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Lo saqué de mi mochila mientras mi tía y Miranda me veían expectantemente. Eso me desconcentró pero me enfoqué en la foto y lo logré, apareció otro recuerdo. Llegaron aquí hace unos 200 años, como un equipo y cada uno tenía una función dentro de este para cumplir su misión. El sacerdote tenía que establecer contacto con los humanos y darnos una revelación sobre la vida más allá de nuestra vida. El minero tenía que recabar muestras de los elementos de este planeta. El sheriff era como el protector del equipo, tenía que ver por la seguridad de todos ellos. El graduado era el ingeniero que tenía que aprender la química y física de este planeta para lograr regresar su vehículo de trasporte a su planeta. Y el magnate tenía que recabar los metales y piedras preciosas que catalizarían la energía para poder viajar de regreso. Pero esto no iba a ser una misión corta. Tendrían que estudiar este mundo y a sus habitantes antes de poder despegar su nave desde aquí hasta allá de regreso. Entonces se repartieron cada uno a cumplir su misión y el de hábito de sacerdote tomo esta figura pues vio a un cura dando enseñanzas a los hombres relacionadas con el más allá y pensó que esta era la mejor forma para hacerlo. Supongo que los otros también tomaron esas formas pues pensaron que eran las más indicadas para sus funciones.
—No creen?
—Sí supongo que sí. ¿Y entonces por eso el de sotana no aparece aquí nunca, porque su misión es revelarse a las personas?
—Pues sí, pero posar para el periódico no parece que haya sido para nada una buena estrategia.
—¿Ya, no me digas que sigues asustado por eso?
—No claro que no. Pero a nadie le interesaba esa noticia.
—Mmm, deberá buscar una mejor forma. ¿Cómo podríamos ayudarle? —Se preguntó Miranda.
Aunque me parecía absurdo pensar en que nosotros pudiéramos ayudarle también sentía el deseo de hacerlo. Y me daba cuenta de lo difícil que debe ser para ellos esta misión, sobre todo la parte de hacernos ver que existen. A la gente le gusta entretenerse con películas de terror y guerras en el espacio pero cuando la realidad que existe más a allá de nuestra comprensión aparece frente a nosotros preferimos ignorarla y seguir creyendo en tonterías que no existen. El pobre hasta vistió de hábito pero eso poco le iba ayudar, está claro que no sabían nada del mundo y los seres que venían a visitar.
Después de un momento en silencio donde todos nos quedamos reflexionando internamente mi tía entusiasmada dijo. —Ya sé dónde podemos encontrar más información. Volteamos a verla y continuó. —Con Eustas, es mi amigo, él que le arrojó la piedra cuando fuimos a verlos.
Claro porque no se me había ocurrido, ellos deben seguir vivos por ahí en alguna parte del planeta y si no es muy lejos podemos averiguar algo de ellos. Le preguntamos si tenía idea de donde podríamos encontrarlos y nos dijo que había oído que Eustas se había vuelto loco y salía todas las tardes a dar sus sermones de loco en el parque de la ciudad. Miranda y yo nos volteemos a ver. Nos preguntó si lo conocíamos.
Quien no conocía a Eustas, seguro que todos en la ciudad sabían que cuando él estaba era mejor pasar por otro lado o pasar de largo muy rápido antes de que te hablara y tratara de darte un sermón personal. Era todo una leyenda urbana hasta había historias de personas que trataron de comprenderlo o ayudarlo y terminaba corriéndolos porque nadie lograba entender que era de lo que les estaba hablando. Pero estoy seguro de que nadie en la ciudad más si acaso sus padres sabían su nombre.
Al llegar a la esquina donde siempre estaba antes de que bajara el sol y hasta el anochecer lo vimos de lejos subido en su banquito con larga barba grisácea y blanca completamente desalineado y andrajoso, de cuerpo esquelético y entumido, jorobado y alto. Casi majestuoso sobre su banco haciendo lo que le apasionaba contra todos y pese a todos, con una cara afilada donde se notaba su inteligencia y potencial, potencial que lamentablemente esta sociedad como muchas veces lo ha hecho, pisoteó y deformo, hasta dejarlo como una mancha repulsiva y contaminante debajo de las suelas. Al verlo sentí temor y pensé en que teníamos que terminar con esto pronto antes de que pudiéramos terminar igual. Al aproximarnos mis piernas se tambalearon y mis pies falseaban pero a mi lado Miranda avanzaba sin vacilación. Yo continúe sin verlo a él solo viéndola a ella casi siguiéndola hasta que estuvimos frente a él. Mire su cara y lo estaba viendo directamente sin ningún miedo. Luego lo voltee a ver a él y entonces nos notó, comenzó a señalarnos mientras continuaba con su discurso disparejo, trataba de captar la idea que quería expresar pero antes de poder hacerlo pasaba a otra cosa que rompía por completo el sentido y la congruencia de lo que estaba intentando decir. Como si estuviera recitando aleatoriamente partes de un gran guion de oratoria. Al ver que seguíamos ahí sin movernos y sin inquietarnos por sus señalamientos. Bajo de su banco y se aproximó a nosotros, al verlo venir perdí todo el miedo, me relaje me sentí dichoso y en el lugar y momento más indicado de toda mi vida. Entonces me vio a los ojos.
Dos segundos después su semblante cambio parecía estar sonriendo y que su cuerpo se había repuesto, su barba y pelo desalineados junto con todo su atuendo sin moverse de repente tenían un ángulo que lo hacían ver justo como el esperaba verse, no como un loco sino como un sabio de varias décadas en el futuro. Entonces alzo los brazos, la cara y dijo.
—Bien aventurados los que presencien este momento en que al fin llegaron los que son capaces de entender y ver.
Al momento inmensa cantidad de agua cayó del cielo mientras aún tenía la cara y brazos hacia arriba y la recibió con ojos y boca abiertos. Estuvo así un momento hasta que todos estuvimos empapados y la gente comenzó a desaparecer, al comenzar a sentirme incomodo cambio su pose y dirigió su mirada a nosotros. Con un tono de vos completamente distinto y frases muy claras que dejaban ver como su mente se había espabilado y realineado perfectamente nos preguntó.
—¿Qué hacen aquí pequeñísimos viajeros, acaso es hora de irnos?
—Queremos que nos digas todo lo que sabes sobre esos seres. —Le respondió Miranda.
—Aaaah, te refieres a esos seres.
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