8/16/24

Cuentos Atroces parte 16

 

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 Me acerque y vi que este era un muchacho incluso menor que yo de unos 16 años con los parpados caídos, nariz pequeña y rostro aplanado, piel morena y ceniza, de un gesto serio que nunca cambiaba y una mirada desdeñosa. De unos 160 centímetros de altura más bajo que yo y tan callado que me parecería brutalmente incomodo estar junto a él.

¿Como ves? ¿Ahí te lo dejo no? ¿Para que trabaje contigo no? ¿Y ya le enseñas que hacer no?

Él me lanzo una mirada con esos ojos negros que deteste desde ese momento y asintió con la cabeza sin mover otra parte de su cuerpo curveado. Algo en él me provocaba sensaciones muy nefastas y un gran nerviosismo casi incontenible. Entonces Juan salió sin mirarme muy apresurado y en la entrada le dijo:

¿Entonces ahí te lo dejo no? Yo ya me voy para allá a ver qué onda. ¿No?

Yo lo veía a ver que decía y el solo miro a Juan sin decir nada y lanzo un poco su barbilla indicándole que se fuera. Juan salió sin decir más y yo me quede ahí. Ninguno de estos tipos hablaba. ¿El trabajo empezaría hoy mismo? ¿Tenía que irme y regresar mañana? No lo sabía, este tipo solo veía fijamente hacia abajo y me parecía tenía algo entre sus dedos pero no lo podía ver por qué la máquina que tenía enfrente me tapaba. Los otros solo miraban por la ventana hacia la calle, entonces pregunte qué es lo que tenía que hacer. Ese tipo subió la vista y me miró fijamente sin hacer ningún otro gesto. Yo no sabía qué hacer ni qué decir, él no apartaba la vista de mí y mi nerviosismo se incrementaba, no entendía por qué me sentía así ante esa mirada. Nunca me había pasado antes. ¿Por qué ahora? ¿Qué tenía él de diferente? Permanecimos un momento así sin decir nada y yo me empecé a sentir amenazado y estaba por temblar, me preguntaba que estaría pensando, si debía repetir la pregunta pues tal vez no me había escuchado. Después de casi un minuto sin decir nada uno de los fortachones me dijo que lijara las tablas, y me las señalo, al verlas me sentí un poco aliviado. ¿Acaso le molesto que lo viera a los ojos, porque me había visto de esa forma? Tome unas lijas enmarañadas entre telarañas que había ahí y comencé a lijar unas tablas completas que estaban cerca de mí.

Divague en mis pensamientos mientras lo hacía pues nadie me volteaba a ver ni me decía nada. Pasaron unas horas de esto, ellos realmente hicieron muy poco, este chico ni siquiera se movió solo los fortachones salieron de vez en cuando primero uno y luego el otro, luego se oscureció. El chico salió, los hombres lo vieron irse y al ya no estar él en la habitación me dijeron que ya podía irme.

De regreso una energía extraña me rodeaba, me sentía muy serio y tétrico, el olor del polvo y la suciedad de ese lugar aún me acosaba. Reflexionaba sobre los sucesos anteriores y me suponía que eso era una carpintería y el trabajo en el que me había enrolado era el de carpintero pero no entendía porque ninguno de ellos se había movido a hacer nada, quizá no tenían algún trabajo pendiente. Quería pensar eso y no involucrarme en los verdaderos porqués de toda esa situación, supongo que en el fondo sabía que había algo muy extraño ahí pero no quería saber que era. Pensaba en que sí me pagaban esto estaría bien, al fin podía comprarme algunas cosas y cooperarle a mi madre para los gastos de la casa. Igualmente pensaba en que no me habían dicho nada sobre el sueldo que recibiría, los días de trabajo ni la hora de entrada. Recode que no me dijeron nada y esto me puso colérico, no podía estar gastando mi tiempo y energía en un lugar donde no me habían asegurado un pago, ni con gente tan extraña que ni siquiera habla, pero que si me ponían muy incómodo con sus miradas. Si esto realmente era una carpintería estaría de lo mejor aprender este oficio y después abrir mi propia carpintería pero hoy ni siquiera a eso llegamos. ¿Qué de ingenio había en pasar horas lijando unas tablas sin siquiera saber para qué? Llegue a casa molesto, mi madre me pregunto dónde había estado, le dije que con Juan y oculte mi cara para que no me preguntara más. En la cena, ella me veía y yo la esquivaba, mi padre también me vio pero no cuestiono nada ni opino, mis hermanitos trataron de distraerme y me incitaron a jugar pero no tenía cabeza para eso. En la cama esto seguía dando vueltas en mi mente y yo no quería hacer caso a la verdad de todo esto. Algo en mi me decía que no podía dejar las cosas así como así porque de algún modo yo había dado mi palabra y buscado el trabajo y aunque todo fuera muy sospechoso mi “compromiso” era ir a trabajar. Ni siquiera sé de donde saque toda esta cursilería pues mis padres nunca me habían dicho tales cosas pero mi inseguridad se disfrazaba de compromiso para no enfrentar la realidad. El hecho de decepcionar a Juan erróneamente me pesaba, pues pensaba que era mi único amigo y no quería perder al único que tenía, y por eso estuve tontamente dispuesto a continuar en el trabajo que me consiguió. Logre conciliar el sueño pero sin poder aun resolver esta situación en mi mente.

Al amanecer lo primero que vino a mi mente fue decidir sobre qué hacer respecto de este trabajo. Juan solo me había dejado ahí sin decir más, esos tipos no explicaron nada, ni lo más importante, que era, cuanto me iban a pagar y pensaba que aun que pagaran poco el aprender ese oficio sería muy bueno para mí. Así que tratando de usar la lógica pensé que los pagos normalmente se dan los lunes entonces podría esperar hasta el lunes a ver cuánto me pagaban y que el lijar tablas tal vez era el primer pasó antes de lograr aprender este oficio. Así que con esto me motive y partí para ese lugar ya bien entrada la mañana. ¿Qué más daba si los muy mustios ni siquiera se habían dignado decirme mi hora de entrada? Mi madre ya no estaba en casa, mis hermanos estaban corriendo y brincando entre las camas como siempre y mi padre me vio salir sentado en su silla, sentí pendiente de dejar a mis hermanos pequeños solos pero mi padre no me diaria nada y a fin de cuentas él estaba ahí que los cuidara por una vez en muchos años.

Camine por las inclinadas calles de la colonia con las manos en mis bolsillos y encorvado por el frio hasta llegar a la casa de este tipo. Al llegar a la cochera por curiosidad me fije que había a lado de ella. La pared color verde definitivamente no era parte de esta cochera, esta cochera era como la de mi casa incluso un poco más chica y no tenía ningún acceso a la casa verde. ¿Entonces cómo podría tener tantos cuartos arriba? ¿Acaso se habían encimado y construido sobre la casa de alado? Hice lo que Juan el día anterior abrí el zaguán de metal que no tenía seguro, cruce la cochera polvorienta y subí al segundo piso. Y estando en ese pasillo me di cuenta como el piso era rugoso y seco. ¡Era el techo de la casa verde! ¡Sí habían construido sus cuartos sobre el techo de la casa de alado! ¿Pero qué agallas? ¿Cómo pudieron hacerlo? ¿Por qué los dueños de esa casa no les dijeron nada? ¿Qué ya no viven ahí, porque no mejor se metieron en ella?

Mientras pensaba en esto avanzaba por el pasillo absorbiendo ese olor insoportable que venía de las paredes junto con el olor a humedad y el de suciedad que salía de los cuartos. Al pasar por la segunda puerta se asomó una persona muy obesa casi redonda sin pelo en la cabeza y ropa muy corta que no tapaba bien su cuerpo y me dijo que me acercara. El interior de su cuarto olía además de suciedad a tinta o a algún químico textil y se veía iluminado por una luz roja y un pequeño espacio más por una luz azul que daban solo en una parte del piso dejando todo lo demás a oscuras. Parado en la puerta sin permitirme entrar me mostro un recorte de periódico y pude notar que dentro tenía otros tantos pegados en la pared sobre lo que parecía su cama.


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