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miércoles, noviembre 13, 2019

Conciencia en la comida y ética de los restaurantes

Conciencia en la comida

Contraste entre comida escasa de restaurante y comida abundante de fonda tradicional simbolizando la conciencia en la alimentación.

La conciencia social detrás de lo que comemos

Dentro de nuestras reflexiones sobre la sociedad y el comportamiento humano, vale la pena preguntarnos cuál es la conciencia con la que se produce y se vende la comida.

Pensé en escribir algo acerca del platillo de las empresas de comida.

Del poco contenido servido y nutricional, que sin embargo es costoso.
Aquí el verdadero problema radica en la conciencia con que lo hacen.
¿Buscan alimentar o solo ganar dinero?

Pagas caro y realmente comes poco.
Es decir, ¿para qué venden comida si no van a alimentar a la gente? ¿Cuál es su conciencia al hacerlo?

¡En serio, amigos!
¿Acaso todo es por el dinero?
En serio, aquí lo que se hace y todo lo que se hace es solo por dinero.
¿Ni siquiera importa hacer un poco de bien? ¿Por qué cuando cocinamos no tenemos la idea de hacerlo con buena voluntad? Con el pensamiento de hacer un bien, de alimentar a las personas.

Esos son los lugares que amo.
Recuerdo mis tiempos de estudiante, después de comer un montón de porquerías iba a una fondita donde recuperaba todos mis nutrientes para sobrevivir bien alimentado toda la semana.

Era un adolescente que cedía a sus antojos y con poco tiempo para cocinar, así que usualmente comía cualquier cosa rápida que me encontraba,
pero siempre iba por lo menos una vez a la semana a una fondita atendida por dos amables hermanas que me alimentaban realmente bien y siempre he querido pensar que por eso lo hacían,
las adorables.

Porque lo hacían con conciencia de hacer el bien,
de alimentar
y alimentarme.
Por eso me alimentaban tan bien.

Yo les pagaba lo justo,
no más,
y ellas me daban lo mejor que podían.

Porque no lo hacían por el dinero.
Lo hacían por alimentarme
y en consecuencia
hacer el bien,
ayudar a las personas.

Por eso hacían de este un mundo mejor.

Hagámoslo todos
con conciencia.

Con valor por el ser humano y valor para nosotros.
Porque así
todo será mejor.

Veía en sus expresiones su preocupación porque me llenara y quedara satisfecho. Gracias a deliciosas comidas como esas yo me sentía fuerte y bien alimentado en esos tiempos de soledad en que me encontraba lejos de casa y de mis seres más amados.

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Por otro lado, en lugares que hay por ahí como al que fui recientemente y gracias al cual me inspiré a escribir esto que tenía planeado desde hace tiempo, no solo no te sacias, tampoco te alimentas.
Por casi el doble del precio que pagaba hace apenas un año allá.

Esta es mi gran crítica a esos negocios de comida egoístas.

¿Para qué venden comida si no te van a alimentar?

Díganme, ¿es por el dinero?
O ¿por qué venden comida si no van a satisfacer las necesidades del cliente?
Y hablamos de necesidades primordiales como lo es la alimentación.

Por eso cuando me preguntaron si me gustaría abrir un restaurante dije que no,
porque existe la idea de que el negocio de la comida es muy socorrido
o muy para llevar...

¡Para llevar dinero a casa!

Por eso yo quiero saber a quién socorren:
¿a ustedes o al hambriento?

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Conozco muy pocos negocios de comida interesados en alimentar y dejar satisfecho a su cliente.
Por lo tanto, no buscan socorrer al comensal; tampoco regalan comida para socorrer al necesitado.
Cuando dicen que es un negocio socorrido se refieren a que los socorre a ellos,
para que ganen y no pierdan, pero no socorrer con lo que ofrecen.

No se nota en sus platillos que su esfuerzo y su intención sea la de dar al ser humano, la de alimentarlo, la de socorrerlo,
sino la de ganar dinero, ser socorridos por los clientes para sacar a flote sus gastos.

¿Y de la alimentación del ser humano y de la salud del hombre cuándo hablamos?
Esto no les importa.

Tres tortillas bañadas en salsa con crema diluida, sin relleno y poca lechuga, no alimentan a nadie.

Mejor vendan papas fritas o chetos, pero no se llamen restaurante.
Espero que les haya servido mi dinero porque su comida no me sirvió.
Me quedé con hambre y terminé cocinando y comiendo en mi casa de nuevo después de haber ido a un supuesto “restaurante”.

Cuando comía carne e iba por una hamburguesa a estas cadenas de restaurantes que venden por todos lados, disfrutaba una comida deliciosa del costo de dos veces el salario mínimo, solo para descubrir que dos horas después tenía de nuevo hambre.

También recuerdo las deliciosas pizzas de tres veces el salario mínimo que se te bajaban en cuatro horas y hacían espacio para las rebanadas que te quedaban.

¿Qué carajo venden estos restaurantes?
Venden comida, pero no alimento.
Pollo sintético (así es, lo sé, KFC),
carne desarrollada,
jitomates tan perfectos que son antinaturales.
¿Acaso les importamos?
¿Les importamos un poquito?
¿Les importa lo que nos dan?
Jódanse si lo único que quieren es ganar dinero.

¿Socorridos?
Sin duda.
Con tres días de mi trabajo compraba una pizza que alcanzaba para pagar a tres de sus empleados.
Y me alimenté lo suficiente para sentirme bien cuatro horas.
¡Cuatro horas!
Eso nos venden: alimento de cuatro horas.
Qué bueno que pongan sus bonitos negocios para ser socorridos.
Ganen dinero, vuélvanse ricos si pueden, pero no cuenten conmigo.
Si no me alimentan, no vuelvo a ir.
No voy a socorrer negocios egoístas que pretenden ganar sin preocuparse por dar buena comida que sea nutritiva.
Y aquí es donde se me sale el chamuco, por eso mejor me callo.
¿Qué te digo de los tacos, de la carne, de las garnachas deliciosas que saben tan espectacular?
Delicioso, hasta te deja satisfecho.
Pero ¿y la conciencia?
¿Y la alimentación?
¿Realmente te nutre este platillo?
¿Para qué lo dan?
Para que sepa rico, claro.
¿Y que nutra a quien lo come, eso les importa?

No podemos dejar de cocinar ni de comprar.
No estoy diciendo que cerremos todos nuestros negocios y empecemos de nuevo una sociedad consciente.
Estoy diciendo que pongamos un poco de intención en nuestro quehacer y lo brindemos con la conciencia de hacer bien al ser humano, de ampararlo con lo que le estamos brindando y de fortalecerlo en cada bocado. No solo venderle para pagar nuestros lujos y gastos. Venderle para hacerle un bien.
Esta es la conciencia que le falta a esos lugares que, como he dicho, me chocan. Ya sabes, es la sensación de que has comido, has pagado y no estás satisfecho.

Necesitas más carbohidratos, pero tu bolsillo ahora está flaco.
¿Para qué venden comida si no van a alimentar?

Mi empresa de comida,
si bien ha tenido que empezar adaptándose a lo que puede vender, está creciendo motivada por la conciencia de dar un alimento nutritivo al ser humano,
que le favorezca al comerlo
y le aporte lo necesario por lo menos para este día.
¿Si no, por qué venderíamos comida?
No quiero un restaurante donde vender comida para que me socorran.
Quiero socorrer a las personas alimentándolas.
Ya hablaremos después de más de estas ideítas huecas que manejan el egoísmo en muchas empresas. Por ahora, de la comida se ha empezado a hablar.

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