Compra el eBock kindle (oferta $149.9) Amazon KDP
Libro físico con Pseudónimo Especial ($430) Cuentos Atroces - SKAHD .l. | Autores Editores
Lleno de vergüenza y con la cabeza abajo fui a buscar a mi padre en el calabozo, donde seguía gozando como rey lleno de placeres y pecados faltos de moral, a pesar de que todo era diversión y lujo ahí, se podía sentir un mal estremecedor que hace tiritar los huesos con el primer vistazo por todas las ofensas hacia Dios cometidas en esa caverna. Un lugar obscuro alumbrado con luz roja de fuego, carne apetitosa y bien preparada justo en su punto que provoca tomar todo lo que puedas, bebidas en cantidades excesivas listas para servirse en los vasos más ostentosos, mujeres tan hermosas que no podían ser de alguien nada más, moviendo sus cuerpos incitantemente, tan sexys que de haberles puesto atención habría quedado perdido en esas caderas. Las sábanas más finas sobre los colchones y sillones más suaves y un trono de oro tan excesivo en sus adornos como el lugar mismo, rodeado de sirvientes dispuestos a hacer cualquier cosa que el rey requiriese para que no tuviera que mover ni un músculo. Me acerqué haciendo reverencia y quedando hincado frente al trono donde el rey posaba, lo miré por un momento a los ojos y noté que no sentía absolutamente ningún remordimiento por todos sus actos de libertinaje y egoísmo. Hice mi petición de la forma más humilde, gentil y directa que pude, mostrando las cualidades que él antes ofrecía y predicaba, aunque no estaba seguro de que aún fuera correcto hacerlo así, puesto que claramente él se había olvidado de todos ellos. Mi solicitud fue aceptada, se fijó una fecha y lugar para que el rey volviese a hablar a su pueblo.
Al fin estamos todos aquí. Junto con mi pariente más cercano he hecho todos los preparativos y toda la sociedad ha asistido al palacio, hubo quienes esperamos más de una hora antes, el momento anunciado y encima de la hora, totalmente puntual llegó el soberano mostrando un cuerpo obeso, desmejorado y muy falto de salud comparado de hace años cuando se fue. Si no se le hubiera dicho a todos quien era tal vez no lo habríamos reconocido, avanzó lentamente y subió de a poco a su camón. Ya ahí sentado de forma perezosa, nada correcta solo levantó ligeramente un brazo y dijo.
—Mi reino mi querido reino, pido disculpas por todas las carencias que sufren, no puedo ni imaginar toda la agonía que debieron haber soportado por años. —Hasta ahí su voz era tan relajante y bienvenida en los corazones de todos, parecía que todo se fuera a arreglar solo al escucharlo. Pero prosiguió. —Y sólo estoy aquí para decirles que los culpables de todo esto son Gamaliel y mi otro hijo.
Al terminar su frase se levantó y salió lo más rápido que pudo. Y las palabras que habían entrado tan cálidamente en mi alma ahora la destrozaban por completo, mis fuerzas se iban, ya no había nada en mi interior que me diera voluntad, hubiera valido más que me apuñalara todo el cuerpo cuando entré a su calabozo, así al menos habría sentido el dolor de seguir vivo por un momento más, ahora ya no tenía nada.
Toda la muchedumbre enloqueció manipulada por palabras falsas, y sin reflexionar un solo minuto, como siempre hace la gente sin educación y desesperada por las carencias nos atacaron, vi desde lejos caer a mi hermano, después caí yo y con la cabeza pegada al piso divise entre los pies del auditorio la sangre de Gamaliel haciendo un charco.
Ahora Obelisco me permitió papel y tinta para escribir mi confesión trivial que espero, al salir de este purgatorio que ni siquiera es malo, no está lleno de pecados ni vicios como la cueva de mi padre pero aquí si se sufre, a alguien en el cielo si le importe.
Siguiente: Cuentos Atroces parte 2 La gallina de los huevos de oro
Compra el eBock kindle (oferta $149.9) Amazon KDP
Libro físico con Pseudónimo Especial ($430) Cuentos Atroces - SKAHD .l. | Autores Editores
No hay comentarios.:
Publicar un comentario