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Libro físico con Pseudónimo Especial ($430) Cuentos Atroces - SKAHD .l. | Autores Editores
En un tambo de metal ardía fuego que no vio cuando encendieron, pero varios estaban cerca de él procurándose un poco de calor. Él pensó que intentar dormir de nuevo sería una pésima idea, y se propuso seguir despierto hasta el amanecer para resguardar su vida. Sin embargo el frio era imperante y para solaparlo un poco decidió acercarse un poco al fuego. Se recargó en la pared cercana a él, evitando a todos y esquivando miradas. Muy pocos hablaban entre ellos así que pensó que sería normal estar ahí sin hablar con nadie. Se recargó y le inundó la nariz un fuerte olor a orín. Sopló hacia su nariz y esperó poder resistir ahí un poco mientras se calentaba. Veía a todos vagar desorientados dentro de ese pequeño espacio. Pronto se calmaron de lo que habían visto y comenzaron a aletargarse y se quedaban dormidos donde fuera. Algunos se cubrían con mantas otros ni lo necesitaban. Él tenía sueño pero no quería ceder a él y pretendía quedarse ahí parado recibiendo el calor del fuego toda la noche. Sin embargo el hábito de estar dormido siempre a esta hora le estaba imperando y su cráneo comenzaba a cabecear a la vez que sus ojos se cerraban. Quedó perdido ahí de pie, entre los malos olores y los erráticos dementes. Vio formas desfiguradas en su mente y soñó con sentimientos de rabia y berrinche. Hasta que algo lo despertó, no tuvo idea de lo que había sido ni de cuánto tiempo paso. Pero al abrir los ojos y aspirar le ardió la nariz y se sintió harto de ese repulsivo olor. Se alejó furioso de ahí y se paró en la puerta.
El pasaje estaba desierto, pero todas las luces seguían prendidas. No tenía idea de qué hora era pero ya quería irse. Deseaba que amaneciera para escapar de esa pesadilla. Entonces pensó en cómo es que el asesino había metido esa cosa ahí si el pasaje ya estaba cerrado. Echó un vistazo adentro y de los que no dormían nadie parecía prestarle atención. Vio los pies impares del maniquí y se lamentó por ellos. Entonces salió discretamente y caminó hacia la puerta. No podía creer que estuviera caminando por ahí a esa hora y que estuviera saliendo de ese lugar. Y menos que ahí hubiera encontrado eso. Pero era realmente fascinante en el sentido de ser algo completamente nuevo y aventurero, obviando el peligro también completamente real en que se había puesto. Esto lo sublimó por un momento e infundió de orgullo. Comenzó a ver la reja de acero antes de llegar hasta ella buscando si tenía algún espacio por donde un hombre pudiera entrar pero no lograba ver nada. Al estar frente a ella la tocó y examinó lo mejor que pudo; los candados estaban puestos, la pequeña puerta central, tenía cerrojo, todas las esquinas estaban en su sitio y no tenía ni una viga suelta. ¿Entonces cómo es que pudieron meter esa cosa ahí? Examinó las otras paredes que la rodeaban y estaban perfectamente construidas y sin ningún espacio al exterior. No había forma de salir por ahí.
Recorrió todo el pasaje buscando alguna abertura pero no había ninguna, de las paredes de los locales se adhería inmediatamente todo el techo de mica y no había ningún hueco en medio. ¿Acaso tendría llave de algún local que le pudiera dar acceso al exterior? ¿Pero cómo sería eso posible? A los lados del pasaje había más construcciones. Llego a la pared del final y la miro atentamente. No había forma de que pudiera salir por ahí tampoco. Miro todo el piso buscando algún pasaje o coladera o alguna forma de salir de ahí pero no había absolutamente nada. El piso estaba reluciente, casi impecable como si lo acabaran de limpiar y no había en todo el pasaje más que frio y cortinas serradas en una exuberante luz blanca.
Se deslizo por la pared hasta tocar el piso y se quedó ahí pensativo. Sintiendo todas las emociones que pasaban por su cuerpo, por un lado, la autoalabanza por haber encontrado justo lo que buscaba, que fue opacada por el terror de haberse puesto en tal peligro y la vergüenza de haberse atrevido a semejante tontería por la cual podría morir. Esto último ganó en su interior y se exasperó por encontrar la forma de salir vivo de ahí. Entonces vio que alguien lo observaba desde fuera del pasaje. Una persona que al caminar junto a la reja le dejó la mirada en todo el tiempo que tardó en atravesarla. Él se sintió aliviado ante esa mirada y su pecho se abrió y sintió frescura. Creyó de nuevo en que todo estaría bien. Pero se puso a pensar en cómo saldría de ahí, resolvió que si era necesario tendría que buscar la forma de hacer una llamada y llamar a uno de sus asistentes, para que lo sacaran de ahí, pero le quedaba el pendiente de no poder dejar a este asesino suelto sabiendo todo lo que ha hecho ni habiéndolo tenido tan cerca. Regresó al refugio sin tener otro lugar a donde ir y se sentó sobre la tierra cerca del tambo.
Más de una hora después abrieron el pasaje, al oírlo unas locas larguiruchas y harapientas rápidamente se escabulleron fuera de ahí ansiosas por comunicar el suceso increíble que habían vivido. Los tenderos de los comercios comenzaron a entrar y el los veía pasar desde dentro impávido. Ninguno volteaba a ver hacia el lugar, trataban de hacer como si no existiera. Todo este tiempo lo pasó como fuera del mundo y del tiempo con los pies de esa cosa al alcance de su vista. Entonces se percató de que estaba siendo vigilado. Sentía nerviosismo y temblor en sus dedos, como si todos sus movimientos fueran examinados a detalle y la mirada penetrante de alguna persona pero por más que trataba de hallar a su instigador incluso dejando toda discreción y volteando frenéticamente a todos lados no podía atrapar a quien era el causante de tal sensación. Estaba muy consciente del peligro que enfrentaba y sentía un terrible temor ante lo que pasaría ahora. No quería moverse, estaba por flaquear y perderlo todo, deseaba quedarse ahí en el lugar donde estaba, el resto del día y el resto de la noche y el resto de la semana. Y si le daba sueño pasar al hueco en la tierra y dormir para volver a sentarse sino podía dormir más. De nuevo la ensoñación lo aturdió y para poder darle paso y escapar de la realidad que estaba viviendo decidió proseguir bajo el nuevo lema de sus deseos. Tan solo el arroparse en posición fetal esperando que nadie lo mire ni se moleste por su presencia. Se ladeó y se tendió sobre la tierra con esa sensación aun clavada en él. Entendió por qué un hombre adulto puede llegar a perder la cordura viviendo en la calle.
A las 9 de la mañana entró personal de la beneficencia vestidos con casacas y cofias blancas cargando enormes ollas que pusieron sobre la barra de cemento. El más grande hizo que el loco saliera de ahí atrás y abrieron las ollas. El olor lo despertó y movió los ojos en dirección de dónde provenía. Una simpática señorita rubia y esbelta movía un cucharon y serbia estofado caliente a los pordioseros del refugio, estos se formaban con tazones de perro, bacinicas, botellas de leche o cualquier tipo de traste en que pudieran servirles comida. Los acompañantes de la señorita complementaban el estofado con alimento sólido que ponían en las manos. Él se levantó siguiendo el movimiento de todos y avanzó por la fila. El olor a orines se percibía desde cualquier parte mientras él estaba parado en la fila. Al llegar lo vieron de arriba a abajo. Ella con sus ojos azules le regaló una mirada piadosa deseando darle un pedazo de su alma para con ella pudiera pagase algo bueno. Se apresuró y cortó una botella de plástico en la que le sirvió.
Al salir las personas de la comida no pudieron menos que gritar al ver en cadavérico maniquí que no vieron al entrar y ella dejo caer la olla que hizo un ruido estrepitoso ante el que todos voltearon. Horrorizados lo señalaron, lo nombraron y salieron encorvados con el estómago revuelto, tapando nariz y boca deseando no haber ido nunca ahí. Él los vio huir y se alegró por ellos. Aun no podía comer y vio que algunos mendigos comenzaban a salir, todos con la mirada perdida como si no supieran lo que estaban haciendo, evitando las caras de todos los demás y sin hacer algún ruido o comentario. Ahora estaba entendiendo mejor, podían salir pero no podían irse de ahí. Bebió a su sopa y se levantó para salir, al caminar se percató de que su forma de caminar era diferente a la de todas las personas de allí por lo que llamaba la atención, luego sintió nuevamente esa sensación clavada en él. Recordó que estaba dejando parte de su comida en el suelo y volteo a verla. Entonces se sintió libre para salir y continúo sin pensar más.
El aire fresco y aun frio lo conectó con la vida, se percató de su semblante horrorizado y sus ojos ardientes. Seguía vivo, estuvo a punto de perder la razón pero fue salvado. Entendió como tantos otros no tienen esa suerte y no pueden volver nunca más a sus casas. Quería descubrir el fondo del abismo y lo había hecho, entendía como otros sin la fuerza mental que el poseía necesitaban mucho menos que ver a un bougman para volverse locos dentro de él, pero ya se había salvado de quedar atrapado. ¿Ahora como saldría?
Se sentó sobre la banqueta, aun sintiéndose débil, repasaba los sucesos anteriores. En su mente imperaba la imagen del rostro de esa cosa y el espacio tras los parpados huecos, con ese color verdoso adentro y el olor a formol y excremento. ¿Qué tenía que haber sufrido alguien para atreverse a hacer estas cosas a las personas? ¿Cómo en su ser podía existir tal sadismo y deshumanización? Se recordaba que estaba en el fondo del abismo en lo más bajo de lo más bajo, entre la peor escoria de la sociedad pero aun así sus creencias no le permitían explicar cómo se podrían cometer tales crímenes. No pensaba que el humano fuera capaz de hacer esto ni siquiera viviendo en estas condiciones, pero estaba claro que no había podido experimentar ni la mitad de lo que en este mundo existe. Deseaba poder hacer algo al respecto. Sí el cielo le permitía detener este mal ejemplo de la perversidad humana.
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