Anterior: Cuentos Atroces parte 31
Comprá el eBock kindle (oferta $149.9) Amazon KDP
Libro físico con Pseudónimo Especial ($430) Cuentos Atroces - SKAHD .l. | Autores Editores
—Hay que atarlo.
Dijo miranda y comenzó a buscar alrededor algo para hacer esto. Oscar que estaba mucho más familiarizado con los escombros y el lugar desapareció un momento de nuestra vista y regresó con una cuerda. Ataron sus manos atrás de la silla y sus tobillos cada uno a una esquina de esta. Ahora que lo podía ver bien él era incluso más bajito que Oscar pero sumamente gordo y decrepito, parecía un marrano inflado. Sus piernas se veían tan delgadas y flácidas que era difícil pensar que lo sostuvieran, parecía que tenía la capacidad para llegar caminando hasta su escritorio pero ni un pasó más. Sus brazos y cuello estaban rodeados de piel colgada, se veía que no tenía un musculo capaz de hacer algo, su vientre era redondo y amplio, muy amplio parecía una burbuja sobre palillos. Con razón Eustas estaba tan seguro de noquearlo de un solo golpe y por si acaso uso una piedra bastante grande. Ahora hasta me preocupaba que le hubiera hecho demasiado daño. Miré su pecho y se notaba como se expandía y contraía con la respiración, seguía vivo, por suerte. Al tenerlo bien atado seguimos con la misma interrogante como lo llevaríamos hasta el cráter. Y más sabiendo la complicada forma en que se atravesaba por la hendidura del bardeado. Les dije que tal vez podríamos levantarlo entre los cuatro o que podríamos ir a buscar alguna cosa con llantitas en la que fuera más fácil trasportarlo. Acordamos ir a buscar tal cosa Miranda y yo mientras Eustas y Oscar se quedaban aquí vigilándolo.
Salimos corriendo y al cabo de unos minutos me di cuenta de que sin pensarlo nos estábamos dirigiendo a la casa de mi abuela. No sé qué podríamos encontrar ahí pues en mi mente repasaba todos los objetos que recordaba y no daba con alguno que nos pudiera ayudarnos en nuestra misión. Le pregunté a Miranda que es lo que estábamos buscando y si encontraríamos algo para esto en la casa de mi abuelita ella dijo que no seguramente no pero era mejor que fuéramos pues ella tenía que avisar a su mamá donde estaba y que seguiría fuera un rato más. Igualmente era mejor que yo les dijera que estaría con ella y pudieran avisar a mi mamá para que no se volviera a poner como loca. Al pensar en eso sí que me pareció una buena idea lo que proponía Miranda.
Entramos y como si Miranda ya supiera lo que iba a pasar su mamá ya estaba en el sillón de la entrada esperándola y al verla entrar frunció el ceño. Luego estiró el cuello y me vio a mí entrar detrás de ella aun con el ceño fruncido. Entonces se dirigió a Miranda restándome importancia.
—¿Dónde estabas?
—Salimos a jugar al parque mamá y cuando empezó a llover nos tuvimos que refugiar hasta ahora que pasó la lluvia.
—¿Lluvia? Si aquí no ha caído ni una gota.
—¿No? Pero si callo un aguacero enorme en el parque mamá.
—¿De qué hablas, estuvieron jugando con agua? —Le tocó el pelo y estaba empapado igual que su ropa.
—No, enserio mamá, toda la gente salió corriendo.
Ahora que lo pienso al llegar al edificio derrumbado no había lluvia y todo estaba seco como si no la hubiera habido nunca.
—Ya deja a la pobre niña, debió ser una de esas lluvias que no tienen una nube muy grande y solo mojan por donde pasa.
Mi tía se quedó viendo fijamente a Miranda como queriendo encontrar la verdad en sus ojos. Mi abuelita continúo para terminar de convencerla.
—… además anda con su primo. ¿Qué les puede pasar cuando están juntos? ¿Verdad mi amor? —dijo dirigiéndose a mí.
—Pues espero que nada malo abuelita. —En verdad eso espero.
—Ves ya deja a los pobres y tráelos a cenar. —Mi tía se había terminado de convencer y nos estaba dirigiendo a la cocina cuando Miranda dijo.
—Mami, pero queremos salir otro rato, tenemos una partida pendiente y queremos demostrarles quienes son los mejores.
—Sí tía solo un ratito más. Por favor. —Junte mis manos como angelito e hice un tono dulce de vos.
—Anda mamí, avisa a los papás de David que se quedará con nosotras. ¿Sí?
Su mamá apenas e hizo un gesto aprobatorio cuando Miranda salió corriendo tomándome del brazo y entro al cuarto suyo y de su madre. Cundo su mamá y mi abuelita entraron a la cocina Miranda salió del cuarto y entró al de nuestra tía aun llevándome del brazo.
—¡No vas a creer lo que pasó tía Elsa! Encontramos a dos de los seres y a tus amigos. Uno de los seres me tocó la frente y me mostró lo que quería saber. Ellos no son malos, solo quieren regresar a su planeta pero no pueden hacerlo porque uno de sus acompañantes los abandonó y les robó una pieza de la cosa que usan para trasportarse. Entonces lo capturamos. Ya sabemos dónde está y fuimos ahí junto con tu amigo, Eustas, que recuperó su forma y ya parece una persona decente. Donde estaba ese ser también estaba tu amigo Oscar, a quien tenía como esclavo y nos ayudó a capturarlo, ahora lo tenemos bien amarrado en una silla listo para traerlo a la nave de sus compañeros.
Mi tía Elsa escucho con los ojos bien abiertos desde el momento que Miranda dijo dos de los seres, se quedó un momento inmóvil asimilando la noticia, parpadeo un par de veces y luego dijo.
—¿Oscar? ¿Los ayudo a capturarlo? ¿Y cómo lo capturaron? ¿Dónde es que estaba?
—Oh, ahora está convertido en un ser decrepito y obeso no hubiera resistido ni un golpe pero le dimos uno muy bueno con una piedra que lo dejo desmayado. Estaba en el edificio que se derrumbó en el temblor. El que era de los seguros.
Mi tía seguía inmóvil escuchando y tratando de asimilar yo veía como su mirada estaba perdida mientras sus sinapsis acomodaban toda la información.
—¿Un ser decrepito? ¿Y cómo es que se convirtió en eso?
—Tal parece que cuando los traicionó y sucumbió a los placeres terrenales se volvió como nosotros. Un simple humano. Y pues tal parece que era un glotón desnutrido. No hubiera podido hacer mucho si quería defenderse. Pero al pobre de Oscar lo tenía completamente sometido. Lo hubieras visto.
—¿Ooh y dónde están? ¿Porque no lo han traído?
Se refería a Oscar o al magnate me estaba preguntando cuando dijo.
—¿Al ser ese porque no lo han traído?
—O bueno, porque es muy pesado, es realmente una bola de grasa.
—¿Ya veo y que piensan hacer?
Recordé que ellos estaban allí esperándonos mientras nosotros estábamos aquí teniendo esta conversación.
—Justamente por eso hemos venido, vinimos a buscar algo con lo que podamos trasportarlo.
Mi tía se quedó pensativa igualmente Miranda y yo. Seguía repasando en mi mente si en algun lado había visto alguna cosa que nos ayudara con esto y al no recordar nada como tal mi mente pensó en cómo me trasportaría yo si fuera uno de esos seres, luego me pregunté cómo es que se trasportan entonces mi tía dijo.
—Pues no tengo idea de que les podría servir pero tal vez nuestros amigos puedan ayudarnos. –Y volteó su mirada hacia su ventana.
¿Acaso estaban ahí otra vez y a esta hora? Miranda y yo nos vimos, luego sorprendidos nos acercamos rápido a la ventana y nos hincamos frente a ella. Era así los seres estaban ahí, estaban los tres del principio parados alrededor del cráter del cual emanaba una gran luz dorada. Parecía que tenían algunas tareas que hacer, se les veía trabajando e inmersos en este trabajo. Entonces les dije.
Siguiente: Cuentos Atroces parte 33
Comprá el eBock kindle (oferta $149.9) Amazon KDP
Libro físico con Pseudónimo Especial ($430) Cuentos Atroces - SKAHD .l. | Autores Editores
No hay comentarios.:
Publicar un comentario