¿Aun es necesario el uso del cubrebocas?
Quiero hablar de algo y espero que se tome como un tema serio. Como siempre en mis escritos, para evolucionar y no quedarnos solo en esta manipulación que, desde algunos puntos de vista, es indudable y desde otros parece muy probable.
No es solo mi coraje y mi disgusto el que hablan; es el de muchos que, como yo, preferimos quedarnos callados, esperando a que pase este caos y no discutir con gente pendeja que, a fin de cuentas, es pendeja, ¿y qué se le va a hacer? No se les va a quitar. Pero si nosotros no lo somos, hacemos lo más inteligente: no discutir con personas tercas y faltas de pensamiento propio; o sea, pendejas.
Pero a ver, aquí vamos a reflexionarlo y recaudar algunos datos para, por lo menos, algunos cuantos reconciliarnos con alguna verdad y tener una pequeñísima cosa frente a esas personas que no sea lo que ellos han tragado a platos grandes y festines de la televisión. Porque a las diez de la noche, cuando el reportero te dice que estás bien informado, te sientes relajado y tranquilo, hasta estudiado, pero dejaste que ni tú sabes quién te llene la mente de quién sabe qué y no tienes un minuto más para comprobar que eso sea verdad. Y si es verdad, ¿de qué te sirvió escucharlo? Mejor que te diga cómo reducir o sanar tu enfermedad.
Venga, pues vamos a hablar de las vacunas contra COVID y la irritante trompada. Ese trapito ocultante que absurdamente se llenó de estilo y moda, aunque nadie lo festejó, ¿cierto? Al menos no frente a mí. Pero estoy seguro de que internamente más de uno se sintió fashion y satisfecho por la buena pinta y el diseño de su cubrebocas.
We, te pongo mis dos pulgares arriba y te digo: ¡chido! Lindo diseño, más que tus barritos o tu chueca sonrisa. Estás cool.
Y aquí vamos al primer punto con el que quiero llegar a que no fastidies a ajenos por tus verdaderas motivaciones. Pero, para el tipo de personas que creo que son mis lectores, lleguemos al hack mental que nos dé el valor de dejar esa mierda, prejuicios y miedo atrás.
A ver, compadre, alcemos la cabeza y dime, reflexiona y dite: ¿por qué lo usas? ¿Quién te lo dijo? ¿A quién le crees?
Tú estás bien consciente de lo que estás haciendo; estás completamente seguro de que esto lo haces para protegerte del COVID. ¿Estás completamente seguro y bien entendido de que esta cosilla en la mitad de tu cara te protege de esta enfermedad? ¿Estás completamente bien informado sobre cómo esta enfermedad se transmite y tienes la certeza de que usar esta mascarilla te protegerá de ello?
A ver, vamos a las opiniones: díganme de alguien que no se enfermó ni una vez en estos largos años y siempre, siempre usó su cubrebocas, siendo esta la razón de que no se haya enfermado. O vamos, díganme lo contrario: quién lo usó y lo usó y lo usó y aun así se enfermó.
Venga, dejen que la luz fluya en nuestro mundo; seamos honestos. Si aun usando eso se enfermaron, ¿cuál es el sentido de usarlo? ¿Cuál es el verdadero sentido? ¿Que en la tele lo dijeron? ¿Y en la tele te lo dijo un experto en pandemias o un reportero de Televisa?
Bueno, yo no sé, mira, y no me quiero meter con la fe de cada quien ni con sus ideologías. Lo que quiero es ayudar a evolucionar colectivamente. Yo no veo la tele y no lo oí ahí, pero sí lo oí de la boca de expertos. Si han visto mis posts, saben de quiénes hablo. Y aunque el momento en que se dio la información quedó sepultado en la noche del pasado y oculto en modificaciones de noticieros y medios tradicionales, te puedo asegurar —y doy mi palabra— que se explicó cómo el cubrebocas no te protegía de esta enfermedad.
Si no me crees, usemos nuestro intelecto y raciocinio con simple lógica para analizarlo en un momento. Mientras tanto, te comunico lo que se dijo, y fue que: el cubrebocas es una medida de prevención para que tú, si tienes síntomas, no contagies a otros.
¡Esta venerada prenda estorbosa es para que la usen quienes tienen riesgo de contagiar a otros!
Y si yo tuve COVID y me vi obligado a salir siempre con la trompada puesta y lavarme las manos antes de salir, por más bochornoso que fuera, eso era lo correcto.
Fuera de eso, que arbitrariamente el chofer del camión te diga que no puedes subir porque no lo tienes puesto es, realmente, hasta un acto hostil, diría yo.
En el momento en que escribo, en el Metro de la Ciudad de México —uno de los transportes masivos más utilizados día a día a nivel mundial— no te lo piden. ¿Por qué un chofer te lo exige y otro en la misma ruta no?
Entonces yo pregunto: ¿ya te vacunaste? ¿No te has vacunado? ¿Si ya te vacunaste, por qué sigues con esto?
¿Para qué tres vacunas si no nos vamos a poder quitar esto? “Porque aun así te puede dar”, me contestan. Y si aun así te puede dar… ¿entonces para qué tres vacunas?
¿Solo yo lo pienso o hay algo raro en todo esto?
Y sí, ya sé que exagero. Nunca he dicho que tenga la verdad absoluta. Solo tengo un punto de vista distinto. Y claro que preferimos eso a contagiar a un ser querido o a los más vulnerables de la familia. Pero pienso que se podía y puede haber hecho algo distinto, como poner nuestra atención y cuidados extremos en estas personas.
Durante un año completo yo no visité a mi abuelita ni a mis tías mayores. Y recé por poder volverlas a visitar cuando esto se calmara, porque sabía que de poco serviría que ellas estuvieran en su casa protegiéndose si yo llegaba después de cruzar la ciudad. Y el usar el cubrebocas ni siquiera tenía relevancia en ese hecho, pues si tenía contacto con el virus, este iba a llegar a su casa pegado en mi ropa o en el exterior del cubrebocas.
En este punto pregunto: ¿te dejabas puesto el cubrebocas en casa? ¿Desinfectabas todo tu cuerpo al entrar? ¿Lavabas inmediatamente la ropa?
Bueno, para quienes no lo hicimos, supongo que por lo menos entendimos que, al tener síntomas, debíamos usarlo para no contagiar a nadie. Y, por supuesto, al estar enfermos tratábamos de no salir de casa.
Creo que hasta aquí acaban los argumentos razonables. Lo demás será puro sensacionalismo y noticias para tener a la audiencia hipnotizada, que a fin de cuentas cree en lo que la hace sentir, no en lo que puede conocer.
Entonces contesto a estos argumentos y finalizo mi post con dos puntos claros.
¿Y las vacunas? Yo vi publicidad casi intimidante para ponerte la vacuna y resulta que, según mi percepción, no cumplió lo que prometía. De todas formas quieren que sigamos con el trapito en la trompa.
No lo entiendo. Te vacunas y aun así te puede dar. Mejor espero a que mi cuerpo se haga más fuerte, porque como ya sabemos, lo que no te mata…
Y lo digo por la capacidad de nuestro sistema inmune de aprender de los virus que lo han atacado y combatirlos en el futuro.
Entiendo lo lamentable que es la muerte y lo doloroso que fue perder a nuestros abuelitos y familiares en esta pandemia. Pues a ellos hay que cuidarlos extremadamente. No los dejes salir, no los expongas innecesariamente. Sé consciente de que, si las vacunas no son 100 por ciento efectivas, hay que seguir cuidando a los más vulnerables todo lo que se pueda.
Y tras decir todo esto, solo me queda la duda: ¿quién dijo que el cubrebocas era para que a ti no te diera COVID y por qué lo dijo?
Creo son eso que están en contra de lo bueno y se regodean en la miseria y el miedo de los demás. Los que se hincharon y engrandecieron creando tendencias de comportamiento para los borregos, que pasaban siempre siempre indudablemente por su tienda. ¿Alguien conoce alguna empresa que fabrique cubrebocas para haberle comprado acciones?
No hay comentarios.:
Publicar un comentario