban a dormir. Él piensa que si vuelve a pasar algo como lo de ayer pero ella se queda dormida, no habrá problema y el solo lo ignoraría pero si los molestan tendrá que llevarla a dormir fuera del refugio como lo hizo la noche anterior pero esta vez llevará algunas cobijas. Se queda erguido un buen rato mirando como todos poco a poco ceden al sueño en cualquier lugar en el que estuvieran, sobre la tierra, recargados en la pared o en el lugar donde estaban fuera cual fuera. Y ve como el que está tras la barra se queda de pie recargado en la pared observándolos a todos sin pegar el ojo. Cuando ya todos están dormidos o lo fingen el sigue vigilante tratando de no faltar a su promesa de cuidarla toda la noche y ve como el de la barra sigue ahí con los ojos abiertos. Este nota su mirada y lo enfoca fijamente. Parece que se empieza a poner furioso, no le gusta que nadie más que él vigile a los otros. Trata de disimular pero se ha vuelto el punto de atención del loco que ya no ve hacia ningún lado más que a él. Teme poner su mirada de nuevo en él y trata de mirarlo de reojo para comprobar cada vez que este sigue viéndolo. Se le ve furioso y muy molesto por ser observado. Él piensa en quedarse viendo para otros lados como despistado, como si no supiera lo que estaba viendo y así lo hace pero horribles sensaciones y pensamientos empiezan a pasar por su mente, sufre dolores psicosomáticos e imagina horribles formas de ser acecinado. Como un mecanismo de defensa su mente se distrae de todo y se queda dormido.
Un estruendo rompe la noche, nadie sabe bien lo que es pero más de uno se despierta, un costal de laso aparece frente a la colina de tierra donde ellos dormían, la niña se acerca rápido a ver de qué se trata antes de que él pueda tomar su mano. Se levanta tras de ella para sujetarla antes de que pueda correr peligro y cuando al fin llega a su lado ella ya había hurgado en el costal y sacado algo.
—¡Deja ahí, no toques nada!
—Oye mira. —La oscuridad disimulaba el objeto que estaba tocando pero aun así la forma era inconfundible y con solo una media vista entendió lo que era, la piel curtida de una cabeza humana. La niña la levanta con su manita y la muestra sin ninguna vacilación, la aprieta, y por los orificios sale un líquido semi espeso, verdoso y con olor a excremento. Este se escurre por su bracito y al notarlo dice en vos muy alta sin ningún tapujo.
—¡Hiu! Pero que asqueroso.
—¿Pero qué haces? ¡Te dije que no tocaras nada! —Le grita enfurecido y le sostiene el brazo con una mano y con la otra le arrebata el rostro curtido para aventarlo al piso.
Al momento de hacer esto salta en su mente lo que no pudo concebir antes de hacerlo, y siente a un costado tras de él, junto a un gran arrepentimiento, una presencia oscura que lo somete y atemoriza en espíritu. Se da cuenta de que si no hubiera hecho nada, eso se habría tomado como un jueguito de niños pero ahora volvió a la niña vulnerable frente a esos locos.
La niña llora tras el arrebato y se aleja corriendo de él. Se recarga en una pared al otro lado de la entrada y llora inconsolablemente con gritos que despiertan a todos y son extremadamente bochornosos para él. Voltea para todos lados y los ve a todos despiertos, no puede ver bien si lo están viendo a él pero sabe que nadie está dormido ya. Se queda pasmado, su subconsciente implora a Dios con todas sus fuerzas para que el asesino no se moleste y no los maten. La niña no para de llorar y gritar y él no sabe qué hacer, desearía escapar de ahí pero no puede irse y dejar a la niña ahí sola.
Las horas pasan y el frio penetrante previo al amanecer los aturde, no sabe cuántas horas pasó hincado frente a la niña tratando de calmarla sin que esta cediera. Pero al notar que pronto amanecerá encuentra consuelo y una esperanza. La niña lo nota y se relaja su respiración. Poco a poco se acerca a la normalidad hasta parar de llorar y comenzar a sollozar. Él nota que tiene frio, toma cobijas y la abriga hace lo mismo con él y su espalda. Al voltear por las cobijas nota que el costal ya no está, nadie los mira ya y parece haber menos gente o que se han cambiado de lugar. Se percata de que pasó todo ese tiempo viendo a la niña, dando la espalda a todo lo demás y que gracias a Dios no les habían hecho nada.
La niña que ha parado de llorar y que también ha notado que pronto amanecerá se relaja y sus ojos se cierran involuntariamente por el sueño. Él también se relaja pues se siente fuera de peligro y piensa que ahora solo tienen que esperar a que abran el pasaje para salir y estar a salvo. Se recarga en la pared junto a la niña y sierra sus ojos para intentar dormir un poco, su estrés no ha desaparecido y al serrar sus ojos recuerda que todo, absolutamente todo pasa como Dios quiere que pase. ¿Por qué? Es lo que tenemos que entender. Y se pregunta si acaso la niña dijo eso sobre la máscara solo por decirlo o lo dijo por alguna razón. Pero él lo había arruinado al reprenderla y destruir la imagen que se había creado. ¿Ahora qué pasaría por haber hecho eso? Sea como sea esto ya había pasado y aunque se sentía culpable por haberla maltratado si lo veía de otra forma su llanto había hecho que nadie pudiera acercárseles durante toda la noche. Después de su reflexión sus pensamientos se difuminaron y se quedó dormido. Miró el cielo y calculó que eran más o menos las nueve. Miró hacia la barra donde esas personas ponían sus ollas y no había nadie ahí. Sintió su estómago pedir comida pero al ver que nadie fue a llevarles un poco no le quedo esperanza de caridad. Le dijo a la niña que comiera el pedazo de pan que le quedó y salieron.
—¿Oye porque hiciste eso?
—¿Hacer qué?
—¿Por qué tomaste esa cosa y dijiste que era asqueroso? ¿Acaso sabes lo que era?
—No, pero olía muy mal y lo dije para que quien lo hizo supiera que eso era asqueroso.
—¿Pero si se molestaba por lo que dijiste?
—No hubiera podido hacerme nada porque desperté a todos. —Voltea y lo mira sonriente.
Salen del pasaje y el sol les deslumbra los ojos. Recuerda su promesa de buscar a los padres de la niña y se preocupa por qué ahora tiene dos misiones pero si por lo menos logra ayudar a esta niña que ha tomado su corazón se sentirá satisfecho, piensa para sí, sintiéndose al borde de la muerte. No tiene idea de por dónde empezar, ve hacia ambos lados de la calle y no sabe qué hacer. Sin pensar le pregunta a la niña.
—¿Y dónde crees que estén tus padres? ¿Sabes llegar al lugar en dónde vives?
—No estoy muy segura, mamá siempre me lleva de la mano, y no siempre vamos por la calle.
El piensa si se refiere a que hay más callejones y lugares secretos en las colonias.
—Pero tal vez si veo algún lugar conocido...
—¿Buena idea y por donde empezamos entonces? —Ella se queda pensando y él le dice:
—¿Qué tal si vamos a donde te perdiste? Seguramente tus papás también estarán buscándote. —Y toma rumbo hacia el lugar.
Al empezar a caminar vuelve a sentirse el foco de atención y supone que a la niña también la están viendo. No contaba con eso y no sabe qué hacer ahora, espera encontrar ahí a los padres de la niña y que se la lleven pronto antes de que algo más pase. Comienza a voltear a todos lados como antes pero no ve a nadie cerca de ellos ni a nadie observándolos. Pronto llegan al lugar donde todo ocurrió la noche anterior. Ante la luz del sol logra ver las manchas de la sangre por la pelea y se acerca al lugar donde está el callejón con la entrada a esas ruinas secretas pero esta es casi imperceptible solo consigue verla enfocando bien la vista entre los relieves de esas paredes.
—¿Coco donde habías estado? Tus padres te buscan como locos, han puesto a toda la comunidad en alerta por ti.
—¡Amanda!
La niña corre y abrasa a la persona que ha dicho esas palabras con mucha fuerza y total confianza. El la ve hacer esto y se acerca, no entiende bien lo que está pasando ni si esa persona será de fiar. Pero ve que la niña no la suelta. Es una persona que no ha visto nunca, está vestida con zapatos de piso un pantalón acampanado color capuchino y una blusa con lentejuelas negras y rojas en el pecho, hombreras y encajes negros muy anchos en las mangas, lleva una dona de tela en su pelo mal peinado y tiene la cara sudorosa y brillosa. Al ver que se acerca, ella voltea y lo mira alerta, mostrando su espíritu de combate lista para tomar acción si el resultaba peligroso.
—Amanda él es mi amigo, me rescato ayer cuando me perdí.
—O coco cómo pudiste hacer eso, tus papás se asustaron mucho y están temiendo que los otros te hayan llevado.
—No, no me llevaron, todos desaparecieron cuando se acercó la luz y como yo me escondí entre las sombras no me vieron…
—¿Qué? Estuviste en la pelea, pero como es eso posible, ningún grupo llevaría a sus niños a un encuentro.
Ella baja la cabeza y mira el piso al tiempo que raspa la punta de su suela contra el piso.
—No me llevaron. Yo los seguí.
—¿Oh mi niña cómo pudiste?
Ella se queda inmóvil, con la cabeza agachada y sin decir nada.
—Bueno vamos, no podemos saber dónde están tus padres pero pondremos las señales y ellos vendrán a buscarte. –Voltea a verlo y ve en su mirada melancólica que no se despega de la niña que está pasando por un momento de gran dolor pero aun así está tratando de protegerla.
—¿Y él, dices que es tu amigo?
—Sí, él me cuido ayer y tiene que cuidarse mucho porque vive con personas muy peligrosas.
—¿Quién eres? ¿Porque has cuidado de nuestra niña?
Él mira en su interior recordando los sucesos de la noche anterior y el por qué hizo eso aun sabiendo que tal vez la pondría en más peligro.
—Bueno… ella estaba llorando mucho y…
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