Por qué hablar de rectitud | Conciencia y cambio social | El Blog de Ganimedes
Educación, conciencia y responsabilidad frente al crimen y la violencia
Por qué las leyes no funcionan
En este mundo tan sucio donde muchas personas actúan guiadas únicamente por impulsos, sin voluntad, sin conocimiento y sin un pensamiento trascendental, es urgente hablar de rectitud y promover un pensamiento de corrección personal de nuestros propios actos y de nuestra propia mentalidad. Si no, continuaremos creando un mundo lleno de caos, de violencia, de carencias y gobernado por el egoísmo. Es necesario desarrollar un pensamiento que nos lleve a un mejoramiento personal, pues solo así podremos crear un mundo mejor.
Es una tontería seguir ese camino de poner leyes y “normas” al ser humano para evitar que cometa crímenes si no se le ha educado para que no los cometa. Es la más absurda tontería y es una prueba del mediocre sistema social que nos inventamos. ¿En qué momento esos servidores prepotentes del pueblo que llamamos gobernantes pudieron pensar que lo mejor para la sociedad era hacer una ley para meter a más personas a las cárceles superpobladas? ¿Cómo se les ocurre hacer dictámenes para encerrar a más gente en cárceles que ya están infestadas de gente? ¿Y si ya vieron que eso no funciona porque los delitos no han sido erradicados de manera efectiva, por qué siguen intentándolo? ¿Cómo pueden pensar que al decirle a un cerdo que no coma va a dejar de comer y, peor aún, cómo pueden esperar que lo deje de hacer si ni se ha enterado de las condiciones en que ahora está prohibido? Pretender cambiar una conducta sin educar es tan inútil como intentar modificar un hábito sin comprensión previa.
Es obvio que las personas con la peor fortuna, sin educación, que tal vez no sepan leer, sin acceso a información ni medios de comunicación, que viven alejada de las urbes; o que simplemente no les importan los asuntos de la sociedad ni de la política, no se enterará de tanta nueva ridícula ley que se inventan.
Sobre todo por los raquíticos esfuerzos que hace el senado y los difusores mediáticos (que actualmente todo empañan con su opinión) para que todos nos enteremos claramente de las nuevas leyes. ¿Cómo sabrá el ignorante o el criminal que le han puesto una nueva amenaza de prisión? Porque eso son las leyes con pena: una amenaza.
¿De cuántas leyes y reformas que se hacen en el Senado se entera el ciudadano promedio? ¿Díganme, quien que se gana la vida día a día: sabe dónde se divulgan las leyes nuevas (aparte de un comercial de televisión de 15 segundos)? ¿Alguna vez ha examinado por completo una ley nueva cuando es divulgada?
A alguien que está preocupado por conseguir el dinero necesario para hoy, que está preocupado por su negocio, su trabajo y su familia, que apenas tiene tiempo para descansar. ¿Cuánto tiempo le queda para supervisar el trabajo de estos prepotentes ridículos inventa leyes? Es lógico que no mucho. Y ellos se aprovechan de su falta de tiempo para hacer y deshacer como se les antoja con nuestra sociedad, y de una manera retrógrada, casi bárbara, y si no es así, por lo menos sí ineficiente, pues ya se vio por muchos años que no ha funcionado esto de imponer leyes, pero se sigue intentando de la misma manera.
Por eso, y tantas cosas más de las que hablaremos poco a poco, no creemos en el gobierno, y no es que no creamos en él en el sentido de que no existe; es que no creemos en el sentido de que no creemos que funcione ni que pueda hacer un verdadero cambio positivo en la sociedad con su actual estado de conciencia y con su maraña de burocracia y corrupción. Y mejor que ni se den por aludidos y vengan contra uno, porque estamos hablando de su propia corrección y evolución. Si no están dispuestos a corregir y tomar cartas ya en el asunto, dense por ofendidos y empiecen la cacería de brujas contra otro. Si de verdad quieren un bien común, empiecen a fomentar un antídoto a los crímenes y a buscar elevar el nivel de conciencia de las personas.
A un ciego no se le puede hacer entender amenazándolo, es decir, no se entera de que se le amenaza. ¿Cómo a un humano se le va a cambiar su naturaleza reprimiéndolo por la fuerza? ¿Cómo le puedes evitar que tome unos pesos si tiene hambre y no sabe cómo conseguir lo que necesita? ¿Se dan cuenta de la ridiculez del asunto? Hay que enseñarle a conseguir lo que necesita para que no tenga que robarlo. ¿Cómo se le puede decir que no haga tal o tal cosa si su mundo y su mentalidad le orillan a hacerlo? Toda la mentalidad de un criminal lo dirige a cometer un crimen y ustedes esperan que no lo haga solo porque se ha dicho que no lo puede hacer, solo porque pusieron una ley. Pero como en su mentalidad no sabe hacer otra cosa, termina haciéndolo y es mandado a prisión.
Démosle otra cosa para hacer, ya que se le ha prohibido robar. Si está prohibido el robo armado, ¿qué le estamos ofreciendo para que no lo haga? Claro que a todos nos enferma que nos roben y desearemos venganza, pero en vez de condenar al pobre infeliz, prevengámonos y démosle otra cosa por hacer para que no tenga que robar, evitemos desde antes el altercado. ¡Evitemos los delitos! No los condenemos.
¿Ahora bien, por qué una persona roba? ¿Por qué una persona es violenta? ¿Por qué hace daño? ¿Por qué se comporta como lo hace? ¿Por qué seguimos castigando conductas sin atender sus causas profundas? Son las preguntas esenciales que nos debemos hacer para hacer que deje de ocurrir. Si no hacemos que deje de ocurrir cambiando lo que lo provoca, no estamos haciendo verdaderamente nada, perdemos el tiempo.
En mi libro Mente sobre acción expongo que lo que causa el comportamiento de una persona es la información que hay en su mente, pues esta le da el entendimiento para comprender la vida y actúa de acuerdo con ella. Otros tendrán su propia propuesta del porqué el individuo actúa como lo hace y es orillado al robo. Sea cual sea la razón, tenemos que investigarla y atacar esa razón: si tuvo una infancia perturbadora, si tiene malas influencias y malas amistades, si vive en pobreza extrema, si no aprendió un oficio, tenemos que entenderlo y hacer propuestas desde ahí, no poner solo amenazas de prisión cuando por algo el individuo está cometiendo crímenes, por algo en lo que el sistema le está fallando, por algo que no hemos resuelto ni nos está interesando resolver. ¿Cómo es posible que después de orillarlo a eso, encima lo encarcelemos? ¡¿Somos sádicos o qué?! Dejemos de orillarlo, comprendamos por qué el crimen, qué los impulsa al crimen y ataquemos eso que los impulsa; resolvamos desde ahí, desde la raíz.
Como lo escribo en mi libro y como lo repetiremos en este blog, nuestra propuesta para solucionar los problemas desde la raíz es cambiar la mentalidad del individuo para que él sepa comportarse diferente. Y es esto por lo que hablaremos de rectitud. Queremos cambiarle su mentalidad para que no cometa los delitos que afectan a otros y nos entorpecen como sociedad, y hablamos de todo el que tenga una mentalidad corrompida, desde el alto político hasta el más pobre trabajador. Necesitamos limpiar por completo la mentalidad de nuestra sociedad para que cada uno seamos personas capaces de sacar nuestro país adelante, de conseguir abundancia en nuestras vidas y conseguirla para los demás miembros de nuestra sociedad.
Por eso hablaremos de rectitud, para empezar a no jodernos unos a otros, para dejar de perjudicarnos unos a otros como sociedad y empezar a apoyarnos todos a todos con inteligencia para mejorar nuestras condiciones de vida, para vivir mejor y para producir más. Para ser mejores personas que compongan una mejor sociedad.
Si decimos pestes del vecino, si no nos importa mentir y traicionar, si encontramos la forma de robar unos pesos al cliente o al jefe, si nos embriagamos y perdemos el sentido del bien, si zaherimos al que es diferente, nos aprovechamos, nos envidiamos o nos corrompemos, no estamos creando una mejor sociedad: nos estamos perjudicando unos a otros. Si pensamos en cobrarle de más a alguien o en quedarnos con algo que no nos pertenece, estamos creando un círculo vicioso del robo que se extenderá muy fuera de nuestras manos.
Tal vez la persona afectada no sea la misma que regresará el robo, pero habrá otra que lo haga, luego otra y luego otra, hasta que alguien termine por robarnos. Y alguien muy inteligente robará mucho a muchas personas a la vez sin que nos demos cuenta siquiera. ¿Entienden? Es una cadena, nuestros actos tienen consecuencias.
Y si bien la persona que es robada no es personalmente la que regresa y reclama lo que es suyo, el ejemplo que has dado y la acción que se ha puesto en la espiral de causa y efecto harán que el robo afecte y afecte y afecte más hasta terminar por afectar al primero de la brillante y vulgar idea de robar.
Si todo el pueblo busca cómo aprovecharse de otros. ¿Cómo un gobernante desde su alto puesto de diligencia no se va a aprovechar también? Si robas, si cometes un crimen, ni te quejes de no estar contento con un gobierno ladrón, porque tú en ningún caso lo harías mejor. Quien comete actos deshonestos difícilmente puede exigir honestidad a sus gobernantes. ¿Y cuántos serían capaces de hacerlo mejor si no implantamos la rectitud en nuestra mente?
La propuesta es fomentar la rectitud y la mentalidad de ser mejores cada día para sacar a nuestra nación adelante, y a nosotros mismos, en vez de leyes coercitivas que no han erradicado los males sociales en toda la historia de nuestro país. Porque el mejoramiento de nuestras condiciones depende solo de la elevación de nuestras conciencias, no de nuestros gobiernos.
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