8/18/24

Cuentos Atroces parte 42

 

Anterior: Cuentos Atroces parte 41


Comprá el eBock kindle (oferta $149.9) Amazon KDP

Libro físico con Pseudónimo Especial ($430) Cuentos Atroces - SKAHD .l. | Autores Editores


Estamos en deuda contigo, si necesitas algo solo cuelga un trapo rojo en una de estas paredes y espera, alguien vendrá. Enseguida le da la espalda y guía a la niña rodeándola con su brazo.

¡Espera! ¿Quiénes son ustedes, porque hacen eso? –La mujer voltea arrebatada y le dice con una mirada fija y penetrante de sus ojos negros.

Somos los verdaderos dueños de estas tierras. –Después sigue caminado con la niña sujeta, la pequeña voltea y le da una sonrisa coqueta y se despide con su manita. Parece que hiso una verdadera amiguita.

Él las ve alejarse y luego recuerda que no había dejado de sentirse observado desde que salió con la niña y ahora esa sensación vuelve a su cuerpo. Entonces repentinamente voltea a ver si logra ver a alguien pero no hay nadie. Regresa su mirada a donde la niña y ella ya no está tampoco. Se lamenta por estar solo de nuevo. Gira para volver por donde vino cuando un golpe azota en su cabeza y lo derriba. Desde el piso ve a cuatro de los vagos que viven en el refugio parados a su lado y uno de ellos se pone en cuclillas sobre su cabeza y lo mira para abajo, era el loco de la barra.

¿Así que dejaste ir a la niña? ¿Acaso deseas protegerla?

¿Qué? Él piensa que al fin se ha dado cuenta de quién es el que lo ha estado siguiendo y ya sabe a quién terminar para acabar con esto.

Al jefe no le gustara esto.

Tras decir esto el loco inclina su cabeza y entierra la barbilla en su pecho arrepentido por haber dicho eso. Él se pregunta a quien se referirá con, el jefe. El loco se da cuenta de que todos lo están viendo y continúa.

¿Quién se la llevo, era su tía? ¿A dónde se fueron?

¿Qué?

Levántate de ahí. Le grita con su vos aguardentosa y hace una seña con su barbilla para que los otros lo levanten y lo pongan contra la pared. Luego continúa.

Dice el dueño que no has pagado tu alquiler por quedarte y eso es intolerable.

¿Cuánto es, cuanto tengo que pagar?

Como si tuvieras un centavo maldito perro. No pudiste darle más que un pan a tu niña. No queremos dinero.

¿Entonces que quieren?

Esa niña hubiera estado muy bien para todos.

¡Cómo te atreves desgraciado! Intenta zafarse pero ellos lo detienen con más fuerza.

Queremos una pieza, entre mejor sea, mejor será para todos. Él no lo puede creer, será verdad lo que le están pidiendo. Esta noche debes llevar una pieza, si no, usaremos tu cuerpo… y ese nos durara más tiempo.

Lo golpea justo en el estómago vacío dejándolo sin aire y obligándolo a doblarse. Él siente el golpe de un fierro atravesado y no de un puño normal. Le ha pegado con un bóxer. Entonces se alejan caminado mientras él los ve desde el piso. Piensa en que no importa el golpe porque ahora está entendiendo mejor lo que pasa ahí. Mientras recupera el aliento su mente sigue pensando y planeando. ¿Qué hará, como conseguirá lo que necesita para pararlos? ¿Las autoridades creerían todo lo que dice si solo se los cuenta? Necesita algo más, algo que todos puedan ver para que no haya duda de lo que pasa. Tiene que ir de nuevo al refugio y buscar esta evidencia, tal vez si pudiera llevar a un policía en el momento en que aparezcan partes humanas podría demostrar que el autor de los bougman duerme ahí. Esta le parece una buena idea y se levanta de a poco para ir allá.

Al caminar por el pasaje mira a una extraña mujer caminar delante de él con una bolsa de plástico en la mano. Desde atrás la ve vestida en harapos con una falda color café muy pálido por el desgaste y un suéter abierto de botones azul marino igualmente muy viejo, zapatos negros con un pequeñísimo tacón y la ve saludando a todo al que pasa frente a ella y a todos los locatarios que la miran. No entiende cómo puede conocerlos si a él no quieren ni voltear a verlo por cómo esta vestido. Entonces vuelve a observar y nota que aunque ella los saluda como si fueran sus viejos amigos todos ellos le voltean la mirada y responden con gestos de desprecio y asco. Enseguida la ve doblar en la entrada del refugio y alcanza a notar entre su pelo negro, grasoso y disparejo una cicatriz muy grande en la mejilla. Cuando él entra la mujer no está por ningún lado pero con el rabillo del ojo le parece ver unos tobillos arrastrándose dentro del espacio oscuro que está bajo la maleza en la esquina del lugar. ¿Ósea que ella es la que vive ahí se pregunta? Y ve como sobre la maleza se ha puesto un plástico grande, voltea al cielo y lo ve nubloso. Entiende que lo han puesto previniendo la lluvia.

Mira detrás de la barra y no ve a ninguno de esos 4 que lo golpearon entonces comienza a indagar. Hay dos personas esqueléticas sucias y harapientas recostadas en dos agujeros a los lados del montecillo que él había escogido para dormir. Nota algo raro a lado de uno de ellos dentro del hueco, parece una chamarra azul enterrada y abultada como rellena de algo. Se acerca tratando de verlo mejor y el hombre que está ahí al verlo dirigir su mirada tan directamente le pregunta.

¿Oye tu qué haces aquí? Deberías estar buscando tu parte, hoy es día de cobranza y todos deben traer una parte.

Mira a su alrededor y solo ve unas personas más aparte de él. Dos de ellos tienen la cabeza agachada contra la pared, uno sostiene su brazo otro está completamente metido en la esquina, solo puede verle la espalda y el otro está acostado del otro lado en otro hueco de la tierra.

¿Pero qué parte, no hablaran enserió pidiendo eso o sí?

Pues yo solo sé que Jou no trajo su parte y lo usaron a él.

Sus pupilas temblaron ante la espantosa revelación.

Solo cuando Jacob trajo ese cuerpo completo los dejaron no traer otra parte. Dice el del hueco izquierdo.

Sí, dijo que eso bastaba por ahora. Dice el del lado derecho.

Pero dijo que ya no lo volverá a permitir. Agrega el de la izquierda.

¿Qué? ¿Quién? ¿Quién no lo volverá a permitir?

Ambos locos se hacen para atrás y ponen su dedo en la boca indicándole silenciar su pregunta. Un extraño silencio sepulcral se hace presente y siente de nuevo esa sensación de ser el centro de atención de alguien. Uno de los locos le señala la esquina de la maleza y al verlo el otro le baja la mano.

¿Y ustedes? ¿Por qué ustedes no están buscando sus piezas?

Porque somos especiales. Dice el primero que habló y le muestra una jeringa que tenía en la mano.

Nosotros somos los únicos que podemos estar aquí sin traer nada. Dice el otro y cuando voltea a verlo lo ve inyectando su brazo.

O tal vez porque no tenemos nada. Dice el primero mientras se inyecta.

¿Qué? ¿Por qué hacen eso?

Pues esto es mejor que suicidarse. Responde el último en inyectarse antes de desvanecerse.

Él siente un gran dolor al verlos perdidos y entiende bien porque a ellos no les piden nada. Mira al de la esquina y observa como está completamente recargado contra la pared inconsciente también. A un lado cerca de la entrada escucha cómo el que estaba ahí se derrumba contra el piso y lo ve con una manguera quirúrgica en el brazo y otra aguja metida. Aparte de esto todo dentro sigue en total silencio. Y se da cuenta de que la mujer que está en la maleza sigue tratando de escuchar todo lo que hace. Sale de ahí aterrado y ofendido por este crimen contra la humanidad, decidido a terminar con esto. Mientras camina por el pasaje piensa cómo nadie de estas personas hace nada, como es que permiten que todos esos vivan ahí y como es que una simple mujer puede tener a todos esos desgraciados subyugados. Tal vez si les dice a todos que esa mujer a la que repudian igual que a él es una asesina y la culpable de esos muñecos se decidan a hacer algo y sacarla de ahí que al fin de cuentas se nota que la odian. Pero no, eso no serviría de nada, si se va a otro lado todo seguiría, tienen que acabar con ella ¿Pero cómo?

Parado en la entrada del pasaje comercial vio para ambos lados sin saber que hacer o hacia dónde ir. Una hoja de periódico estaba tirada en la banqueta, algo en ella llamó su atención. Era la foto de la señorita que le sirvió la comida. Encontrada y desmembrada viva a una cuadra de la casa de sus padres. Anunciaba el encabezado. Nadie sabe cómo lograron hacerle eso en plena calle. Sus padres están devastados y exigen un culpable. Un reportero logró filtrar una imagen de los restos fúnebres y la presentan en la página siguiente.

Letal asesino no tiene piedad. Es sigiloso como las sombras y ataca de noche. Esta no es la primer foto de un cadáver que este periódico ha tratado pero si es la primera de un cadáver al que le falta una parte. Esto sin duda nos hace pensar en alguna relación con la aterradora noticia que presentamos en días anteriores sobre esos extraños muñecos hechos de partes humanas. ¿Será que esta pobre mujer ha sido una víctima para ese horrendo ensamble?

El periódico ya estaba mojado antes de la mitad de la nota, le fue difícil leerla toda por la opacidad de las lágrimas. Alzó su cara hacia el cielo y abrió muchísimo la boca mientras toda su piel se enrojecía por la presión, estaba gritando por dentro. Sintió el impulso de embolar el periódico y aventarlo al suelo pero necesitaba conservar las fotos. Se quedó así con la vista al cielo enfocando sus pensamientos a Dios y la sensación de ser acosado por la mirada apareció de nuevo bajo su nuca. Él estaba ahí, lo estaba viendo y lo estaba cazando. No tenía más tiempo, necesitaba un milagro de Dios hoy mismo.

Si es así este es el primer ataque explícito del creador de esos macabros maniquíes. Continuaba la nota. Nadie sabe quién es, si llega a tener alguna pista avise inmediatamente a los teléfonos de la policía. En la foto se le veía tirada en el piso en un enorme charco de sangre con el rostro pixeleado pero se notaba como faltaba una parte de su pierna.


Siguiente: Cuentos Atroces parte 43


Comprá el eBock kindle (oferta $149.9) Amazon KDP

Libro físico con Pseudónimo Especial ($430) Cuentos Atroces - SKAHD .l. | Autores Editores


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Quien es Hector Daniel Sanchez Castellanos Altamirano

Post Anterior.  Hector Daniel Sanchez Castellanos Altamirano, quien escribe crea este sitio con un claro propósito, el de ayudar a la gente ...