8/15/24

Cuentos Atroces parte 11

 

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Trepé, era muy alta. Primero una barda de cemento, luego maya de alambre que se unía a la maya de alambre de la escuela de alado que era aún más alta. En esta unión desamarre el alambre que las juntaba y entre el hueco me pasé. Lo hice con prisa pero el alambre era muy grueso y tarde mucho, estaba seguro de que me había visto.

Al cruzar vi los salones rojos con una franja amarilla, a mi derecha en una cancha de básquet boll había un grupo de niños jugando con un profesor. Desde la escuela de la que venía no los lograba ver pues los tapaba una pared de tabiques, hasta entrar los pude ver. Ellos y el profesor si me vieron trepando y entrando. No sabía qué hacer. ¿Qué hacía? Soñé con la esperanza de que el profesor me comprendiera y me escondiera. En algún salón donde no me podría hacer nada pues estaba lleno de testigos, pero si este idiota era capaz, tal vez hasta estos niños serian lastimados o traumados por ver algo así.

Tuve que correr, les grité, lo siento profe me vienen persiguiendo. Lo mire a los ojos, trate de que viera mi genuina intención de no ser el malo ni estar jugando, que en verdad estaba en una situación de vida o muerte y estaba corriendo por mi vida. Aunque sé que difícilmente me creería, pues venia de una escuela abandonada, como era posible que alguien me estuviera persiguiendo ahí.

Como sea corrí y si ese idiota me seguía hasta aquí ellos lo verían y sabrían que mi declaración era verdad y hasta podrían ayudarme. Esperaba que el fuera tan estúpido. Al cruzar la escuela hice todo el ruido que pude sin descaro alguno, esperaba que oyeran todos, que saliera hasta el director y más maestros para que lo vieran perseguirme. Pero no pare, llegue hasta la otra barda y la brinque. De este lado había mucha vegetación y algunos huertos. Todo era campo por aquí. Pero ya no podría quedarme escondido. Si ese no atravesaba la escuela y me seguía ya sabía dónde estaba y ahora si podría venir con todos a perseguirme.

Carajo al fin el cielo me sonrió, voltee hacia abajo y estaba pisando zanahorias. Saque todas las que pude y corrí hacia la derecha pues de frente tenía un rio. Esto era como el límite de la ciudad, ese rio y la franja de cultivos que lo acompañaban. Más allá había más cultivos y puro campo no tenía sentido irme hasta allá pues encontrar un refugio no era garantía y si me perseguían ahí sería mucho más letal la búsqueda. Aunque eso no lo esperarían. Pero sí me buscaban. ¿Cómo escaparía? Decidí seguir hacia la derecha sobre los cultivos del rio cerca de la urbe hasta encontrar donde esconderme.

Limpié lo más que pude las zanahorias y las devore todas. Parece que ese no fue tan estúpido y me dio algo de tregua. Avance con tranquilidad pensando en mi hambre y para mi sorpresa tras devorar casi 10 zanahorias el malestar no desapareció. Parece que me faltaba otra cosa. Estaba desesperado, mi estómago dolía mucho. Recordé que en el avance crucé un campo de maíz y este estaba tierno. Así que regrese corte algunos y me los comí crudos. Después de unos cuantos mi hambre se calmó deseaba poder quedarme ahí para cuando me diera hambre. Pero no podía, si me buscaban empezarían por aquí porque el elegante vio que cruce la escuela y que llegue a estos campos. Avancé y avancé hasta que llegue casi a la otra orilla de la ciudad, aquí el rio daba vuelta, rodeándola, no tenía sentido cruzarlo y seguir hacia el campo. Necesitaba entrar a la ciudad de nuevo y buscar la forma de proteger a mi madre o desaparecer a esos tipos.

Justo en la esquina pegado al rio y al último campo donde me encontraba yo terminaba una gran barda alta de cantera y empezaba una de herrería sobre un metro de concreto. Vi hacia atrás sentí escalofríos tal vez ya venían pisándome los talones, no encontré buena idea regresar. Ya había profanado cuantos predios se me antojó y tenía que seguir haciéndolo. Trepe la barda de herrería y entre al jardín de esa casa. Me sentí completamente vulnerable e indefenso ahí si alguien me veía tendría todo el derecho hasta de dispararme pero regresar no era una opción. A un lado había una bodega, corrí hacia ella y me escondí detrás, noté que su puerta no tenía candado y la abrí tratando de hacer el menor ruido posible. Dentro había todo tipo de cosas deseé tomar algo pero en ese momento oí que la puerta trasera de la casa se abrió y alguien salió. ¿Maldita sea me abran visto? ¿Vendrían por mí? Se aproximó a la bodega y entro por la puerta de enfrente. Todo había acabado por lo menos iría a prisión y no sería asesinado. Me agaché y me quede muy quieto, avance a gatas a un hueco que encontré entre las cosas y no me moví. Mi corazón latía más fuerte que nunca. Pero esta vez no me movería ni un poco. La persona puso algo en el piso y salió. No lo podía creer lo logré, me salve. Pero aun así no me moví me quede mucho tiempo inmóvil después de oscurecer. El sueño me sedujo una vez más y sucumbí.

Tuve un sueño muy lógico para mi situación que sin embargo fue una pesadilla. Me soñé con una playera roja en un desierto rocoso y oscuro lleno de sombras. Alguien en un momento encendía un apagador y una luz brillante como el sol, azotaba mi cara. Una sombra se aproximaba con una larga mano amenazándome, yo volteaba hacia el lado contrario para escapar pero de ese lado había más sombras, una grande al centro y aún más a sus costados. Entonces corría hacia un lado a toda velocidad. Las demás sombras desaparecieron pero quedaba una que avanzaba lento, lento, hacia mí y por más que yo intentara huir lo más rápido posible esa sombra yendo lento no paraba de acercarse más y más. Aparecí en una casa azul, alguien estaba cocinando y un olor delicioso invadía todo el espacio. Hasta que una puerta se azoto y una persona con una botella en la mano empezaba a destruirlo todo. Un niño salió corriendo por atrás y una mujer se quedó en la casa enfrentando al hombre con la botella. Vi al niño huir entre los tejados y aquí la mujer yacía en el piso. Luego un tipo con el cuerpo lleno de brillos me tomaba por el cuello de la playera y me jalaba hacia atrás. Un jadeo me despertó y abrí los ojos sudando y casi sintiendo el tirón en mi cuello.

Todo seguía oscuro, había olvidado mi celular pero seguía en mi bolsa. Eran las dos y quince de la madrugada. Sentí una imperiosa necesidad de salir de donde estaba. Encendí la lámpara del teléfono y antes de irme examine un poco lo que había aquí. Había sacos que me parecieron elegantes pero desgastados. Cosas de metal que parecían antigüedades, herramientas, muebles, llantas, botes, baterías de carro. Vi unas cajas chiquitas, curiosas, las abrí y tenían joyas en su interior. Pulseras, collares, aretes, anillos. Tome de un manotazo las que pude y las eche a mi bolsa. Continúe viendo que había pero todo lo demás era pesado o inservible y el ansia de escapar era muy imperiosa en mí. Hacia frio así que tome también uno de los sacos que estaban colgados el que me pareció más bonito. ¡Ya que! Ya estaba robando y huyendo. Era blanco con bolitas plateadas. Salí siendo lo más sigiloso posible, trepe la reja y estaba fuera de esa casa pero con el peligro de ser encontrado por ellos.


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