8/18/24

Cuentos Atroces parte 45 final.

 

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¿Matar? Nunca en su vida considero esa palabra, pero ahora comenzaba a hablar seria mente de ella y era por algo mucho más allá que defensa propia. ¿Pero, como conseguiría el coraje para hacerlo?

Vete ya o nos verán.

¿Quién? ¿Quién nos verá?

Este hombre hizo un gesto muy discreto con su barbilla y después camino a un lado de él como si lo hubiera esquivado y nunca hubieran hablado. Él volteo y no vio a nadie observándolos. ¿Cómo podía decir que los verían? Miro para todos lados pero nadie dirigía su mirada a ellos. Caminó disimuladamente. El hambre se le imponía así que frenó su paso para recargarse en la pared y comenzar a pedir alguna ayuda. Mientras está ahí vuelve a sentirse observado y nota un fuerte olor a orines como el que siente repentinamente en el refugio. Futilmente alza la cabeza y la gira un poco. Reconoce pasando frente a él a uno de los vago del refugio, cae en la cuenta de que ha percibido ese olor al estar junto a él en el albergue. Al pasar, la sensación desaparece y lo entiende ahora. El apenas y reconoce a los vagos que duermen ahí porque siempre ha evitado verlos a los ojos, pero a él todos lo conocen, por eso se siente observado sin poder encontrar quien lo ve por qué no sé percataba de que ellos estaban cerca. Tan fuerte era su costumbre de ignorarlos, hasta en esta situación, que se impidió de ver que lo estaban vigilando. Ahora comienza a poner atención a las personas que entran y salen del pasaje comercial y a las que hay en todo al rededor en esa calle. Hay puestos ambulantes de comida y de cosas y montones de transeúntes yendo en todas direcciones, pero ahora lo nota, en la banqueta del otro lado hay un vago pidiendo limosna, por allá otro caminando y mendigando a las personas, por allá también y por allá igual. Otros salen del pasaje y otros se dirigen hacia él. Están por todas partes. Ahora ve ese mundo y mira esto como una colmena de pordioseros, pero él sabe ahora que además son asesinos.

No puede más, ve a esos infelices rogando hipócritamente por caridad, cuando lo que en verdad desean es robarles pero de su cuerpo. Escorias mal nacidas. ¿Cómo pueden ser capaces? Se pregunta aún. ¿Qué puede ser tan grave como para hacer eso, será en verdad el miedo? ¿El miedo a la muerte el que los hace matar? ¿El horror a la muerte será tanto que prefieren ocasionarla, que padecerla? ¿Qué abrías hecho tú? Le pregunta su mente. No sé, pero seguro no mataría. ¿O sí? No a causa de mi propia muerte. ¿O sí? O por lo menos no obligado. ¿O sí?... Rayos, no lo sé. ¿Qué me está pasando? ¿Por qué me siento así?

Comienza a ver borroso y siente que le falta la respiración, le gana el peso de su cabeza y quiere tocar el piso, pero se detiene, no es tan estúpido como para dormirse ahí, camina y solo camina, deja que sus pies avancen y sigue caminando. Siente la mirada, voltea y lo tiene, es uno de ellos ya lo ha visto ahí, lo ve con su aspecto esquelético y las manos pegadas al frente, con su larga cara pellejoza y ojerosa, en andrajos, viéndolo irse y piensa si su mirada será de coraje o piedad. ¿Tendrá algo contra él o solo lo ve irse? Solo avanza y piensa que lo averiguará, pero como sea es mejor huir de ahí. Avanza hasta que no puede más y fuera de sí solo oye ruidos huecos y lejanos que parecen completamente perniciosos. Al fin, al sentir que los había tapado se deja caer y se recarga. Ahí se aleja de todo y a duras penas conserva su respiración. Ahhhf. Ahhhf. Ahhhf… se oye y le duele su nariz. Deja caer su cabeza… Se va, se queda, se siente perdido, no ve nada, no sabe dónde está, pero no quiere estar ahí. Se siente observado. Se arrastra y avanza, jadeando y respirando, se siente pávido y patético. ¿Quién está sobre de él? Abre los ojos, se obliga. Hay un loco ahí mirándolo y siguiéndolo.

¡Vete¡ le dice.

Busca algo para defenderse pero no encuentra nada. Toca su pierna en automático y siente algo ligero pegado, lo toma y siente un pequeño piquete, lo alza y lo apunta al que lo sigue. Es una jeringa.

¡Vete! ¡Vete! ¿Qué quieres? Suplica.

Piensa que ahora si llegará su fin, saca de sus parpados sus ojos secos e irritados. Listo para morir…

Sigue retrocediendo y retrocediendo y retrocediendo. El loco se ha quedado ahí. Solo se burla de él. No quiere ver ni pregunta más. Solo se aleja tan rápido como puede. Ve que está saliendo del callejón donde lo dejaron los de la oreja y continúa. Sin parar. No sabe a dónde. Pero continúa. Cuando no ve a nadie se detiene y se recarga.

Pierde el conocimiento.

Al fin.

¿Qué haces ahí? ¿Eres un borracho?

Mira su mano y ve la jeringa del de la derecha.

¡Levántate! ¿Eso es lo que eres?

Una luz intensa cubre al que se lo dice.

¿La niña, la haz visto?

Alguien se agacha sobre él y lo toma por la ropa.

¿Has visto a la niña? Le grita.

...

Se acerca y puede distinguirlo. Es él que lo cargó.

N, no. No he visto.

Lo empujan y lo sueltan.

¡Si la vez avísanos!

Los ve caminar lejos de él. ¿Pero qué carajos ha pasado? Ahora esta oscuro. ¿Qué me hicieron? Avienta la jeringa y se ve tirado bajo el faro de un poste. La calle esta oscura y desierta pero a lo lejos se oye ajetreo. Y se nota luz. Ve si puede caminar. Y avanza. Tengo que acabarlos. Piensa. Y avanza dispuesto a contactar a un equipo que los mate. Se acerca al ruido y al ajetreo. Se escucha el reloj. No está seguro pero parecen las nueve. Llega a la calle Washington, está llena y ajetreada como siempre. ¿Teléfono? ¿A quién? ¿Mierda cómo hará ahora? Y ¿Todo eso en un minuto? Sus piernas le tiemblan. Le duele el piquete. Nauseas. Vomito. Nada le sale. Se tira. Se encorva.

Lo hará el mismo, acabará esto. Solo tiene que apuntar algo a la parte más oscura del refugio y ahí lo terminará. Vuelve a levantarse y busca algo que le pueda servir. El sable que tiene en su comedor le gustaría, pero eso no está aquí. Mira por todo el piso y solo ve una varilla. No importa, ya se siente muerto, por lo menos se llevará la vida de ese que se cree el dueño. Avanza con esa mirada de acecino que siente en su rostro y con la varilla muy fuertemente agarrada. La gente lo esquiva. Pero qué le pasa a este. Se alteran, comienzan a cuchichear pero no le importa, su objetivo esta fijo. Recorre el pasaje, entra al refugio y voltea a la esquina. Se ve desenmarañada. Frente al monte de tierra ve a un hombre alto tosco de espalda y vientre, con piernas enclenques. Lo mira con sus brillantes ojos y una sonrisa diabólica.

Al fin llegas. Dice y pela aún, más sus sonrientes dientes. Tu contribución a la casa ha sido muy valiosa.

Dos grandes truenos se escuchan al mismo tiempo. Alza su brazo derecho y le muestra como en la mano tiene sujeta una pequeña pierna. La ve y le parecen familiares los colores. La pierna de la niña, está ahí, la tiene en su mano y se ríe por ello. Se avienta contra el dispuesto a ensartar eso en su barriga pero lo detienen, locos de todos lados lo detienen y lo echan para atrás. Se ve rodeado de todos ellos y el exceso de miedo le hace perder la idea de sacrificar su vida. Busca al dueño y no puede verlo por todos los locos que lo rodean. Sale, voltea y corre fuera del refugio. Siente como avanzan detrás de él. No mira atrás y no se detiene, corre y comienza a gritar.

¡Fueron ellos! ¡Ellos lo hicieron! ¡Son los asesinos!

Toda la gente voltea asombrada y lo miran desquiciado, especialmente los locatarios. Fuera no se siente libre de peligro. Siente pánico, ¿si lo ven, si lo atrapan si lo golpean? ¿Qué puede hacer? Su mente le dice llama al asistente. Eso no existe aquí. Pero…

Aaauuuuuuuh.

Repite varias veces. No sabe que está haciendo pero no tiene de otra. De todas formas está muerto. El ridículo no existe. Se pierde y desvanece en su grito entregándose de nuevo al tiempo para esperar la muerte. Consiente del momento en que sus pulmones dejarán de abatir aire. Pero no paran. Ha gritado tan fuerte y respirado tan profundo que se siente aliviado. Abre los ojos y enfoca la mirada. Frente a él está el hombre bajito que se llevó el trapo rojo. A sus lados más personas con un estilo similar en sus ropas se van aglomerando. Y pegado a su hombro un hombre fornido y maduro.

¿Qué quieres? Le pregunta el hombre bajito.

Sé dónde está la niña, la tienen ahí.

Y comienza a caminar, recto hasta el albergue. Mientras siente como los otros lo siguen. Comienza una fuerte tormenta que los deja empapados antes de entrar al pasaje. Sigue derecho y con fierro en mano entra al refugio. Enviste contra el primero que encuentra y lo deja caer. Detrás de ese en el piso ve al de los goggles sin una mano y con la otra aun enroscada como binocular. A su lado la piernita. Otro loco en el piso tomando los restos. Él le embiste la varilla metiendola sin ver, lo más dentro que puede de ese cuerpo. Luego avanza hacia la esquina. Los de la tribu ven la pierna y empiezan a arremeter contra todos los demás indigentes dementes. El hombre fornido que estaba a su lado levanta la pierna y pierde el aire. El ruido de lucha y gritos se hacen sordos y lejanos. Las sombras que crea el fuego del tambo se vuelven vanas y absurdas siente como todo en su interior se derrumba y ve muerta una parte de él.

El hombre rico se aproxima a la esquina se adentra lo más que puede en la maleza y mete su varilla en todas las formas que puede esperando clavarla en los lugares correctos. Sale sangre junto con la varilla pero repite la acción todo lo que puede. Al levantar un poco la mirada ve a unos trepar por los clavos de las paredes y brincar a los techos de alado corre hacia ellos y clava su varilla de nuevo. El hombre fornido grita y comienza a moverse arremetiendo contra todos los que no conoce. Ve a una mujer arrastrarse fuera de una lona sobre maleza y algo le hace odiarla, la considera culpable de lo que tiene su hija, toma la primera piedra que encuentra y la azota contra la cabeza de ella, la ve herida y la azota más asegurándose de que no le quede vida. Voltea y lo ve a él, sobre el monte de tierra, rodeado de cadáveres en el suelo lleno de sangre. Agitado y exasperado. Con odio en su pecho. Luego lo ve derrumbarse y caer sobre la maleza.

El sol le entra en los parpados, los abre y se ve sentado fuera del pasaje en una banqueta recargado en la entrada de un local. Mira a los lados. Ve la puerta del refugio rodeada por multitud de gente, patrullas y ambulancias. Le duelen las costillas y su estómago. Recuerda lo que hizo anoche y siente una sensación de error. Algo no lo deja descansar. Se acerca a las ambulancias. ¿Qué busca? ¿Qué falta? ¿Qué le faltó? Se están llevando los cadáveres. Entra. Recorre el pasaje. Los locatarios lo ven. Siente náuseas y odio. Los odia. Llega hasta la puerta del baldío y mira sangre en todas partes y en la esquina un espacio vacío lleno de sangre en medio de maleza aplastada. Suspira. Luego da media vuelta y camina despacio por donde llego.

Lentamente y arrastrando los pies, sin mirar a ningún lado más que al piso, entra al callejón donde encontró el abrigo. Pasa junto al basurero y lo ignora, se agacha más dentro del callejón y con esfuerzo jala una bolsa. Se sienta en el piso, de la bolsa saca sus calcetines y se pone sus zapatos. Se levanta y continúa su penoso andar.

La leña de la chimenea está completamente consumida y el espacio se siente frio y desierto. A decir verdad siente más frio ahí que en el refugio. Se siente raro ante tanta tranquilidad y olores agradables. Se sienta en su sillón y ve su vaso de vidrio vacío. Recuerda las últimas cosas que pensó con ese vaso en la mano y examina su interior y lo que siente ahora. No está para nada aburrido pero siente una profunda melancolía y depresión. Suspira y se relaja en su cuerpo del cual sigue medio desconectado y aletargado. Sin embargo su mente le recuerda que está de nuevo en casa, logró volver y podrá volver a hacer todo lo que tanto añoró. Sí, así es, eso es bueno; se contesta. Pero por ahora solo quiere unos momentos más para descansar y reponerse. Luego su mente le recuerda algo más.

¡No puedo creer que hayas hecho eso!

Era la hermosa mujer con la que tuvo el último contacto con la sociedad. Cuando ya lo había arreglado todo, pero antes quería hacer algo más, algo que dejara bien en claro su estatus y como lo que haría no era de ninguna forma por una mala racha ni por malaventuranza de su irremediable fortuna. Se le ocurrió el mejor plan para esto. Invitaría a salir a esa estilizada bibliotecaria que se mostró atraída por él a un lugar que le encantaría y con ella tendría testigo y dejaría muestra de su inigualable estatus y prueba de que lo que haría sería por pura diversión y aventura. Este plan lo llenó de emoción y alegría, su pecho rebozó de sutiles sensaciones que lo apuraban cada vez más a ponerlo en marcha y concluirlo. Y, si al terminar, ella seguía disponible y entendía el acto admirable que había hecho le propondría contacto más cercano y a ver si podrían llegar a una relación más romántica e íntima entre ambos pues en verdad de todas las que ha visto ella le apetece la más linda, culta, refinada y moldeada mujer capas de desatar todos sus instintos sensuales e irracionales y encausarlos hacia un cálido elemento y lugar, ella.

Y de nuevo estaba ahí, parado frente a ella, viéndola sostener un pedazo de periódico.

Alza los hombros con hondura y sigue con la mirada baja.

¿Pero por qué no me dijiste? ¿O es que acaso solo querías impresionarme?

Creo, que pude saber bien quien eras tú, antes de que supieras quien era yo.

Tonto si no hubiera visto esto no te hubiera vuelto a hablar.

Pues qué bueno que fue puntual.

Ella voltea la hoja de periódico que tiene en las manos y él ve el periódico donde sale su foto montando el fósil de un dinosaurio con la noticia de su desaparición. Excéntrico millonario renta todo un museo para él y su pareja y luego desaparece. Dicta el titular.

¿Pero no lo volverás a hacer verdad?

Su limusina para frente al pasaje. Deja el balance que estaba revisando en el asiento de alado e interrumpe al asistente que le estaba dando los detalles de la inversión de toda su fortuna que había hecho antes de desaparecer. Baja y mira la entrada. No puede evitar un suspiro. Avanza recto hacia dentro. Se pará frente a la puerta del refugio sin entrar, lo ve vacío. Voltea a los lados buscando a alguien, la primera persona que pasa cerca de él le mira la ropa y el calzado. Él lo intercepta para cuestionarlo.

¿Sabe con quién tengo que hablar para comprar este espacio?

El hombre de ojos rasgados lo mira, le parece familiar pero no. No puede ser. Se parece al vago que ahuyentó de su local una vez. Pero no hay forma de que sea él. Piensa.

Claro señor, déjeme darle el número del administrador del pasaje, el podrá decirle. Y según sé, él dueño del espacio acaba de morir.

Gracias, muy amable.

El hombre chino se aleja rápido a su comercio y él, da unos pasos acercándose al refugio, mete su cabeza y su corazón golpetea de pánico. Todo está completamente vacío. Y la maleza no está. Se alivia. Y al asistente que lo seguía le da instrucciones para crear un centro de asistencia humanitaria ahí.

 A veces en la noche al oler la fragancia de su dulcinea despierta alterado, buscando horror en las sombras y con un extraño deseo de sumergirse en la oscuridad. A veces no puede evitarlo y se dirige a su estudio y escribe cosas como esta, donde plasma todo lo que vivió en esas noches sin dormir o al menos, lo que recuerda.


Fin.


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El no opone resistencia piensa que su fin ha llegado. Fue tonto esperar que esos desgraciados esperaran hasta la noche para cobrar su horrendo pago. Se lamenta por haber tentado al destino así y por haber dejado su casa. Se siente aturdido y mareado, recuerda que se empezó a sentir así desde que fumó ese cigarrillo. Después su mente va a tantos pensamientos autocompasivos para asimilar que su fin había llegado que no pone nada de atención al movimiento de los hombres que lo cargan.

Cae al piso y arrodillado le quitan la capucha de un tirón.

¿Tu querías esto?

Un hombre grande con el rostro tras las sombras le avienta un pequeño trapo ensangrentado. Le desatan las manos. Le arden un poco los ojos y siente que su cabeza da vueltas.

¿Lo quieres o no?

Estira sus manos con una sensación de mareo en su cuerpo y levanta el trapo. Una oreja llena de sangre cae. Él la ve y confundido por la droga que fumó y por todo lo que está pasando, agacha la cabeza y oculta la mirada. Desde la parte más oscura del lugar un hombre sentado tras de una mesa, que apenas y se puede ver le dice.

Salvaste a una hija nuestra, por eso estoy en deuda contigo. Pero no te conocemos por eso te hemos traído así.

El trata de ver quien le está hablando.

No sabemos quién eres pero nos han hablado bien de ti. Si necesitas ayuda acudiremos.

De nuevo la capucha se insertó de un tirón en su cabeza. Y lo alzaron.

¡No lo amarren!

Alguien lo alza en un hombro y lo saca rápidamente de ahí. El sigue estupefacto. Entre el mareo la imagen de la oreja mutilada y todo lo que ha pasado siente una nubosidad en su mente que no lo deja pensar bien ni actuar. Solo entiende que no debió fumar de ese cigarrillo y si lo que quería era tocar la mano de la mujer, había muchas mejores formas de hacerlo. El que lo cargaba avanzó rápido. Al final sintió un gran salto y lo depositaron en el piso. Le quitaron la capucha. Estaba en la esquina de una calle perpendicular a la calle que daba de frente al pasaje comercial.

Él dijo que te ayudaríamos si lo necesitabas. Si es así aúlla.

Lo miró sin entender.

Como un lobo.

Le aventaron la oreja enfrente de la cara.

Pero te estaremos vigilando, para saber quién eres en verdad.

Mientras veía la oreja frente a él en el piso, sentía dolor en los huesos de la cadera y una horrible sensación en el pecho, como si sus costillas hubieran chocado unas contra otras. La oreja tenía restos de piel y seguía mojada por la sangre aun escurriéndole. La habían cortado en carne viva. Su estómago dio varios espasmos vacíos. No tenía alimento que sacar. Luego recargo su cabeza en el piso y palideció deseando llorar. Había vuelto a la pesadilla.

Se levantó y caminó lento, adolorido y con la mano en el vientre, aun disperso por el cigarrillo del que fumo. Deseaba recostarse. Sin pensarlo se dirigió al alberge. Todos lo vieron pasar, refunfuñando y haciéndole caras pero notaron algo extraño, nunca habían visto a ninguno de ellos entrar así. El los ignoraba solo consiente de sus malestares. Al entrar al refugio, vio a dos policías ahí y a la mujer hablando con ellos. Se acercó para ver si podía escuchar algo pero ella ya los había despachado autoritaria y ofendida mente. Los vio pasar junto a él y ellos lo vieron de reojo encorvado y hambriento como a cualquier vagabundo. Tras ellos estaba la mujer que lo miró fijamente a los ojos, él sintió que le ardió el estómago. Luego apartó su vista furiosamente y se alejó a la esquina del refugio bajo la maleza y entró a gatas ahí.

Los policías se habían ido. Por lo visto no encontraron nada ni hicieron nada para no variar. Él se derrumbó en el hueco que había escogido para dormir. Se sentía famélico y aun confundido por lo anterior. Se recostó ahí un rato, pasmado esperando que su cerebro tuviera alguna idea y le dijera que hacer respecto a haber perdido la oportunidad de mostrar la evidencia a la policía. Descansó su cabeza fuera del hueco, todo le daba vueltas. Miró para ambos lados y se encontró en medio de dos semi cadáveres inyectados de heroína bien acomodados en lo que fácilmente seria su tumba. Pensó que si se cubrían con tierra ahí mismo podría parecer que nunca existieron o que nunca estuvieron ahí. Luego se vio él mismo dentro de un agujero y notó que estaba en una situación muy parecida. Pensó que estos no eran huecos para dormir sino tumbas. Pero no tenía animo ni humor para siquiera levantarse. Deseaba largarse de ahí y de pronto la idea de pagar un convoy armado que terminara con todo esto no sonaba nada mal. Dejó caer su cabeza de lado y volvió a ver junto al adicto del hueco de la derecha una tela azul, medio enterrada y rellena, el adicto seguía inconsciente, así que sin pensarlo se estiro y toco esta tela que por alguna razón le causaba curiosidad. ¿Circular por un lado, una esquina por el otro?

¡Era un brazo! ¡Era una chamarra y dentro tenía un brazo! ¡Era un cadáver medio enterrado ahí! Se levantó de un salto, ignorando el mareo y el pánico que sentía y corrió afuera. Vio una patrulla y corrió para alcanzarla pero antes de que estuviera cerca ya había arrancado y se fue. Se insultó y maldijo a sí mismo. ¿Cómo no vio eso antes? Esa era justo la oportunidad para demostrar donde estaban los asesinos que estaban haciendo los maniquíes y la había perdido por no investigar bien cuando habló con esos herómanos. Se golpeaba la cabeza con desesperación y arrepentimiento muy encorvado viendo el piso cuando alguien se le acercó.

¿Acaso querías mostrarles lo que hay en el refugio?

Él volteó y lo miró. Era el hombre que se sentó junto a él unas noches antes.

Con eso que traes en la bolsa no creo que te hubiera ido muy bien. Continúo el hombre.

Al oír sus palabras, pensó en cómo es que sabía lo que tenía en la bolsa.

Con la finta que tienes de seguro antes de ir a revisar lo que les dijeras te hubieran revisado a ti primero.

Se irguió furioso dispuesto a atacarlo pues sabía que podría con un solo hombre. Y estaba a punto de tomarlo por las ropas cuando este prosiguió.

¿Y quiénes eran esos que te trajeron, eh? Nunca vi que alguien llevara a un hombre de esa forma y menos que le diera un regalo tan especial.

Lo tomo de la sudadera blanca y percudida que tenía puesta.

¿Cómo lo sabes? ¿Cómo has visto todo eso? ¿Quién eres? Le gritó.

Yo estaba pidiendo dinero ahí, cuando vi que unas personas brincaron la pared y te dejaron a ti en esa calle. También te vi llamar con un teléfono en la mañana. ¿A quién llamaste? ¿A la policía?

No claro que no. Solo marque…

No importa. Pero no dejes que nadie más te vea hacerlo.

Lo mira con la boca abierta mientras sus pensamientos pasan lentamente frente a él tratando de deducir lo qué estaba pasando.

Es una pena que la hayan matado, son unos desgraciados. Nadie nos volverá a regalar comida como esa.

¡Malditos! ¿Cómo pudieron ser capaces?

¿Pero tú que haces aquí? ¿Cómo pudo llegar una persona como tu aquí?

Se quedó estupefacto pensando a qué se refería con lo que le estaba diciendo.

Su pongo que también quieres acabar con ellos. ¿No es así? Prosiguió.

Nunca había sentido tanto odio como lo estoy sintiendo ahora.

Tienes suerte de que ninguno de ellos lea los periódicos.

Él se quedó congelado pensando en que eso había sido una pésima idea.

Apuesto a que no tenías ni idea de la magnitud de esto. ¿Ya te diste cuenta que no es uno solo? Son todos y nos obligan a hacerlo.

Lo hare. De alguna forma lo terminaré.

No puedes dejar a ninguno con vida, algunos ya son adictos a esto otros ya lo eran y si uno solo escapa todo podría continuar.

Se preguntaba si él sabría en verdad quien era o solo tenía una idea aproximada. Piensa en decirle que traerá a un grupo de militares a acabar con todos pero si lo hace revelaría definitivamente su identidad y no le parece algo adecuado hacer eso.

¿Esa niña que trajiste? Donde está ahora.

¡Que te importa!

Espero que la hayas ocultado bien.

Desgraciado. Lo sujeta nuevamente por la ropa.

Tranquilo, solo quiero ayudarte, estoy harto de él.

¿De él?

Sí, del dueño.

¿Es el que los obliga a hacer todo esto verdad?

No, ya te dije hay unos tan dementes que ya hacían cosas así, este fue un verdadero refugio para ellos. Pero el dueño en verdad se cree el dueño de todos nosotros y eso me tiene harto.

¿Quién es ese?

El que vive en la parte más oscura del lugar.

Pero ahí solo vive una mujer obesa.

O no, ella no es la única que vive ahí, ella es solo su concubina o más bien su esclava, él siempre está ahí, y ella hace todo por él.

¿Enserió?

Sí, él la secuestro cuando tenía 11 años, y la mantuvo cautiva desde entonces, luego comenzó a violarla, igualmente a tratarla bien y ella terminó enamorándose de él.

Síndrome de Estocolmo.

Así es, perdió toda su identidad, le dice que ese terreno es de ella pero cuando la golpea y la sodomiza la despoja de todo, aun así, al día siguiente ella sale a buscar la comida para los dos. Fueron los primeros en vivir ahí luego llegaron más mendigos y entre ellos verdaderos asesinos que no dejaron ir a los que no lo eran.

¿Hace cuánto empezó esto?

Yo llevo ahí solo uno, año. Si supieras lo que se hacía antes con los cadáveres.

¿Pero cómo lo permiten? ¿Por qué no sacan a esos malditos vagos de ahí?

Porque él es el verdadero dueño del lugar, tiene las escrituras por herencia. Ante el juez no pareció ser un demente y nadie pudo sacarlo de ahí. Pero con eso se creyó el dueño nuestro también.

¡Maldito! ¿Cómo lo hacemos salir?

Ya te lo dije tienes que acabar con todos, no puedes matarlo solo a él. 



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Con un celular que pidió prestado y el periódico aplastado por la mitad en su mano llamó a la policía. Les dijo que sabía dónde se encontraban los asesinos que estaban haciendo esas cosas con partes humanas y alcanzó a decirles que estaban en un refugio en el pasaje comercial de la calle Washington cuando le arrebataron el celular nerviosos porque fuera a robarlo. Apenas y pudo terminar su frase sin saber si habían podido escucharlo. Pero eso no era su mayor problema. Su mayor problema ahora era que olvidó que seguía siendo observado. Al perder enérgicamente el teléfono aun con las lágrimas de angustia, desesperación y dolor, la sensación en su cuello se hizo tan fuerte que sintió que estaban justo detrás de él. Volteo en seco pero no vio a nadie. Sin embargo supo que lo veían con el rostro hinchado y mojado.

Caminó sin rumbo casi delirando con su mano estirada por inercia o nueva costumbre con el corazón completamente mallugado pensando cómo lidiar con cada uno de los problemas en que se había metido. Recordó que la mujer le dijo que si un día llegaba a necesitar un favor ellos podrían ayudarlo. Hubiera preferido no pedirlo tan pronto pero lo necesitaba ahora y no podía pensar en que otra cosa hacer. Entonces se dirigió hacia el callejón donde encontró a la niña y en un alambre salido de las trabes de una pared cruda de esa parte marginada de la ciudad colgó un trapo de franela rojo que recogió en el camino. Al hacerlo se pregunta que sigue. ¿Debe quedarse ahí y esperar a que vengan o debe irse y esperar en otro lado? Decide sentarse por ahí en la banqueta un rato esperando a que alguien lo vea. Al voltear un hombre bajito de grandes hombros se le pará enfrente e incitándolo con su cabeza como si lo fuera a golpear le hace detenerse y le pregunta.

¿Qué quieres?

¿Qué? ¿Qué que quiero?

Sí. ¿Por qué pusiste eso ahí que quieres?

¿Qué? ¿Acaso eres conocido de Amanda?

Sí. ¿Qué quieres?

¿Cómo llegaste aquí tan rápido?

Es nuestro territorio. ¿Qué quieres?

Necesito su ayuda.

¿Qué necesitas?

Un pedazo.

¿Un pedazo de qué?

Él titubea antes de contestar y habla sin pensar con la cabeza agachada.

De un cuerpo humano.

El hombre más bajito que él lo ve directamente a los ojos. Por la intensidad de su mirada nota que lo ha mirado mientras contestaba. Ve como su mirada se desvía a sus recuerdos y puede adivinar lo que ha pensado. Seguramente está enterado de la noticia y se imagina para que quiere lo que está pidiendo. El teme que se le juzgue y se mal entiendan las razones por las que lo pide. Trata de explicarse pero ahora la respuesta está en la mente de ese hombre y todo lo que se diga sobre esto queda aturdido al entendimiento de él.

Se los diré. Vuelve aquí al anochecer y lo tendrás.

Se acerca al trapo rojo para quitarlo lo alcanza de un salto, luego camina por la banqueta, él se distrae un momento pensando en que habrá pensado el hombre sobre su petición y cuando vuelve a ver, el hombrecillo ya no está.

Se queda ahí parado, inmóvil y perplejo pensando en cómo siempre hacen eso. Una extraña tranquilidad llega a él y nota como está libre de esa sensación de observación. Piensa que tal vez ellos en verdad lo ayudarán o que tal vez si le puede mostrar las pruebas a la policía estará libre y terminara su misión y a esto atribuye la sensación de calma. Recuerda lo que dijo el hombre, que este es su territorio y se pregunta si eso tendrá que ver con que aquí no se siente observado. Como sea se siente libre por un momento y desea hacer algo alegre y revitalizador.

Extrañamente ve a una mujer hermosa caminar por esa calle vacía y doblar en el callejón que ahí está. Ella no estaba vestida muy elegantemente como las mujeres hermosas que el acostumbra ver pero sin duda es bella y especial, algo fuera de serie para cualquiera sea el círculo social que frecuenta. Es alta, delgada y bien torneada, tiene piel blanca y tersa con apenas unos lunares en su cutis, mentón ancho y pelo castaño intenso ondulado que ve balancearse suavemente sobre su espalda mientras camina. Lleva pantalones de mezclilla holgados, una blusa aterciopelada con lentejuelas negras y un chaleco cortado de piel.

Olvida que no ha comido nada y piensa que sería bueno disfrutar esa momentánea tranquilidad observando otra vez las ruinas escondidas que encontró en su aventura pues cuando regrese a su vida tal vez no pueda volver ahí y se adentra al callejón donde las encontró. Camina por el pasto que rodea el auditorio de otrora sin ver a nadie, al pisarlo para su sorpresa en la penúltima grada justo enfrente de él está la cabellera castaña de esa hermosa mujer. Para poder bajar a gradas más bajas o para caminar por el borde más alto necesariamente tiene que pasar junto a ella y al hacerlo el instinto apartado de la mente le hace hablar.

Es un bello lugar. ¿No cree?

Ella voltea a verlo con sorpresa, él sospecha si nunca se le ocurrió que él podría entrar ahí o si se puso justo ahí para tener contacto con él y estaba fingiendo su sorpresa. Después de quitar su mirada de él contesta.

Es realmente asombroso.

¿Pero cómo puede estar un lugar así en medio de la ciudad sin que nadie lo sepa?

Pues está dentro del campus, tal vez pretendan pasarlo por propio.

O tal vez ni ellos saben que está aquí.

Ella no contesta, él ve a su alrededor y más abajo solo ve a unos estudiantes con cigarrillos riendo y diciendo tonterías. No es la clase de compañía que busca ni estar solo lo es. Baja a esa grada y queda parado alado de ella y la mira. Es sumamente atractiva. Siente la brisa fresca arrastrando la temperatura de su cuerpo. Piensa que seguramente si la conociera mejor se volvería loco por ella. Pero dadas las circunstancias no cree probable que eso pase, además ya hay alguien por quien él quiere volver. Se da cuenta que está invadiendo su espacio parado ahí sin decir nada y se obliga a hablar.

¿Y tú como conociste este lugar? –Pregunta el mientras se sienta. Ella voltea suavemente y lo mira.

Fue hace tiempo. Un compañero encontró las piedras de más arriba rascando la tierra con su llave. Las siguientes veces que vine se empezaban a notar las gradas. Ahora está así.Él se queda estupefacto. Ella saca un cigarrillo blanco y lo enciende. Luego le pregunta.

¿Y tú?

Él cavila por un momento y al fin dice:

Vaya es una larga historia, pero el punto es que vi a unas personas desaparecer en el callejón y entre a ver dónde se habían metido. No tenía idea de que esto estaba aquí.

Sí, nadie lo pensaría.

Exacto.

Ella le ofrece de su cigarrillo.

No fumo, gracias.

¿Por qué no? Necesitas relajarte.

¡Ya! ¿Lo crees?

Claro.

Ve ese hermoso cuerpo con su mano tendida hacia él y por tocarla solo un momento toma el cigarrillo. Absorbe un poco el humo y se lo devuelve acercándose a ella y haciendo lo posible por tocar de nuevo su mano.

Sabes. Creo que estas ruinas son muy parecidas a las que hay en el museo. ¿Las has visto? Le pregunta tras regresarle el cigarrillo.

Sí, pienso que son de la misma cultura. ¿No?

Claro, es probable. Si la escuela las conociera seguramente harían una barda o un edificio a su alrededor para sacarles provecho.

Sí. O el gobierno las expropiaría. Y les sacaría provecho.

Claro.

Mejor que no las conozcan.

Ojala que no.

Ella le ofrece otra fumada y él repite su técnica.

¿Y de dónde vienes, porque no traes camisa?

… Pues del museo.

Si como no. ¿Y los dejan entrar así?

Oh. Iba de otra forma.

Parece como si te hubieras ido de tu casa a vivir en la calle.

Ya ¿enserió?

Ella alza sus hombros.

Solo digo.

Eso sería toda una aventura ¿no?

No sé. Yo no lo haría.

¿No? ¿Por qué?

Me pareces conocido pero no recuerdo de dónde.

¿Será porque soy muy apuesto? Dice con intención de hacer una broma.

Ella voltea y lo ve fijamente por unos segundos.

Sí, tal vez.

Él sabe que está sucio y mal oliente, no se esperaba esa respuesta pero entiende que se la dio por cortesía entonces pregunta.

¿Bueno y que harás después de esto?

Ella cuelga su muñeca con el cigarrillo y le contesta.

De vuelta al trabajo. ¿Y tú?

No sé. Tal vez almorzar.

Bueno pues provecho. Se levanta y mira la salida.

¿Bienes seguido aquí?

Sí. Más o menos. Como a esta hora.

Bien tal vez volvamos a encontrarnos.

Talvez. Le extiende la mano y le ofrece lo que queda de su cigarrillo. Él se levanta para estar más cerca de ella y lo toma.

Gracias.

De nada.

Le rosa la mano y se va. Él cierra los ojos reteniéndose en el momento. Luego vuelve a fumar y tira el cigarrillo. Siente una sensación rara. Se dirige al hueco en el callejón para salir y ella ya no está. Camina a la calle y esta bacía. Piensa que es una buena hora para pedir unas monedas y comer algo. No desea caminar por donde vino por las cosas que le han pasado siempre que camina hacia ese lado. Gira al lado contrario y tras unos cuantos pasos…

Alguien le cubre la cabeza con una tela oscura. Otro se lanza a sus pies y los amarra. Al mismo tiempo le ponen las manos tras la espalda y también las amarran. Luego lo levantan en hombros. Uno sujeta sus pies y otro su espalda. 


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Estamos en deuda contigo, si necesitas algo solo cuelga un trapo rojo en una de estas paredes y espera, alguien vendrá. Enseguida le da la espalda y guía a la niña rodeándola con su brazo.

¡Espera! ¿Quiénes son ustedes, porque hacen eso? –La mujer voltea arrebatada y le dice con una mirada fija y penetrante de sus ojos negros.

Somos los verdaderos dueños de estas tierras. –Después sigue caminado con la niña sujeta, la pequeña voltea y le da una sonrisa coqueta y se despide con su manita. Parece que hiso una verdadera amiguita.

Él las ve alejarse y luego recuerda que no había dejado de sentirse observado desde que salió con la niña y ahora esa sensación vuelve a su cuerpo. Entonces repentinamente voltea a ver si logra ver a alguien pero no hay nadie. Regresa su mirada a donde la niña y ella ya no está tampoco. Se lamenta por estar solo de nuevo. Gira para volver por donde vino cuando un golpe azota en su cabeza y lo derriba. Desde el piso ve a cuatro de los vagos que viven en el refugio parados a su lado y uno de ellos se pone en cuclillas sobre su cabeza y lo mira para abajo, era el loco de la barra.

¿Así que dejaste ir a la niña? ¿Acaso deseas protegerla?

¿Qué? Él piensa que al fin se ha dado cuenta de quién es el que lo ha estado siguiendo y ya sabe a quién terminar para acabar con esto.

Al jefe no le gustara esto.

Tras decir esto el loco inclina su cabeza y entierra la barbilla en su pecho arrepentido por haber dicho eso. Él se pregunta a quien se referirá con, el jefe. El loco se da cuenta de que todos lo están viendo y continúa.

¿Quién se la llevo, era su tía? ¿A dónde se fueron?

¿Qué?

Levántate de ahí. Le grita con su vos aguardentosa y hace una seña con su barbilla para que los otros lo levanten y lo pongan contra la pared. Luego continúa.

Dice el dueño que no has pagado tu alquiler por quedarte y eso es intolerable.

¿Cuánto es, cuanto tengo que pagar?

Como si tuvieras un centavo maldito perro. No pudiste darle más que un pan a tu niña. No queremos dinero.

¿Entonces que quieren?

Esa niña hubiera estado muy bien para todos.

¡Cómo te atreves desgraciado! Intenta zafarse pero ellos lo detienen con más fuerza.

Queremos una pieza, entre mejor sea, mejor será para todos. Él no lo puede creer, será verdad lo que le están pidiendo. Esta noche debes llevar una pieza, si no, usaremos tu cuerpo… y ese nos durara más tiempo.

Lo golpea justo en el estómago vacío dejándolo sin aire y obligándolo a doblarse. Él siente el golpe de un fierro atravesado y no de un puño normal. Le ha pegado con un bóxer. Entonces se alejan caminado mientras él los ve desde el piso. Piensa en que no importa el golpe porque ahora está entendiendo mejor lo que pasa ahí. Mientras recupera el aliento su mente sigue pensando y planeando. ¿Qué hará, como conseguirá lo que necesita para pararlos? ¿Las autoridades creerían todo lo que dice si solo se los cuenta? Necesita algo más, algo que todos puedan ver para que no haya duda de lo que pasa. Tiene que ir de nuevo al refugio y buscar esta evidencia, tal vez si pudiera llevar a un policía en el momento en que aparezcan partes humanas podría demostrar que el autor de los bougman duerme ahí. Esta le parece una buena idea y se levanta de a poco para ir allá.

Al caminar por el pasaje mira a una extraña mujer caminar delante de él con una bolsa de plástico en la mano. Desde atrás la ve vestida en harapos con una falda color café muy pálido por el desgaste y un suéter abierto de botones azul marino igualmente muy viejo, zapatos negros con un pequeñísimo tacón y la ve saludando a todo al que pasa frente a ella y a todos los locatarios que la miran. No entiende cómo puede conocerlos si a él no quieren ni voltear a verlo por cómo esta vestido. Entonces vuelve a observar y nota que aunque ella los saluda como si fueran sus viejos amigos todos ellos le voltean la mirada y responden con gestos de desprecio y asco. Enseguida la ve doblar en la entrada del refugio y alcanza a notar entre su pelo negro, grasoso y disparejo una cicatriz muy grande en la mejilla. Cuando él entra la mujer no está por ningún lado pero con el rabillo del ojo le parece ver unos tobillos arrastrándose dentro del espacio oscuro que está bajo la maleza en la esquina del lugar. ¿Ósea que ella es la que vive ahí se pregunta? Y ve como sobre la maleza se ha puesto un plástico grande, voltea al cielo y lo ve nubloso. Entiende que lo han puesto previniendo la lluvia.

Mira detrás de la barra y no ve a ninguno de esos 4 que lo golpearon entonces comienza a indagar. Hay dos personas esqueléticas sucias y harapientas recostadas en dos agujeros a los lados del montecillo que él había escogido para dormir. Nota algo raro a lado de uno de ellos dentro del hueco, parece una chamarra azul enterrada y abultada como rellena de algo. Se acerca tratando de verlo mejor y el hombre que está ahí al verlo dirigir su mirada tan directamente le pregunta.

¿Oye tu qué haces aquí? Deberías estar buscando tu parte, hoy es día de cobranza y todos deben traer una parte.

Mira a su alrededor y solo ve unas personas más aparte de él. Dos de ellos tienen la cabeza agachada contra la pared, uno sostiene su brazo otro está completamente metido en la esquina, solo puede verle la espalda y el otro está acostado del otro lado en otro hueco de la tierra.

¿Pero qué parte, no hablaran enserió pidiendo eso o sí?

Pues yo solo sé que Jou no trajo su parte y lo usaron a él.

Sus pupilas temblaron ante la espantosa revelación.

Solo cuando Jacob trajo ese cuerpo completo los dejaron no traer otra parte. Dice el del hueco izquierdo.

Sí, dijo que eso bastaba por ahora. Dice el del lado derecho.

Pero dijo que ya no lo volverá a permitir. Agrega el de la izquierda.

¿Qué? ¿Quién? ¿Quién no lo volverá a permitir?

Ambos locos se hacen para atrás y ponen su dedo en la boca indicándole silenciar su pregunta. Un extraño silencio sepulcral se hace presente y siente de nuevo esa sensación de ser el centro de atención de alguien. Uno de los locos le señala la esquina de la maleza y al verlo el otro le baja la mano.

¿Y ustedes? ¿Por qué ustedes no están buscando sus piezas?

Porque somos especiales. Dice el primero que habló y le muestra una jeringa que tenía en la mano.

Nosotros somos los únicos que podemos estar aquí sin traer nada. Dice el otro y cuando voltea a verlo lo ve inyectando su brazo.

O tal vez porque no tenemos nada. Dice el primero mientras se inyecta.

¿Qué? ¿Por qué hacen eso?

Pues esto es mejor que suicidarse. Responde el último en inyectarse antes de desvanecerse.

Él siente un gran dolor al verlos perdidos y entiende bien porque a ellos no les piden nada. Mira al de la esquina y observa como está completamente recargado contra la pared inconsciente también. A un lado cerca de la entrada escucha cómo el que estaba ahí se derrumba contra el piso y lo ve con una manguera quirúrgica en el brazo y otra aguja metida. Aparte de esto todo dentro sigue en total silencio. Y se da cuenta de que la mujer que está en la maleza sigue tratando de escuchar todo lo que hace. Sale de ahí aterrado y ofendido por este crimen contra la humanidad, decidido a terminar con esto. Mientras camina por el pasaje piensa cómo nadie de estas personas hace nada, como es que permiten que todos esos vivan ahí y como es que una simple mujer puede tener a todos esos desgraciados subyugados. Tal vez si les dice a todos que esa mujer a la que repudian igual que a él es una asesina y la culpable de esos muñecos se decidan a hacer algo y sacarla de ahí que al fin de cuentas se nota que la odian. Pero no, eso no serviría de nada, si se va a otro lado todo seguiría, tienen que acabar con ella ¿Pero cómo?

Parado en la entrada del pasaje comercial vio para ambos lados sin saber que hacer o hacia dónde ir. Una hoja de periódico estaba tirada en la banqueta, algo en ella llamó su atención. Era la foto de la señorita que le sirvió la comida. Encontrada y desmembrada viva a una cuadra de la casa de sus padres. Anunciaba el encabezado. Nadie sabe cómo lograron hacerle eso en plena calle. Sus padres están devastados y exigen un culpable. Un reportero logró filtrar una imagen de los restos fúnebres y la presentan en la página siguiente.

Letal asesino no tiene piedad. Es sigiloso como las sombras y ataca de noche. Esta no es la primer foto de un cadáver que este periódico ha tratado pero si es la primera de un cadáver al que le falta una parte. Esto sin duda nos hace pensar en alguna relación con la aterradora noticia que presentamos en días anteriores sobre esos extraños muñecos hechos de partes humanas. ¿Será que esta pobre mujer ha sido una víctima para ese horrendo ensamble?

El periódico ya estaba mojado antes de la mitad de la nota, le fue difícil leerla toda por la opacidad de las lágrimas. Alzó su cara hacia el cielo y abrió muchísimo la boca mientras toda su piel se enrojecía por la presión, estaba gritando por dentro. Sintió el impulso de embolar el periódico y aventarlo al suelo pero necesitaba conservar las fotos. Se quedó así con la vista al cielo enfocando sus pensamientos a Dios y la sensación de ser acosado por la mirada apareció de nuevo bajo su nuca. Él estaba ahí, lo estaba viendo y lo estaba cazando. No tenía más tiempo, necesitaba un milagro de Dios hoy mismo.

Si es así este es el primer ataque explícito del creador de esos macabros maniquíes. Continuaba la nota. Nadie sabe quién es, si llega a tener alguna pista avise inmediatamente a los teléfonos de la policía. En la foto se le veía tirada en el piso en un enorme charco de sangre con el rostro pixeleado pero se notaba como faltaba una parte de su pierna.


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Él se asombró con su respuesta pero pensó que lo decía porque definitivamente no había entendido a lo que se refería pero así era mejor. Que durmiera bien y no tuviera idea del peligro que corrían. Después de todo a fuera tal vez sería peor. Ella no término su pan, lo metió de nuevo a la bolsa donde se lo habían entregado, él le preguntó si no lo quería y ella le dijo que lo guardaría para después, que fueran a dormir. El aceptó y tocando su delicada espalda caminaron juntos y la guio hacia la entrada invisible del refugio. Avergonzando y esperando que nadie los viera entró disimulando y tratando de mimetizarse en el ambiente, entonces ella gritó.

¿Wau aquí vives? ¿Y esta es tu tribu? ¿Por qué no me dijiste?

El sacó vapor de la vergüenza y los nervios, se derretía esperando que la niña no fuera a decir nada de lo que habían hablado. Le contestó de forma muy discreta tratando de hacerla bajar la vos. Pero ella no le dio importancia y se puso a corretear por el lugar.

Wau este lugar es genial, está lleno de cobijas y plantas, te podrías dormir donde tu quisieras. ¿Y qué es eso, están cocinando?

Un olor muy penetrante de humo y carne comenzaba a invadir todo el lugar, los mendigos habían hecho lumbre en el tambo abierto y estaban cocinando algo en el.

¡Ow es perro, no me gusta!

Pronto ese olor se mezclo con olor de jugo de limón y el volteo a ver como ponían limón a una enorme cacerola dentro del fuego. Pero… ¿Cómo la niña podía saber lo que estaban comiendo? El olor comenzó a revolverle el estómago pero no quería expulsar lo único que había comido. Trato de distraer su mente de eso y se enfocó en la niña, esta corría entre todos los vagabundos y hablaba con ellos. Unos le contestaban otros estaban imposibilitados de hacerlo, otros le hablaban de sus locuras y al no entenderlos se iba. Una mujer le dio un tallo de una planta silvestre diciendo que le obsequiaba esa flor. Y ella la aceptó emocionada para después enseñársela a él. Cuando terminó de hablar con todos asegurándose de conmoverlos y haberles caído bien sin que faltara ninguno regreso con él y le dijo:

Ya tengo sueño, vamos a dormirnos. ¿Sí?

Le responde que sí y caminaron hacia el lugar alto donde había intentado dormir la noche anterior mientras ella lo seguía. En vos baja procurando que nadie lo oyera le dijo que no se fuera a mover y se quedara junto a él toda la noche. Ella no responde y se acurruca con las cobijas sucias en un lado del hueco tamaño humano donde iban a dormir. Él piensa que si vuelve a pasar algo como lo de ayer pero ella se queda dormida, no habrá problema y el solo lo ignoraría pero si los molestan tendrá que llevarla a dormir fuera del refugio como lo hizo la noche anterior pero esta vez llevará algunas cobijas. Se queda erguido un buen rato mirando como todos poco a poco ceden al sueño en cualquier lugar en el que estuvieran, sobre la tierra, recargados en la pared o en el lugar donde estaban fuera cual fuera. Y ve como el que está tras la barra se queda de pie recargado en la pared observándolos a todos sin pegar el ojo. Cuando ya todos están dormidos o lo fingen el sigue vigilante tratando de no faltar a su promesa de cuidarla toda la noche y ve como el de la barra sigue ahí con los ojos abiertos. Este nota su mirada y lo enfoca fijamente. Parece que se empieza a poner furioso, no le gusta que nadie más que él vigile a los otros. Trata de disimular pero se ha vuelto el punto de atención del loco que ya no ve hacia ningún lado más que a él. Teme poner su mirada de nuevo en él y trata de mirarlo de reojo para comprobar cada vez que este sigue viéndolo. Se le ve furioso y muy molesto por ser observado. Él piensa en quedarse viendo para otros lados como despistado, como si no supiera lo que estaba viendo y así lo hace pero horribles sensaciones y pensamientos empiezan a pasar por su mente, sufre dolores psicosomáticos e imagina horribles formas de ser acecinado. Como un mecanismo de defensa su mente se distrae de todo y se queda dormido.

Un estruendo rompe la noche, nadie sabe bien lo que es pero más de uno se despierta, un costal de laso aparece frente a la colina de tierra donde ellos dormían, la niña se acerca rápido a ver de qué se trata antes de que él pueda tomar su mano. Se levanta tras de ella para sujetarla antes de que pueda correr peligro y cuando al fin llega a su lado ella ya había hurgado en el costal y sacado algo.

¡Deja ahí, no toques nada!

Oye mira. La oscuridad disimulaba el objeto que estaba tocando pero aun así la forma era inconfundible y con solo una media vista entendió lo que era, la piel curtida de una cabeza humana. La niña la levanta con su manita y la muestra sin ninguna vacilación, la aprieta, y por los orificios sale un líquido semi espeso, verdoso y con olor a excremento. Este se escurre por su bracito y al notarlo dice en vos muy alta sin ningún tapujo.

¡Hiu! Pero que asqueroso.

¿Pero qué haces? ¡Te dije que no tocaras nada! Le grita enfurecido y le sostiene el brazo con una mano y con la otra le arrebata el rostro curtido para aventarlo al piso.

Al momento de hacer esto salta en su mente lo que no pudo concebir antes de hacerlo, y siente a un costado tras de él, junto a un gran arrepentimiento, una presencia oscura que lo somete y atemoriza en espíritu. Se da cuenta de que si no hubiera hecho nada, eso se habría tomado como un jueguito de niños pero ahora volvió a la niña vulnerable frente a esos locos.

La niña llora tras el arrebato y se aleja corriendo de él. Se recarga en una pared al otro lado de la entrada y llora inconsolablemente con gritos que despiertan a todos y son extremadamente bochornosos para él. Voltea para todos lados y los ve a todos despiertos, no puede ver bien si lo están viendo a él pero sabe que nadie está dormido ya. Se queda pasmado, su subconsciente implora a Dios con todas sus fuerzas para que el asesino no se moleste y no los maten. La niña no para de llorar y gritar y él no sabe qué hacer, desearía escapar de ahí pero no puede irse y dejar a la niña ahí sola.

Las horas pasan y el frio penetrante previo al amanecer los aturde, no sabe cuántas horas pasó hincado frente a la niña tratando de calmarla sin que esta cediera. Pero al notar que pronto amanecerá encuentra consuelo y una esperanza. La niña lo nota y se relaja su respiración. Poco a poco se acerca a la normalidad hasta parar de llorar y comenzar a sollozar. Él nota que tiene frio, toma cobijas y la abriga hace lo mismo con él y su espalda. Al voltear por las cobijas nota que el costal ya no está, nadie los mira ya y parece haber menos gente o que se han cambiado de lugar. Se percata de que pasó todo ese tiempo viendo a la niña, dando la espalda a todo lo demás y que gracias a Dios no les habían hecho nada.

La niña que ha parado de llorar y que también ha notado que pronto amanecerá se relaja y sus ojos se cierran involuntariamente por el sueño. Él también se relaja pues se siente fuera de peligro y piensa que ahora solo tienen que esperar a que abran el pasaje para salir y estar a salvo. Se recarga en la pared junto a la niña y sierra sus ojos para intentar dormir un poco, su estrés no ha desaparecido y al serrar sus ojos recuerda que todo, absolutamente todo pasa como Dios quiere que pase. ¿Por qué? Es lo que tenemos que entender. Y se pregunta si acaso la niña dijo eso sobre la máscara solo por decirlo o lo dijo por alguna razón. Pero él lo había arruinado al reprenderla y destruir la imagen que se había creado. ¿Ahora qué pasaría por haber hecho eso? Sea como sea esto ya había pasado y aunque se sentía culpable por haberla maltratado si lo veía de otra forma su llanto había hecho que nadie pudiera acercárseles durante toda la noche. Después de su reflexión sus pensamientos se difuminaron y se quedó dormido. Miró el cielo y calculó que eran más o menos las nueve. Miró hacia la barra donde esas personas ponían sus ollas y no había nadie ahí. Sintió su estómago pedir comida pero al ver que nadie fue a llevarles un poco no le quedo esperanza de caridad. Le dijo a la niña que comiera el pedazo de pan que le quedó y salieron.

¿Oye porque hiciste eso?

¿Hacer qué?

¿Por qué tomaste esa cosa y dijiste que era asqueroso? ¿Acaso sabes lo que era?

No, pero olía muy mal y lo dije para que quien lo hizo supiera que eso era asqueroso.

¿Pero si se molestaba por lo que dijiste?

No hubiera podido hacerme nada porque desperté a todos. Voltea y lo mira sonriente.

Salen del pasaje y el sol les deslumbra los ojos. Recuerda su promesa de buscar a los padres de la niña y se preocupa por qué ahora tiene dos misiones pero si por lo menos logra ayudar a esta niña que ha tomado su corazón se sentirá satisfecho, piensa para sí, sintiéndose al borde de la muerte. No tiene idea de por dónde empezar, ve hacia ambos lados de la calle y no sabe qué hacer. Sin pensar le pregunta a la niña.

¿Y dónde crees que estén tus padres? ¿Sabes llegar al lugar en dónde vives?

No estoy muy segura, mamá siempre me lleva de la mano, y no siempre vamos por la calle.

El piensa si se refiere a que hay más callejones y lugares secretos en las colonias.

Pero tal vez si veo algún lugar conocido...

¿Buena idea y por donde empezamos entonces? Ella se queda pensando y él le dice:

¿Qué tal si vamos a donde te perdiste? Seguramente tus papás también estarán buscándote. Y toma rumbo hacia el lugar.

Al empezar a caminar vuelve a sentirse el foco de atención y supone que a la niña también la están viendo. No contaba con eso y no sabe qué hacer ahora, espera encontrar ahí a los padres de la niña y que se la lleven pronto antes de que algo más pase. Comienza a voltear a todos lados como antes pero no ve a nadie cerca de ellos ni a nadie observándolos. Pronto llegan al lugar donde todo ocurrió la noche anterior. Ante la luz del sol logra ver las manchas de la sangre por la pelea y se acerca al lugar donde está el callejón con la entrada a esas ruinas secretas pero esta es casi imperceptible solo consigue verla enfocando bien la vista entre los relieves de esas paredes.

¿Coco donde habías estado? Tus padres te buscan como locos, han puesto a toda la comunidad en alerta por ti.

¡Amanda!

La niña corre y abrasa a la persona que ha dicho esas palabras con mucha fuerza y total confianza. El la ve hacer esto y se acerca, no entiende bien lo que está pasando ni si esa persona será de fiar. Pero ve que la niña no la suelta. Es una persona que no ha visto nunca, está vestida con zapatos de piso un pantalón acampanado color capuchino y una blusa con lentejuelas negras y rojas en el pecho, hombreras y encajes negros muy anchos en las mangas, lleva una dona de tela en su pelo mal peinado y tiene la cara sudorosa y brillosa. Al ver que se acerca, ella voltea y lo mira alerta, mostrando su espíritu de combate lista para tomar acción si el resultaba peligroso.

Amanda él es mi amigo, me rescato ayer cuando me perdí.

O coco cómo pudiste hacer eso, tus papás se asustaron mucho y están temiendo que los otros te hayan llevado.

No, no me llevaron, todos desaparecieron cuando se acercó la luz y como yo me escondí entre las sombras no me vieron…

¿Qué? Estuviste en la pelea, pero como es eso posible, ningún grupo llevaría a sus niños a un encuentro.

Ella baja la cabeza y mira el piso al tiempo que raspa la punta de su suela contra el piso.

No me llevaron. Yo los seguí.

¿Oh mi niña cómo pudiste?

Ella se queda inmóvil, con la cabeza agachada y sin decir nada.

Bueno vamos, no podemos saber dónde están tus padres pero pondremos las señales y ellos vendrán a buscarte. –Voltea a verlo y ve en su mirada melancólica que no se despega de la niña que está pasando por un momento de gran dolor pero aun así está tratando de protegerla.

¿Y él, dices que es tu amigo?

Sí, él me cuido ayer y tiene que cuidarse mucho porque vive con personas muy peligrosas.

¿Quién eres? ¿Porque has cuidado de nuestra niña?

Él mira en su interior recordando los sucesos de la noche anterior y el por qué hizo eso aun sabiendo que tal vez la pondría en más peligro.

Bueno… ella estaba llorando mucho y…


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Quien es Hector Daniel Sanchez Castellanos Altamirano

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