8/17/24

Cuentos Atroces parte 33

 

Anterior: Cuentos Atroces parte 32


Comprá el eBock kindle (oferta $149.9) Amazon KDP

Libro físico con Pseudónimo Especial ($430) Cuentos Atroces - SKAHD .l. | Autores Editores


 —¿Recuerdan cuando trajeron un carro y lo desaparecieron en un instante?

Estaba recordando eso y preguntándome como lo habían hecho cuando de repente en el terreno apareció el gigante con casco de minero y una gran bóveda de metal que me pareció familiar. Un instante después apareció el gigante de túnica y junto a él tres personas. En el siguiente segundo me di cuenta de quienes eran esas personas, eran Eustas, Oscar y el magnate. Quienes aparecieron agachados y encorvados y poco a poco y con asombro se fueron enderezando viendo para todos lados tratando de reconocer el lugar. Un momento después Eustas clavó su mirada en nuestra ventana. Oscar la vio por un momento pero estaba más preocupado por las cosas que estaban junto a él y solo veía para todos lados agachándose y pensando en si pudiera desaparecer.

Nosotros igualmente estábamos tratando de asimilar lo que veíamos. La ayuda que vinimos a buscar apareció justo en el momento en que lo pensamos ni siquiera tuvimos que decírselos…

Bueno después de todo nosotros necesitábamos su ayuda para ayudarlos… pensé. ¿Y ahora que teníamos que hacer, habíamos terminado nuestra parte en este suceso? Ya tenían al que les faltaba y trajeron también esa bóveda, algo me decía que ahí estaba la pieza del ovoide que también necesitaban. ¿Entonces qué? ¿Se irían y podríamos volver a nuestras vidas normales? Por mi mente cruzaban estas ideas cuando vimos a uno de ellos desaparecer. Y después oímos un golpe seco en el techo de la casa. Ahora lo entendí y estoy seguro de que ellas también lo entendieron. Algo en mi mente me dijo que no había terminado que nos estaban esperando y necesitábamos ir hacia con ellos. Las voltee a ver y las vi mirando la puerta, ellas también lo sabían. Salió Miranda y detrás un suceso que igualmente aprecia increíble para mí. Mi tía salió. Relajada y confiada, sin ningún pesar ni arrepentimiento como si estuviera y hubiera vivido completamente realizada. Eso me causo un remolino de emociones contradictorias pero di el primer paso en la misma dirección que ellas y al darlo todo eso quedo atrás al igual que cualquier pesar que yo pudiera haber tenido y camine tan liviano como ellas sin pensar ni darme cuenta de los pasos con los que cruzaba la casa. Al estar fuera un fuerte viento frio nos cubrió se sentía fresco y revitalizante. En primera instancia vimos las piernas del gigante luego alzamos la vista y a la luz del foco del poste lo vimos por completo, era el sheriff. Volteé hacia la pared del callejón y por supuesto no había nada. Ellos ya no estaban camuflaje a dos.

Te estaban esperando tía. Siempre estuvieron aquí esperando a que salieras para explicártelo todo. –Dijo Miranda.

El sheriff se inclinó un poco y luego salimos volando todos junto a él. Se me salió el aire, mi estómago perdió la gravedad y vi las nubes y vi el sol sobre la tierra oscura. Luego bajamos y sentí que perdía el conocimiento pero antes de que eso pasara llegamos. Estábamos de nuevo en tierra en el terreno baldío al interior de nuestra cuadra. Este lugar secreto que nadie conocía ni conocería a menos que por curiosidad se adentraran en un edificio abandonado o hicieran una ventana al interior de sus casas para ver hacia ninguna parte. No pude evitar agacharme al tocar el piso y meter la cabeza. Volvía a abrir los ojos, primero uno después otro quería asegurarme de que estábamos en tierra. Volteé un poco y vi a Miranda y a mi tía en la misma posición que yo. Tenía una sensación nauseabunda en mi estómago. Me quedé así un momento hasta que recordé a los otros. Volteé hacia donde los habíamos visto pero ya no estaban solo había dos gigantes parados y uno tercero parado junto a nosotros. Me preocupe por lo que les había pasado. Ya se los habían llevado de aquí o los habían secuestrado como a nosotros. Uno de los gigantes señaló con su mano la entrada del cráter. Luego Miranda dijo.

Vamos, tenemos que ayudarlos.

Yo lo había entendido también. Comenzamos a avanzar hacia el cráter y el sheriff iba tras nosotros. Sentí que debía decirles como entraríamos al cráter y les explique la forma en que podían bajar. Así lo hicimos con cuidado y dentro vimos a Oscar completamente repuesto, derecho sin más rasgos de timidez ni abandono, apuesto, inteligente, completamente libre. Eso me llenó de agrado y fascinación quería saber más de él, quería preguntarle como llego a convertirse en el servil de ese monstro. El volteo y me vio fijamente con su nueva postura ahora me daba cuenta de la finura y elegancia de su ropa, estaba vestido completamente como el gerente ejecutivo de una gran empresa y aunque sucio su porte ya hacia esto más que evidente. A su lado estaba Eustas viendo el Ovoide, creo que ahora entendía a lo que nos referimos cuando se lo contamos. Al vernos dio un paso para atrás como haciendo un lugar en este espacio.

Nos aproximamos y vimos dentro del Ovoide al magnate sobre la silla en la que lo amarramos aun inconsciente. A un lado el gigante del birrete colocaba un gran tuvo, dorado, algo curveado, entre los otros que conformaban el ovoide, las partes de arriba y de abajo en las que encajaba no se veían, eran muy oscuras y entre las sombras eran casi invisibles parecía que los tubos estaban flotando pero por la presión que hiso al meterlo y el sonido nos podíamos percatar de que había algo ahí.

Luego entro el minero, entro caminando de espadas, y frente a él traía la gran bóveda de metal. Suspendida en el aire con el brazo estirado como nos detuvieron cuando íbamos a caer. ¡Era enorme! Fue muy hábil al haberla podido meter en la cueva. Luego la puso cerca de nosotros y del ovoide sin estorbar a nada ni a nadie acoplándose perfectamente en el espacio de la cueva. De un golpe seco de arriba abajo destrozo la tapa y la dejó tirada en el piso. Dentro rebosaba de oro y piedras preciosas, no podía creer el brillo que salía de ahí, veía piedras trasparentes de todos colores y oro, grandes cantidades de oro en todas las formas. Pero no había ni un billete. –que codicia tan selectiva pensé.

Entonces el magnate que estaba en el centro del olvide se despertó y me vio, yo me quede petrificado ¿Acaso había oído lo que pensé? Un momento después empezó a crecer y se vio como los otros, enorme y de color dorado cenizo. Se veía imponente. Ahora si no lo hubiéramos podido derribar sin importar el tamaño de la piedra. Seguí viendo sus ojos ahora alzando la mirada. Ya no se veía famélico, seguía redondete pero no débil y se veía que no le importaba en lo más mínimo lo que le habíamos hecho. Parecía que entendía que así debía ser y nos trasmitía esa misma sensación. Los otros gigantes se pusieron a los lados del olvide rodeándolo y nos miraron a todos piadosamente. Miranda me dijo.

Ya es hora David.

Sin más palabras yo entendí lo que teníamos que hacer y vi a los demás acomodarse intercaladamente entre los gigantes. Sentía una gran nostalgia y tristeza, esta historia iba a terminar, tal vez continuaría en otra dimensión pero no con nosotros, quería derrumbarme y encogerme a llorar pero no podía, aún queda una cosa por hacer. El magnate alzó los brazos dentro del ovoide y todos los demás nos vieron con tanto cariño y amor, entendíamos que se estaban despidiendo de nosotros. Entonces alzamos la mano todos al mismo tiempo y cada uno toco uno de los tubos que conformaban el ovoide. Este comenzó a girar y a iluminarse. Serré los parpados con lágrimas en los ojos y al abrirlos ya no había nada. Estábamos rodeados por tierra húmeda y fría fajo la superficie. Parecíamos cinco locos metidos en una cueva parados unos frente a otros. Ante esta inmensa nada yo mismo pensé si este episodio no habría sido solo un sueño o una fantasía de locura momentánea y veía que ellos estaban igual de desconcertados que yo. Se habían ido, estos seres cuya idea nos atormentó tanto tiempo habían desaparecido y no quedaba ni rastro de ellos. Creo que hubiera cedido y me hubiera conformado con la idea de que todo había sido un delirio si no me hubiera dado cuenta de que todos estaban volteando a ver la bóveda rota. Esa era la gran prueba de que todo pasó. Era la prueba para nosotros de que lo irreal si existió y con esto podríamos ligarlo el resto de nuestras vidas a nuestra realidad.

Nos acercamos para ver más de cerca la bóveda y nos sorprendió que estaba vacía. ¿Acaso ellos se lo llevaron? ¿Para qué lo querían? ¿Qué esto fue una expedición de saqueo?

Lo usaron como combustible necesitaban todo eso para catalizar la energía necesaria para llegar hasta su planeta. Él no los traicionó eso fue lo que yo pensé porque en nuestras palabras no está su lenguaje y solo vi imágenes pero lo que el hizo fue hacer lo necesario para cumplir su misión y lo hizo de la única manera que aprendió, ganando riquezas en este mundo. Su misión era la más importante para él y sus compañeros por eso lo sacrifico todo en este mundo para cumplirla. Solo así podrían regresar a su verdadero hogar.

¡Vaya! Solo estaban aquí como viajeros de paso haciendo lo necesario para volver a su mundo y si bien no pudieron iluminar a muchas personas por lo menos iluminaron a uno o a uno cada quien que es más que suficiente. –Dijo Eustas.

Yo pensaba en lo increíble que fue volar con el del sombrero del lejano oeste que sin duda había tomado la forma de un sheriff y vi como los demás se sumergían en sus pensamientos recordando algo en específico.

Salimos del cráter. Esto había terminado y no quedaba más que irnos y hacer lo que podíamos con lo que habíamos conocido. Yo estaba ansioso por escribir todo lo que vivimos pero no me quería ir, me hubiera podido quedar a vivir en ese hoyo para conservar el recuerdo de nuestros amigos si no hubiera visto que el disco que seguía pegado al edificio abandonado estaba tapando todo y los demás no me hubieran impulsado a irme. Pero antes de empezar a trepar volteé a ver la ventana y les exclame.

¿Alguien se ha preguntado por qué el vidrio de la ventana de repente estaba tan limpio por afuera?


 Siguiente: Cuentos Atroces parte 34 Bougman


Comprá el eBock kindle (oferta $149.9) Amazon KDP

Libro físico con Pseudónimo Especial ($430) Cuentos Atroces - SKAHD .l. | Autores Editores


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Quien es Hector Daniel Sanchez Castellanos Altamirano

Post Anterior.  Hector Daniel Sanchez Castellanos Altamirano, quien escribe crea este sitio con un claro propósito, el de ayudar a la gente ...