8/16/24

Cuentos Atroces parte 23

 

Anterior: Cuentos Atroces parte 22


Comprá el eBock kindle (oferta $149.9) Amazon KDP

Libro físico con Pseudónimo Especial ($430) Cuentos Atroces - SKAHD .l. | Autores Editores


¿Qué necesitamos para despertar? Yo no lo sé, pero sé algo. Sé que mi tía por su ventana ha visto a estos seres desde hace mucho tiempo y ellos están construyendo algo, también sé que a pesar de lo que diga mi mamá si voy ahí desde esa ventana también podré verlos y tal vez pueda averiguar que están haciendo antes de que algo malo pase, pero primero tengo que esperar a que a mí se me pase el terror que estoy sintiendo.

Me senté en una banca del parque mientras mi mente estaba como loca dando vueltas y vueltas a lo que había visto, trataba de concebirlo como cierto pues lo vi con mis propios ojos y sí me quedaba duda alguna en mis manos tenía el periódico con una foto, prueba fehaciente de que era verdad y no solo una alucinación o una imagen pasajera producto de mi imaginación, aquí tenía la foto que podía volver a ver y a ver y no le permitía a mi mente negar lo que había visto. Si encontraba algun pretexto para negarlo al momento de bajar la cabeza la imagen del periódico que tenía en mis piernas me evitaba conseguirlo y me obligaba a continuar asimilando la increíble realidad. Estaba a punto de desvanecerme, estoy seguro de que estaba pálido y entendí bien por qué todos los que compraron el periódico simplemente pasaban la página, nuestra mente prefiere ignorar cosas como esta que perder la cordura. Sentía que mi corazón iba a estallar pues esta imagen y el recuerdo no me permitían regresar al mundo “real” que conocía, entonces un segundo antes de que me echara a correr con la intención de cubrirme sobre mi cama lo que estallo no fue mi corazón fue el mundo.

Comencé a moverme de arriba abajo sin moverme, pensé que había muerto, de un paro cardiaco de seguro y estaba yendo al cielo y luego al infierno y luego pensé si me habrían dado alguna droga sin darme cuenta. Entonces vi que todos estábamos igual los árboles se hacían de un lado para otro, el camino de concreto salía de su nivel sobre la tierra y se quebraba, las personas se detenían y abrían sus piernas para no perder el equilibrio. Más allá los edificios se movían y se separaban unos de otros. A mi espalda un gran estruendo y nubes de polvo me cubrieron. Se estaba derrumbando un edificio y esto era un terremoto. Trate de mantenerme en pie para poder esquivar si el piso se abría debajo y vigilaba que ningún árbol se fuera a caer sobre mí. Algunas personas corrían otras lloraban y se tiraban al piso y entre la desesperación colectiva vi aproximarse a Miranda corriendo y brincando sobre las rupturas del camino del parque, al llegar a mí me jalo de la mano y dijo.

¡Acompáñame!

Después de correr despavoridos de la plaza pública al ver ese edificio derrumbarse, llegamos al callejón donde se ubica la casa de mi abuela. Todo estaba extrañamente muy oscuro siendo que no debía haber pasado el mediodía cuando ocurrió el terremoto. Esto y el recorrido no pudieron haber durado una hora pero al entrar aquí el sol se había ocultado y la oscuridad nos inundaba, todas las luces estaban apagadas, al parecer la ciudad se había quedado sin energía eléctrica y no había una estrella ni luna que nos amparara. Al llegar al fondo del callejón donde está la casa de mi abuelita, justo en la esquina de este, entre todas las tinieblas vi unas sombras moverse. Dos enormes seres voltearon sus torsos para mirarnos con sus enormes rostros. Yo grite y me solté de Miranda, le dije:

¡Mira! Ella volteo a verlos y me volvió a tomar de la mano.

¿Qué no los habías visto? Abrió la puerta y me jalo.

Vamos a ver a mi abuela.

Antes de que serrara la puerta vi como otro bulto más bajo se movía y era otro ser agazapado en el piso. Entramos al cuarto de mi abuela, ella estaba en su cama, Miranda corrió a abrazarla y miro para todos lados como cerciorándose de que la casa estuviera bien. Me dijo que fuera a ver los demás cuartos. Salí del de mi abuela y avance por el pasillo largo inspeccionando todo. Llegue al último cuarto, al de mi tía, estaba abierto y ella me dijo que pasara. Estaba pegada a la ventana hincada en el piso viendo para afuera. Por pura coherencia me acerque y me acomode como ella. Fuera había un enorme cráter cuyo hueco se extendía incluso por debajo de los pisos de las casas que estaban al frente de la manzana. Y la estructura que parecía estar enterrada en el piso ya no estaba.

La están tapando. Dijo mi tía. Entonces pude entender lo que veía. La tierra parecía estar cayendo al fondo del cráter, pero en realidad caía y se extendía. Solo alcancé a ver como una pequeña parte de un poste de hierro muy grueso era tapado por la misma tierra hasta no dejar ni un rastro más del metal. Volteé a ver a mi tía.

¿Pero qué es lo que está pasando, como se hace eso?

Ella me miró y luego señalo. Su dedo y su mirada apuntaban a una cosa extraña redonda brillando mucho, estaba sujeta a un edificio sin terminar de ese lado de la cuadra. En un momento más se apagó y ya no se vio nada más que tinieblas en este espacio secreto de la cuadra. Le dije a mi tía que vine con Miranda a ver que estuvieran bien después del terremoto. Ella solo asintió y no dijo nada. La vi perder su mirada y comenzar a divagar en sus pensamientos. Entonces caí en la cuenta ese terremoto seguramente tuvo que ver con el desenterramiento de esa estructura. ¿Pero por qué? ¿Por qué nos causarían un terremoto? Entonces recordé. ¡Estaban afuera de la casa! Se lo dije a mi tía, ella abrió mucho sus ojos mostrando asombro y después se volteó con indiferencia ante mí. Y se acostó en su cama.

No tenía más que decir, salí de su cuarto y fui a buscar a Miranda y mi abuelita. Mi abuela estaba acostada y aunque según yo no era tarde ya estaba acostada y Miranda a su lado abrasándola, una vela las iluminaba y entre tanta oscuridad y silencio me sentí tan relajado que me acosté junto a ellas y abrase a mi abuela del otro lado. Antes de quedarme dormido pensé en que debería regresar a mi casa pero no, mejor no. Con esas cosas afuera no me atrevía ni a pensar en abrir la puerta y mucho menos entre esta oscuridad.

David tus papás están como locos buscándote por todos lados. Con eso me despertó la mamá de Miranda. ¿Si ya les había dicho que estaba aquí porque tuvo que hablarme de esa forma tan irritante? ¿Dónde más podría estar que en la casa de mi abuela? Vaya que fue una larga mañana. Apenas terminaba un plato de cereal cuando entro mi mamá vociferando como loca me tomo del brazo y me saco casi jalando de la casa de mi abuela. ¿Pero qué les pasa a las mujeres de esta familia? Mientras me alejaba de la casa de mi abuelita tomado del brazo por mi mamá voltee y vi como en el fondo del callejón ya no había ni rastro de esos seres camuflajeados que yo siempre pensé eran enormes bolsas de basura que la gente dejaba ahí.

No sé cómo hubiera podido salir si mi madre no me sacaba casi a rastras. Pero eso no sopesaba mi temor. ¿Si ya no estaban ahí donde estaban? Debí haber pasado de nuevo al cuarto de mi tía Elsa antes de irme para saber si los seres estaban de nuevo ahí o no, pero no pude, las circunstancias no me lo permitieron. En el camino a casa pensaba en cómo es que mi prima lo sabía y yo nunca los vi. Y como es que a veces estaban y a veces no había absolutamente nada. ¡Claro porque se movían! No era que la gente dejara sus bolsas de basura, era que ellos se iban a otro lado. ¿Pero por qué se escondían ahí? Estoy seguro de que había miles de lugares mejores para esconderse que el fondo de un callejón por donde siempre pasaban las personas de la casa que está ahí. Por ejemplo el espacio donde dejaron ese enorme cráter.

 

Siguiente: Cuentos Atroces parte 24


Comprá el eBock kindle (oferta $149.9) Amazon KDP

Libro físico con Pseudónimo Especial ($430) Cuentos Atroces - SKAHD .l. | Autores Editores




No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Quien es Hector Daniel Sanchez Castellanos Altamirano

Post Anterior.  Hector Daniel Sanchez Castellanos Altamirano, quien escribe crea este sitio con un claro propósito, el de ayudar a la gente ...